Han pasado 14 años de la partida deL POETA Heriberto HERNàNDEZ mEDINA
Profunda paz a ti Heriberto, profunda paz desde el centro de la paz
LAS SUCESIVAS PUERTAS,
EL FRÁGIL AIRE ETERNO
Solutio
Es pues, evidente, que el alma humana es de tal
modo que, si sirve a aquello para lo que existe, viva
alguna vez dichosa, libre en verdad de la misma
muerte y de toda otra molestia.
ANSELMO DA AOSTA.
De ambos caminos el polvo en el costado,
el latido en la sien; de uno y de otro
deudor y de ambos muerto o bendecido;
en el reencuentro yace sosegada
el alma, el trascendido cuerpo que nada teme,
que nada debe,
para el abrazo apresta
la sustancia que en cierto modo fue.
Nada comienza, no es este el día soñado de los hombres,
el día o la hora en que desamparadas criaturas
volverán a los libros,
a la palabra escrita.
En tanto habrá servido
parte de vos a vuestro humilde anhelo,
y algo que no recuerdas
a ejercicios diversos que es mejor olvidar;
así habrá sido la existencia que negaras
y la existencia toda que presientes.
No es este el día, la hora común,
que no hay lugar al desagravio; equívoco o duda
no has de ver, que nada apreciaría
uno u otra, si allí os reconocieran,
y vos tan sólo existes
en la verdad en la que nunca has muerto.
Que si del alimento liberado, de la sed que le abrasa,
de todo esfuerzo o vana idolatría,
y el pez ya no le elude, y el árbol no le ofrece
su inútil sombra acá y en nada siente
el miedo de la ausencia, el vacío mortal de la renuncia;
es pues razón de dicha tal estado
y de este abrazo eterno
un puente, de su paso segregado, reunido en sí y eterno
recorriera.
Heriberto Hernàndez
Javier Iglesias
Esta foto fue en casa de Heriberto, el día antes de suicidarse. Allí estuvimos hasta más o menos las 3 de la mañana. Eso fue un sábado y el lunes lo encontraron muerto dentro del carro en un parqueo público.
EL POLISÓN de Heriberto Hernandez, escrito el 13 de Febrero de 2011.
El barco, en las aguas detenido
y en la memoria,
es un enorme huevo flotante,
una oscura casa sin puertas.
Puedes salir de tu escondrijo,
polisón del viaje equivocado.
Todos morirán a bordo, no es preciso ocultarse,
no llegará a sitio alguno este ataúd flotante,
no atracará en el puerto de tus sueños.
Las ratas pasean ya por cubierta,
nadie se ocupa de ellas,
no las persiguen los muchachos con garrotes o escobas
para luego exhibirlas como trofeos
antes de echarlas al mar.
Estás solo, como yo, en ese sitio
en el que nadie buscará,
ahora con certeza.
Puedes subir a la cocina sin sobresaltos,
mirar por las escotillas
la realidad circular del mundo en que no existes
hace más de ocho meses.
Puedes subir al puente,
respirar el aire inmenso,
encerrar todo el que puedas
en tus pulmones estrujados de miedo.
Nadie te impedirá tomar cualquier cosa, comer
y beber cuanto quieras.
Los que van a morir
no se disputan más que el tiempo,
las horas,
los minutos,
los segundos que restan para que todo termine.
Están paralizados por el temor,
pronto empezaran a preguntarse
quien les trajo hasta aquí,
qué puso en las aguas esta certeza
de la que apenas se puede ya dudar.
El capitán mira el horizonte,
sabe que pronto vendrán por él.
Quién puede comandar un barco
que no recuerda el día
en que fue echado al agua, el astillero
en que juntaron madera para sus cuadernas,
cuerdas para izar su velamen.
Quién puede ordenar a estos hombres
levar el ancla, deshacerse de todo lastre
si no saben si parten o regresan.
Cada estrella miente,
los mapas mienten.
El horizonte es otra escotilla,
otro ciclo, otro círculo
en que la muerte encierra
nuestra estúpida costumbre de viajar,
de no aceptar que somos algo menos que piedras.
Sabe que pronto vendrán por él;
las velas cuelgan de los mástiles
inmóviles como el sudario de su padre.
No escribirá nada en el cuaderno de bitácora,
no extenderá otro mapa de tierras que no existen.
Mira al cielo, saber que vendrán, siente
la saliva espesa en su boca de pez.
Vienen por él, lo sabe,
y mastica ese tabaco
amargo como la vejez o la ignorancia.
“Mueve este barco,
haz que algo este hoy más cerca,
que nos hallamos alejado de algo cuando la noche
sea la menos turbia
de estas oscuridades”
“Haz que se mueva”,
le exigirán al tiempo que buscan una cuerda.
Pero tú puedes ya salir de ese nido de ratas,
hace varias noches que duermes
sin sentir su presencia.
Estas solo del modo menos deseable.
¿Por qué este barco?,
te preguntaras también en algún momento.
Hay otros, innumerables,
anclados en tu memoria, o
sólo este.
Han colgado al capitán,
se balancea plácidamente, perpetuum mobile,
péndulo,
en el mástil.
Mientras era izado
recordó sus tiempos de ballenero:
un cetáceo hinchado flotando a la deriva
con un arpón infame en el costado.
Eso es su barco, el poeta cree que nadie
sabe de su existencia,
Jonás de esta ballena putrefacta
aún se oculta inútilmente.
Se balancea sosegado, movido por el viento
que ha empujado los incontables barcos de su vida,
movido por el recuerdo
de vientos que aún quiebran los vidrios de su alma
sonríe.
Sabe que morirá suspendido sobre el miedo de otros.
Rememora canciones de marineros,
en Irlanda, o en las noches de Marsella o Trípoli
cantaban en las tabernas
letanías anegadas de alcohol
en las que florecía la rosa de los vientos.
En América, la ebriedad escoge otras palabras
y los poetas se embarcan de polisones
en barcos sin bandera.
Viven entre las ratas, roban pan en la noche,
y cuando todos duermen,
salvo yo que he dormido todo lo necesario,
suben a cubierta a maldecir el cielo
en versos perfectos que nunca escribirán.
Heriberto Hernández
Miami, 02/13/2011













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