jeudi 25 mai 2017

Testigo de otro reino, de Juan Calero Rodríguez

TESTIGO DE OTRO REINO, 2017, el octavo libro, un poemario siguiendo mi línea de índole social, es un paseo por vivencias en aquel "otro reino" sin abordar temas políticos. JCR

PRÓLOGO
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El problema con la poesía es que su intención es la de no ser clara, el poema usa un orden en las palabras distinto al de la vida cotidiana, pues intenta describir imágenes que no existen pero que despierten en el lector reacciones muy reales, o puede incluso en ocasiones no tener otro objetivo que el de experimentar con sus propios sonidos, sin que sus palabras tengan un sentido lógico. Los mensajes en poesía, sobre todo cuando se escribe en Verso Libre, efectivamente resultan a veces indescifrables. ¿Queréis saber por qué? Es muy fácil: porque están “escondidos” en las Metáforas, una de las más bellas Figuras Literarias en lengua española. ¿Y qué es una Metáfora? Bien, la Metáfora es una Figura de Significado, una especie de comparación que puede ser de dos clases: pura e Impura. La Metáfora Pura resulta del empleo de una palabra o frase con significado ajeno al suyo propio en base a una relación de semejanza. En cuanto a la Metáfora Impura, ésta se produce cuando la comparación aparece con elementos gramaticales ausentes.
No obstante, la poesía pretende contar una historia, limpiar los caminos, encaminar con verosimilitud los sentimientos,  aligerar la pesadumbre del ser humano, el peso de su  alma, airear los silencios, dar salida al desconcierto de los amores o desamores, frenar la tristeza tremenda de una ausencia o del olvido renuente e incontenible, hacer retratos con palabras del paisaje, describir una caricia, poner en verso un beso o las inclemencias del tiempo, en definitiva un sinfín de sensaciones.
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Juan Calero Rodríguez nos presenta su poemario en Verso libre que se caracteriza básicamente por el ritmo. Éste puede ser de diversas formas. En la teoría del verso libre se subrayan cuatro formas rítmicas predominantes: el ritmo sintáctico, el ritmo de pensamiento, el ritmo interior y el ritmo de imágenes acumuladas. Por lo general, se apoyan en las figuras retóricas, en la repetición de elementos sintácticos y en la metáfora. También sobresalen, en función del ritmo, el lenguaje narrativo y la organización tipográfica al gusto del poeta, aunque el caligrama no figura como estructura versal, sin embargo, se observa a menudo la destrucción del verso y la descomposición de la palabra, causando un efecto arrítmico que hace imposible, en ocasiones, su pronunciación, funcionan por ello como imagen visual, sin negar las posibles significaciones. Dicha libertad creativa, quizá excesiva en algunos casos, provoca reacciones de la crítica fundada en conceptos tradicionales, pero, por otra parte, no es posible detener el impulso creativo de la vanguardia, como en el caso presente de este poemario.
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Whitman fue el primer poeta que experimentó las posibilidades del verso libre, del cual es un gran admirador Juan Calero Rodríguez, sirviéndose para ello de un lenguaje sencillo y cercano a la prosa, a la vez que creaba una nueva mitología basada en el individualismo, en los relatos de sus propias experiencias, en un tratamiento revolucionario del impulso erótico y en la creencia en los valores universales de la democracia, rasgos novedosos de toda su poética, en línea con el romanticismo del momento y con la comunión entre los hombres y la naturaleza de signo cercano al panteísmo. Esta es la línea que sigue el Autor, Juan Calero Rodríguez, en el presente poemario.
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En esta obra, se vislumbran varias cuestiones que se plantea el Autor, profundizando de alguna manera en la dinámica de la evolución personal, social y familiar, con carácter general, así como en el mundo de los hijos, de los niños y de la familia nuclear. Pero primordialmente el tema central de su poemario viene referido a la Emigración y el exilio y a las constantes luchas en pro de la libertad, con otros subtemas . Para ello se vale del Poema en Verso Libre que propugnaron los anarquistas revolucionarios que odiaban visceralmente la RIMA, representada primordialmente por el Soneto y por la Décima o Espinela. Para ello es menester que el Verso Libre tenga RITMO o musicalidad, no tenga MÉTRICA, es decir versos de dispar medida, ni RIMAS CONSONANTES (Tres o más de las últimas letras de un verso iguales), y debe llevar METÁFORAS, siendo las REPETICIONES SINTÁCTICAS bien admitidas consuetudinariamente, y teniendo valor añadido el uso frecuente de diversas Figuras Literarias o Recursos Lingüísticos. Con estas características nos presenta el autor su Poemario, a imagen de sus iniciadores, allá por 1869, como fueron Walt Whitman, Jules Laforgué, Charles Baudelaire, Rubén Darío, y los mismísimos Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado, que experimentaron con este nuevo movimiento literario.
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Como ya he dicho, este poemario de Juan Calero Rodríguez contempla también diversos subtemas, como son: la niñez, la adolescencia, la juventud y la senectud, el transcurso inexorable del tiempo, los amigos, la vida y la muerte, los problemas de ultratumba, la soledad, los sueños, la naturaleza, la paz y la violencia, las violaciones y el maltrato de género, la justicia injusta, los fusilamientos, los infanticidios, los poderes corruptos, la inmigración y el exilio,  Dios y la bonomía del ser humano, la expresión poética y su amada Cuba, el miedo y la desesperación humana, las luchas fratricidas, la rapiña de las Multinacionales, la pobreza, el hambre y la soledad, los recuerdos de personajes legendarios, sus amigos, los poetas, el amor, los héroes y los villanos, la libertad y el silencio, la inmigración desprotegida, el trabajo esclavizado, el mundo de los sueños y las pesadillas… y ¡la voz y la palabra en libertad!
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Antonio Rivas Carreño

Febrero de 2017





CON EL PERDÓN DE LOS CERDOS

A José A. Lago, poeta

A esa hora en que mi madre se partía de dolor
rodearon la casa y el barrio, todo el País
fue incendiado como se incendia la fiebre.
Me subieron a un camión como a tantos otros
desnudos de futuro. Ya no me llamé nunca más
por mi nombre ni nadie me llamó
sólo tenía un número largo como la carretera
donde íbamos, mejor dicho,
por donde nos llevaban: éramos cerdos
con un número por tatuaje

y una carretera oscura en plena noche.



TESTIMONIO DEL SOLDADO DESERTOR

A los estigmatizados y humillados de por vida

Un día me negué a que el fuego ardiera por el resto de mi vida,
y fui olvidado, como se olvida tarde o temprano a los héroes.
No es posible latir, como otro madero cualquiera, sin ritmo
o mejor digo, con el mismo ritmo de otro madero cualquiera.
Primero amanecemos en el brocal para luego tallar los tuétanos
donde los pinos inventan su mito entre tanto ruido.
Una razón se sienta tras el eterno cadalso
donde nadie pregunta, ni se explica.
Las razones no mueren en los cementerios,
reclaman
la techumbre por donde escapar del silencio.
He dormido en barracones, en el suelo,
entre tantos otros apilados en hogueras,
cuerpo con cuerpo, por frío,
y nos saltamos la penitencia
en aquellos campos olvidados por los sueños.
No por ello fuimos héroes, ni mártires,
cada adversidad reta un nuevo milagro,
sólo inocentes,
y ofrendamos nombres a náufragos cotidianos
y aceptamos como fósiles las derrotas
entre amigos que se ocultan y se privan
y alguna vez recuerdan
el regreso a donde nada queda por hacer.



LA RABIA NO ES SOLO DE DIOS


Cada día muere la rabia de Dios sobre la peña de mi mano.
Encontrar el reino de los pájaros puede ser un salmo maldito
en el cardumen del beso al alba.
No es una liturgia más
tras la bofetada que engañe nuestra humilde indignación
o el escondrijo de la sílaba doliente.
John Wayne Gacy violó y asesinó a treinta y tres niños en la década del setenta.
Fue ejecutado a la edad de cincuenta y dos años mediante inyección letal
en el Centro Correccional Stateville de Illinois
en mil novecientos noventa y cuatro.
Su última cena consistió en pollo frito Kentucky
judías cocinadas en salsa de tomate picante, patatas fritas.
Y un batido de chocolate con fresas, que no le sirvieron.
Era demasiado, después de tan suculenta digestión.
Treinta y tres niños.
Sin embargo,
los condenados a muerte tienen derecho a pedir su última cena
donde tan solo caben interrogantes
cada día que muere la rabia de Dios.

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