𝗛𝗮𝘆 𝗱𝗼𝗹𝗼𝗿𝗲𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗶𝗻𝗴ú𝗻 𝗺é𝗱𝗶𝗰𝗼 𝗲𝗻𝗰𝘂𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮.
Tensiones que vuelven una y otra vez.
Emociones que se esconden en el cuerpo durante años, esperando ser escuchadas.
Tu cuerpo recuerda todo lo que tu mente intentó olvidar.
Cada zona guarda una historia.
Y muchas de esas historias ni siquiera son tuyas: vienen de tu madre, de tu padre, de tus abuelos. Son emociones heredadas que viajan a través de generaciones hasta encontrar un cuerpo que las exprese.
El tuyo.
Por eso a veces lloras sin saber por qué.
Por eso cargas un peso que no entiendes.
Por eso hay miedos que parecen mayores que tu propia vida.
Cuando aprendes a escuchar ese lenguaje, todo cambia.
El dolor se transforma en información.
La tensión, en una puerta.
Y tu historia familiar deja de repetirse a través de ti.



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