el mejicano 100 por ciento bretero y peligroso para la sociedad mexicana.


 Defender a una perrita callejera es un acto de humanismo, ir a la casa de una persona que hasta se metiô en el interior para no seguir en el problema, ofender a su mujer embarazada en la puerta, decir 'que si se esconde, que solito no puede" y acosar en casa ajena es delito, el mejicano si no tiene aguante que no tire guaperîa, la galleta se la buscô bien buscada, el resto de tu apreciaciôn es apoyo a la cobardîa y el pandilleo narco, no tienen valor y deben linchar en asociaciôn criminal, para qué se meten en lîos, con ir a la policîa y mostrar la mordida tenîa, el mejicano 100 por ciento bretero y peligroso para la sociedad mexicana.





DEMANDEN AL MEXICANO, si el perro lo mordiô de verdad a lo mejor el pobre animalito se envenenô!

Antes de seguir alimentando la indignación, vale la pena ver este caso con un poco más de cabeza fría.
✔️ Lo que pasó entre las dos personas es un conflicto que se resuelve por la vía legal, no con un barrio entero tratando de castigar a alguien. Golpear está mal, pero responder con más violencia no arregla nada.
✔️ La reacción colectiva fue desproporcionada. Lanzar piedras, intentar derribar puertas y buscar un linchamiento no es justicia: es perder el control. Ese tipo de acciones pone en riesgo a familias, niños y vecinos que no tienen nada que ver.
✔️ La policía estuvo presente, pero no actuó para detener la violencia. Cuando la autoridad no interviene, la multitud siente que puede hacer lo que quiera. Eso no es un Estado de derecho.
✔️ La nacionalidad del agresor no cambia los hechos. Pedir deportación por un conflicto vecinal es xenofobia, no justicia. La ley es la misma para todos, sin importar de dónde vengan.
✔️ Las redes sociales amplificaron el enojo y distorsionaron el problema. Un conflicto que debía resolverse con una denuncia terminó convertido en un espectáculo público que solo generó más violencia.
En resumen: aquí falló la gestión del conflicto, falló la autoridad y falló la reacción colectiva. Si queremos vivir en una comunidad donde la ley valga algo, no podemos normalizar que la multitud decida quién merece castigo.

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