eh oui

 

Algunas maneras de clasificar los libros:
libros en los que uno recuerda haber encontrado, al menos una vez, la palabra “libro”;
libros de los que no se recuerda que hayan podido contener la palabra “libro”;
libros escritos sin la letra “e”;
libros que, afortunadamente, no ofrecen la menor línea de diálogo;
libros que prescinden de la descripción en focalización interna;
libros que abusan de la descripción en focalización interna;
libros escritos sin verbos;
libros escritos sin asignar a los personajes ninguna marca de género;
libros escritos sin puntuación ni ortografía;
libros sin interés;
libros que uno imagina —o sabe— que formaron parte de la biblioteca de Kimbote, el anotador de Pálido fuego;
libros que Rodolphe podría haber regalado a Emma, si hubiera sido Valmont y no Rodolphe;
libros susceptibles de enviar nuevamente a Paolo y Francesca da Rimini al Infierno;
libros que solo pueden leerse padeciendo un resfriado;
libros rompepelotas;
libros en los que aparecen ballenas;
libros que no presentan la menor ballenita;
libros de los que han desaparecido, no se sabe por qué, las ballenas que uno imaginaba allí;
libros supuestamente patéticos que te dejaron frío;
libros supuestamente eróticos que te dejaron de mármol;
libros violentamente anotados en los márgenes;
libros comprados en la otra orilla del Sena;
libros que han cruzado al menos una vez un océano;
libros que uno ha llevado varias veces al campo sin otra consecuencia que hacerles tomar el aire;
libros entre cuyas páginas se han colocado, para secarlas y conservarlas, hojas, flores o gramíneas recogidas durante ciertos paseos;
libros que contienen al menos una frase que uno sabe de memoria;
libros que no dejaron el menor recuerdo;
libros regalados por alguien a quien uno ama, amaba o ha amado;
libros de los que uno habló con alguien a quien amaba;
libros de los que a uno le habría gustado hablar con alguien a quien amó.
— Anne F. Garréta
[Impensado / Desclasado

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