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 EL MISTERIO DE LA MATZÁ

Tú comes matzá y recuerdas quién eres cuando dejas de agrandar tu ego.
La matzá no aparenta.
No busca sobresalir.
No ocupa más lugar del que le corresponde.
Y justamente por eso te enseña una verdad profunda:
que no necesitas verte más grande para tener valor.
El jametz crece y se expande.
Así también el ego: necesita mostrarse, compararse, sentirse por encima.
La matzá, en cambio, te devuelve a lo esencial.
Te enseña la fuerza de lo simple,
la dignidad de lo pequeño,
la verdad de lo que no necesita adornos para ser.
Ser humilde no es pensar menos de ti.
Es dejar de vivir pendiente de demostrar quién eres.
Cuando comes matzá, no solo recuerdas la salida de Egipto.
Recuerdas también la salida de tu personaje,
de tus máscaras,
de tu orgullo,
de ese yo exagerado que no te deja ser.
La redención comienza cuando dejas de agrandar tu ego
y vuelves a la verdad.
Porque solo quien hace espacio dentro de sí
puede llenarse de Luz.
Con el orgullo viene la deshonra; con la humildad, la sabiduría.
Proverbios 11:2

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