Confesiones

 

El Pabellón de Oro de Yukio Mishima

A veces me lo representaba cual menuda obra de artesanía, finamente trabajada, que era posible tenerla en mis manos; en otras ocasiones, era una gigantesca, terrorífica catedral que se perdía en las alturas del cielo. La idea de que lo Bello, ya grande ya pequeño, era cuestión de una justa apreciación, no podía ocurrírsele a un adolescente como yo. Así, cuando veía brillar vagamente las flores del verano, mojadas por el rocío, yo las encontraba bellas como el Pabellón de Oro. Del mismo modo, ¿veía una nube cargada de tormenta, totalmente negra, con sólo un ribete de oro brillante, cómo bloqueaba el fondo tras las colinas? Tal magnificencia me hacía evocar el Pabellón de Oro. Y hasta tal punto era así que, al hallarme ante un bello rostro, lo calificaba en mi interior, de "bello como el Pabellón de Oro".

Confesiones de una máscara. de Yukio Mishima
Pero a medida que me acercaba para apreciar más claramente esa sonrisa, mi corazón, olvidándose de la pasión anterior, se fue paralizando presa de una timidez horrenda.

Confesiones de una máscara. de Yukio Mishima
De todos modos, no era posible que yo previera, ni siquiera vagamente, cómo iba a terminar este primer amor. Probablemente la zozobra que me causaba el presentimiento de su fin formaba la sustancia central de mi placer.

Vestidos de noche ) de Yukio Mishima
Iba a ser un matrimonio envidiable para todo el mundo. Por regla general era un paso obligado que las familias de los futuros contrayentes se hicieran pesquisas una a la otra, pero tal cosa no sucedió en este caso: a todos les gustaba todo. La vida humana es algo que, dependiendo de la buena suerte, puede discurrir plácidamente. Tal era la impresión que tenía Ayako.

Confesiones de una máscara. de Yukio Mishima
Si se me permite esta forma tan burda de expresarlo, aquél fue el primer amor de mi vida. Además, se trataba sin ningún género de duda de un enamoramiento íntimamente relacionado con el apetito carnal.

Confesiones de una máscara. de Yukio Mishima
Si hay algo como el enamoramiento momentáneo y estático, ése era mi caso. Los ojos con los que lo contemplaba eran siempre los de la "primera mirada" o, mejor dicho, los de la "mirada original".

Confesiones de una máscara. de Yukio Mishima
¿Qué más podía hacer cuando todavía ignoraba que el amor es desear y también ser deseado? Para mí, entonces, el amor sólo era un intercambio de preguntas y respuestas en torno a un pequeño enigma sin solución. En cuando a mi adoración, ni siquiera trataba de soñar que fuera a ser correspondida de algún modo.

Confesiones de una máscara de Yukio Mishima
Un error que se comete a menudo en la infancia consiste en creer que si uno transformara a un demonio en héroe, el demonio quedará contento.



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