Lo que no acaban de entender los intelectuales cubanos
Margarita Garcia Alonso est avec El Ciclón Invisible.
Lo que no acaban de entender los intelectuales cubanos es que Ponte fue el ideólogo de la generación 80, y desde 2009 con el ejemplar de laboratorio llamado Yoani Sánchez lanzaron el PROGRAMA SOCIALISTA EN EL EXILIO, junto con Rojas, Bustos, etc, etc, formaron este desmadre de la GENERACIÖN 0, inventaron el mecanismo totalitario de Medios de prensa a favor de crear una nueva élite que les recordara hasta el fin de la Humanidad como grandes luchadores, mientras se quedaban con Grants, se asociaban a Soros, inventaban ONG para auto premiarse constantemente, editoras, críticos, académicos, embajadores, figurinas y figurones rampantes de la ideología socialista, admiradores del Ché, y de los vicios de la isla, los más listos tiburones, para finalmente borrar a ese tonto exilio cubano que sigue cualquier corriente sin establecer conexiones. TODOS TIENEN expedientes ejemplares en Rialta e Hypermedia, el resto no existe, principio fascista de prolongar la UNEAC en el exilio, mismo método, mismo estilo de quién vale, y así, es un HECHO, no especulaciones.... Y puede que existan buenos poetas o narradores en el nuevo GRANMA, pero la calidad HUMANA de venderse por GRANTS, NED, los baja al plano de abusadores, semejantes a los de la HABANA, han jugado la suerte del pueblo cubano, se han inventado auto leyendas, soplado tubos, una BURBUJA ANAL que flota como cultura cubana y a la que se pegan los oxiuros, y donde queman a quien le denuncie y lo digo con la mala experiencia de ser la que lo hace desde hace dos décadas.
Head #3 (from the Series ‘Small Stories’) (2013) by David Lynch
Irma E Sanchez
El Ciclón Invisible est avec Roy Jorge et
Margarita Garcia Alonso Está bien cerca de la verdad, nos dijo lo mismo que intentabas decir tú, pero con menos palabras, si alguien sabe es ella, magnífica poeta y artista, a ella sí la leí en Cuba, claro, no era del clan de los preferidos, como otros.
El Ciclón Invisible est avec Roy Jorge et 29.
Amados,
Hay algo litúrgico en el modo en que ciertos nuevos intelectuales del exilio se ofrecen como redentores de una Cuba que jamás se tomaron el trabajo de comprender. Repiten el libreto conocido, aunque ahora lo hacen con una dicción más pulida, con una retórica barnizada por seminarios, workshops y siglas. Se contemplan a sí mismos como protagonistas de una gesta histórica, cuando en realidad ocupan un papel menor, subsidiario, en una obra que no escribieron y cuya trama desconocen. El heroísmo, para ellos, no es una ética sino una coartada; el sacrificio, una inversión con retorno asegurado en forma de grants, alianzas convenientes y padrinazgos donde la moral fluctúa según la marea del financiamiento.
Mientras una parte sustancial del exilio se consume en la intemperie —sin relatos épicos ni vitrinas—, esta élite autoerigida ensaya su propia mitología, una suerte de Revolución paralela, aséptica, sin riesgo ni costo real. Se presentan como custodios de la cultura cubana, aunque practican más bien un culto a la superficie, al gesto, a la autopromoción ritualizada. No advierten —o fingen no advertir— que, en nombre de esa supuesta salvación, terminan permutando a sus compatriotas por un puñado de abstracciones ideológicas, seduced et abducted por la fantasía de pertenecer a un club donde la legitimidad se mide por la fidelidad al dogma correcto y por la frecuencia con que se acaricia el tubo de la consigna.
La cultura, por supuesto, les sirve de amuleto. La exhiben como un trofeo heredado, ligeramente ajado, cada vez que alguien pone en cuestión su lugar en el mercado simbólico de las ideas. La venden como autenticidad, aunque lo que realmente circula es una burbuja de reconocimiento mutuo, inflada a base de citas, eventos y declaraciones altisonantes. Verba volant, scripta manent: las palabras vuelan, los textos permanecen. Y lo que permanece, pese a todo, no suele ser lo que producen estos salones bien iluminados, sino aquello escrito desde la experiencia, desde la fricción real con la historia, incluso cuando resulta incómodo o difícil de asimilar.
Lo que olvidan —si es que alguna vez lo supieron— es que el tiempo no concede indulgencias.
No son los revolucionarios que se imaginan, ni los guardianes que proclaman ser. Se parecen más bien a una fábula antigua repetida con ropajes contemporáneos: lupus in fabula. Mucho discurso, poca comprensión. Mucha voz, escasa sustancia. El ruido, eso sí, les ha garantizado un espacio, aunque ese espacio esté construido sobre el olvido de una verdad elemental: el cambio no se gesta en las editoriales complacientes, ni en las ONG, ni en los diplomas enmarcados, sino en la obstinación por una verdad que rara vez coincide con un grant bien remunerado.
Al final, como siempre, será la historia quien ponga las cosas en su sitio. Separará a quienes asumieron el riesgo de quienes se limitaron a administrar su propia representación. Tempus omnia revelat. El tiempo lo revela todo. Y este circo intelectual, tan satisfecho de sí mismo, acabará disipándose, dejando apenas el eco de lo que prometió ser y de lo que, en rigor, nunca fue.



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