Feliz Januca!
Mañana 15 de diciembre, al inicio de la tarde en #Israel, comienza nuestra bellísima Festividad de Januca
masacre contra la comunidad judía en Australia durante Janucá,
Israel ya está enviando equipos de trabajo a Australia a hacer el trabajo que Australia no hizo ni está haciendo, POR ESTO MISMO EXISTE ISRAEL
El equipo de la unidad internacional de ZAKA se dirige a Australia tras el grave incidente.
A la delegación se unen más voluntarios de Israel, bajo el mando de Yossi Landau, comandante de ZAKA en la región de Lachish, quien actúa como jefe de la delegación.
La delegación tiene previsto despegar en un vuelo especial en las próximas horas y unirse a los equipos de ZAKA y voluntarios de toda Australia que ya están operando en la escena del incidente.
*Yossi Landau, comandante de la delegación de ZAKA a Australia*, dijo:
> "Estamos saliendo ahora de Israel para unirnos a los equipos de ZAKA y a los voluntarios locales que ya están operando en la escena en Australia. Se trata de un evento difícil y complejo, y la delegación se prepara para actuar junto con las fuerzas locales con profesionalismo, sensibilidad y total coordinación".
Como parte de la delegación, una gran cantidad de equipo logístico y equipo especializado para operaciones en escenarios complejos ha salido ahora del centro logístico de ZAKA, como parte de la preparación completa de la organización para la actividad en el terreno.
*Reuven Reuven, jefe del departamento de logística de ZAKA*, dijo:
“Se trata de una preparación logística a gran escala. En poco tiempo hemos sacado del centro logístico una cantidad inusual de equipo especializado, que permite a los equipos operar de manera independiente, continua y profesional en un escenario complejo y lejano, desde las primeras horas de su llegada".
Vídeo : Oficina de prensa de ZAKA
Hoy nuevamente judíos fueron asesinados por el simple hecho de ser judíos en un cruel atentado terrorista. Y justamente esta noche los judíos en todo el mundo encendemos la primera vela de Janucá. Una fiesta que transmite el mismo mensaje eterno que esta imagen: la luz vence sobre la oscuridad. En la parte de atrás de la foto está escrito: "Janucá, 5692 (el año judío). 'Muerte a Judea' dice la bandera, 'Judea vivirá eternamente', contesta la luminaria". Y esta es la historia de esta foto: Era la octava noche de Janucá en el poblado de Kiel en Alemania, donde vivían unos 500 judíos. El rabino Akiva Posner estaba prendiendo la última vela de Janucá en su casa, frente a los cuarteles del partido Nazi en la ciudad, minutos antes de la entrada de Shabat. Ahí, en 1931, estaba la bandera nazi en una fría noche de diciembre, cuando la luz de la Janukiá desafiaba la oscuridad del odio. La esposa del rabino Posner, Rajel, corrió y tomó una foto de la Menorá frente al edificio nazi. Luego, escribió en la parte de atrás de la foto: "Janucá, 5692 (el año judío). 'Muerte a Judea' dice la bandera, 'Judea vivirá eternamente', contesta la luminaria". El rabino Akiva Posner publicó una carta de protesta en la prensa local expresando su indignación por unos posters que habían aparecido en la ciudad que decían "Prohibida la entrada a Judíos". Por su protesta, fue citado por el jefe de la sede local del partido nazi y desde ahí la tensión y la violencia con los judíos fue en constante aumento. La familia Posner abandonó Alemania en 1933 y llegó a Israel en 1934. Pero, además, la familia del rabino fue clave para salvar la vida de cientos de judíos: antes de irse del país advirtieron a su comunidad sobre las intenciones del régimen nazi y que debían abandonar Alemania. Finalmente solo algunos pocos de los 500 judíos de la ciudad, murieron durante el Holocausto. Actualmente la foto y el candelabro original están exhibidos en el Museo del Holocausto de Yad Vashem en Jerusalén. Cada año el museo devuelve el candelabro a los descendientes del rabino que siguen usándola para cumplir con el precepto del encendido de las velas de Janucá. El triunfo de la luz y la vida, sobre la oscuridad y la muerte. Foto: Rachel Posner / Yad Vashem
Je suis toujours sonné par le massacre terroriste, islamiste, antisémite, de Bondi Beach.
"Ils veulent nous faire mal", dit la voix d'enfant qui est en moi.
"Ils essayent de nous exterminer", répond la conscience d'adulte qui en a trop vu et vécu, dans son entourage et, autrefois, dans toute sa famille partiellement exterminée par les nazis avec la complicité des "collabos".
"Ils", ce sont les fanatiques musulmans venus de partout pour accomplir l'oeuvre d'Allah et de Mahomet, son prophète.
"Ils", ce ne sont pas tous les musulmans. Je veux saluer ici le courage d'Ahmed, qui a réussi à bloquer la tuerie entreprise par le père (quelle horrible famille!) et perturber celle du fils.
Plus qu'un "héros", comme tout le monde le qualifie, je préfère le considérer comme un "Juste parmi les nations", un homme qui a sauvé la vie de nombreux Juifs, donc de toute l'humanité.
"Ils", ce sont aussi, cependant, tous les complices de la barbarie, "antisionistes" revendiqués, antisémites en réalité : les Mélenchon, Caron, Portes, Hassan, Thunberg, Aubry, Tondelier, Albanese, Nemo, Sánchez, etc., etc. -je ne sais s'il faut y associer les cons comme Macron, qui a refusé de participer à la marche contre l'antisémitisme après le 7 octobre-, qui nous traitent tous de "sionistes" et de "génocidaires", sans savoir ce que ces termes signifient, ou qui font de la Palestine du Hamas et compagnie leur terre d'élection.
Les paroles incitant au meurtre sont tout aussi criminelles que les maudits tueurs de Sidney.
Il faut dire, comme le pape Léon XIV, "STOP" à l'antisémitisme.
Et, comme autrefois le pape polonais Karol Wojtyla : "N'ayez pas peur !"
Decir “odio a los judíos” no es una opinión provocadora ni una postura rebelde.
Es, consciente o inconscientemente, odiar una parte enorme del mundo moderno.
No son un concepto.
Son personas concretas, con obras concretas, que construyeron buena parte de la ciencia, la cultura, la tecnología y las ideas que hoy organizan tu vida cotidiana.
Odiar a los judíos es odiar la tecnología que usás todos los días
Es odiar a Sam Altman, CEO de OpenAI, responsable de ChatGPT, la inteligencia artificial que hoy usan estudiantes, médicos, artistas y empresas en todo el mundo.
Es odiar a Sergey Brin y Larry Page, creadores de Google, el buscador que organiza la información del planeta.
Es odiar a Ehud Shabtai, creador de Waze, que guía a millones de personas todos los días.
Es odiar a Jan Koum, fundador de WhatsApp, la principal herramienta de comunicación cotidiana del mundo.
Es odiar a Max Levchin, cofundador de PayPal, que revolucionó los pagos digitales.
Es odiar a Yann LeCun, pionero del deep learning, base de la inteligencia artificial moderna.
Odiar a los judíos es odiar la revolución monetaria moderna
Es odiar a Adam Back, creador de Hashcash, el sistema de proof of work sin el cual Bitcoin no existiría.
Es odiar a Vitalik Buterin, creador de Ethereum, quien llevó esa revolución más allá del dinero creando contratos inteligentes.
Odiar a los judíos es odiar la medicina que te salvó la vida
Es odiar a Sigmund Freud, que creó el psicoanálisis y abrió el camino para comprender el inconsciente, la ansiedad y los traumas.
Es odiar a Jonas Salk y Albert Sabin, los médicos que desarrollaron las vacunas contra la polio y salvaron millones de vidas.
Es odiar a Rosalind Franklin, cuyo trabajo fue esencial para descubrir la estructura del ADN.
Es odiar a Rita Levi-Montalcini, Eric Kandel, Avram Hershko, Judah Folkman y otros científicos judíos que explicaron cómo funciona el cerebro, la memoria y los procesos biológicos fundamentales.
Odiar a los judíos es odiar el cine y la actuación modernos
Es odiar a Steven Spielberg, director de E.T., Jurassic Park, Schindler’s List y Saving Private Ryan.
Es odiar a Stanley Kubrick, creador de 2001: A Space Odyssey, A Clockwork Orange y The Shining.
Es odiar a Woody Allen, que llevó la neurosis, la filosofía y el humor judío urbano al cine de autor con Annie Hall, Manhattan y Hannah and Her Sisters.
Es odiar a Mel Brooks, genio de la comedia cinematográfica, creador de The Producers, Blazing Saddles, Young Frankenstein y Spaceballs, que ridiculizó al racismo y al nazismo usando el humor como arma.
Es odiar a Lee Strasberg, creador del Method Acting, que transformó la actuación moderna formando a generaciones de actores.
Es odiar a los fundadores judíos de Warner Bros, MGM, Paramount y Universal, inmigrantes que inventaron Hollywood como industria.
Es odiar a Michael Douglas, Kirk Douglas, Natalie Portman, Sylvester Stallone, Ben Stiller y Adam Sandler, protagonistas centrales del cine popular moderno.
Odiar a los judíos es odiar el humor que te enseñó a pensar
Es odiar a Groucho Marx y a los Marx Brothers, padres del sarcasmo moderno.
Es odiar a Andy Kaufman, que rompió los límites de lo que significa hacer comedia y performance.
Es odiar a Jerry Seinfeld, Larry David y Sarah Silverman, que transformaron lo cotidiano, lo incómodo y lo absurdo en arte.
Odiar a los judíos es odiar la música que te marcó
Es odiar a Bob Dylan, premio Nobel de Literatura.
Es odiar a Leonard Cohen, poeta y músico de lo existencial.
Es odiar a Barbra Streisand, una de las artistas más influyentes del siglo XX.
Es odiar a Lou Reed, Lenny Kravitz, Billy Joel y Paul Simon.
Es odiar a Brian Epstein, el manager que convirtió a The Beatles en un fenómeno global y creó la figura moderna del manager artístico.
Odiar a los judíos es odiar la cultura popular contemporánea
Es odiar a Los Simpson tal como los conocemos, definidos creativamente por Sam Simon y Al Jean, figuras centrales del humor y la sátira televisiva moderna.
Es odiar a Haim Saban, creador de Power Rangers.
Odiar a los judíos es odiar la ciencia moderna
Es odiar a Albert Einstein, el físico que cambió para siempre nuestra comprensión del tiempo, el espacio y la energía con la teoría de la relatividad, base de tecnologías como el GPS.
Es odiar a Niels Bohr, uno de los padres de la física cuántica, sin la cual no existirían los semiconductores, los láseres ni la electrónica moderna.
Es odiar a Richard Feynman, físico brillante y divulgador, cuya claridad ayudó a entender el universo.
Es odiar a Lise Meitner, clave en la comprensión de la fisión nuclear.
Es odiar a Eugene Wigner, Edward Teller, John von Neumann, Norbert Wiener y a decenas de Premios Nobel judíos que explicaron la estructura profunda de la materia y sentaron las bases del mundo tecnológico actual.
Odiar a los judíos es odiar la conquista del espacio
Es odiar a Judith Resnik, ingeniera eléctrica y astronauta de la NASA, segunda mujer estadounidense en el espacio, que murió empujando los límites del conocimiento humano.
Es odiar a John von Neumann y Norbert Wiener, cuyas matemáticas y sistemas de control hicieron posibles las simulaciones, la navegación y el retorno seguro de las misiones espaciales.
Odiar a los judíos es odiar una parte enorme de la cultura argentina
Es odiar a Daniel Barenboim, uno de los directores de orquesta más importantes del mundo.
Es odiar a Alejandro Lerner, compositor fundamental de la música popular argentina.
Es odiar a Tato Bores, creador de la sátira política televisiva.
Es odiar a Jorge Guinzburg, figura central del humor y la comunicación.
Es odiar a Adrián Suar, Gustavo Yankelevich y Alejandro Romay, arquitectos de la televisión moderna argentina.
Es odiar a Damián Szifrón, creador de Los Simuladores y Relatos Salvajes.
Es odiar a Andrés Calamaro, parte esencial del ADN musical argentino y latinoamericano.
Odiar a los judíos es odiar a los grandes pensadores
Es odiar a Baruch Spinoza, uno de los padres de la filosofía moderna, defensor de la razón y la libertad de pensamiento.
Es odiar a Maimónides, uno de los más grandes filósofos medievales, que unió fe, razón, medicina y ética.
Es odiar a Karl Marx, Hannah Arendt, Isaiah Berlin, Walter Benjamin, Theodor Adorno y Karl Popper, pensadores judíos que analizaron el poder, la libertad, la ciencia y la sociedad abierta.
Odiar a los judíos es odiar la inteligencia estratégica
Es odiar a Emanuel Lasker, campeón mundial de ajedrez durante 27 años.
Odiar a los judíos es odiar la base ética e histórica de Occidente
Es odiar a Jesús de Nazaret, un judío histórico.
Incluso odiar a Cristóbal Colón, figura histórica con fuertes evidencias de origen converso/criptojudío, profundamente ligada al mundo judío expulsado de 1492.
El antisemitismo no es una crítica.
No es valentía.
No es pensamiento independiente.
Es ignorancia selectiva.
Porque nadie que odie a los judíos deja de usar Google,
de escribir por WhatsApp,
de confiar en vacunas,
de usar GPS,
de disfrutar del cine, la música, el humor, la filosofía, el ajedrez y la tecnología que ama.
Odiar a los judíos es amar los frutos y odiar al árbol.
Combatir el antisemitismo no es defender a “un grupo”.
Es defender la razón, la memoria, la cultura y la coherencia.
Porque odiar a los judíos es odiar una parte enorme de la humanidad.
Y, en última instancia,
es odiar el progreso mismo.
F: Andrés Ini




Commentaires