El juicio moral de Jacobo Londres
El juicio moral de Jacobo Londres
(Tragicomedia en un acto)
Espejo: Veo, veo… Ricardo Acosta, ahí está, sin alcanzar la seguridad de un Robert de Niro en Taxi Driver, más bien como un policía lavándose los dientes con pasta Perla de apretado tubo en un teleplay.
Ricardo (llorando): Estamos aquí hoy, con el corazón roto, para hacer un juicio moral a quien se encuentra sentado en el banquillo de los acusados: Jacobo Londres. Y es doloroso mirarlo, ahí risueño, no parece mostrar una gota de remordimiento por sus acciones. Dinos, Jacobo, ¿estás arrepentido?
Jacobo: ¿Arrepentido? Estoy inspirado.
Ricardo: ¡Qué horror! Sin más, procedo a la lectura de cargos contra Jacobo, esto es: Instrumentalizar un linchamiento en este solar virtual contra Mabel Cuesta y Coco Fusco. ¿Cómo se declara el acusado?
Jacobo: Inocente, por supuesto.
Ricardo: Jacobo debo decir que da mucha vergüenza ajena ver a un artista que tiene talento para hacernos reír…
Jacobo: Gracias, gracias…
Ricardo: …hacer estas cosas. WTF? Con mujeres, intelectuales, artistas, que han trabajado duro y serio para dejar una huella llena de humanismo y empatía en la comunidad cubano americana. Aunque es cierto que Coco Fusco no puede ocultar su desprecio visceral por el exilio de Miami pero la entiendo, el trumpismo no puede ser parte de nuestra comunidad, chico. Y ahora, terminada mi alocución, que vengan las reacciones y los comentarios del los miembros del jurado.
Coro trágico: ¡Oh Zeus poderoso! Algunos mostraron dolor, otros rabia, pero hay sobre todo muchos abrazos. Se unen a este abrazo colectivo figuras importantes de la cultura, entre ellos un alto miembro de la Sociedad Secreta de la Croqueta, alguien que ha sido descrito como envolvente con tremenda bola de chiva quien, graduado del Instituto Superior de Relaciones Internacionales con su tesis de sugerente título: “¿Cómo crear relaciones de confianza?”, es el encargado de empanizar las croquetas y de comprar alianzas políticas a cambio de baños en su piscina. Sin más, hace su flamante entrada en el abrazo Enrique Guzmán Karell. Un aplauso deportivo para él. (Enrique se abrazo al grupo de jurados)También participa en este abrazo Monica Baró, que firma como “Tu pirómana favorita”. Como los fósforos marca Baró son de tecnología socialista vienen mojaos y no prenden pero por demás todo muy emotivo, ¿eh? Aplauso deportivo para ella. (Mónica se abraza al grupo)
Lissett Govin (jurado): “¿Quién se atrevió a meterse con Mabe?”.
Jacobo (interviniendo): Entiendo que ahí le faltó un segundo “quién” enfático para hacer la cosa más efectista: “¿Quién se metió con Mabe, quién?” ¿Ves la diferencia?
Adriana Normand (jurado): Es muy doloroso.
Ricardo Acosta: Es realmente doloroso.
(Ricardo y Adriana se funden en un abrazo)
Adriana Normand (susurrando): Mi abuela diría que eso es de aves de rapiña. (pone los ojos en blanco como una adivina de Juego de Tronos).
Gretell Lobelle (jurado): Ay, mujer, sanar será un camino angosto. (Se escucha la canción de los Beatles “The long and winding road”)
(Un grito de: “es una vergüenza” cubrió la sala).
Coro trágico: ¡Croac, croac! La dueña del grito era la autopercibida poeta Odette Alonso, aunque para ser justos Jacobo había quedado en tercer lugar en el podio de la vergüenza, solo superado por los versos de la propia Odette y por su gusto en su vestimenta de camisas a cuadros.
Jorge Enrique Fernández (jurado, despertándose): “¿Cuándo, dónde?”
Coro trágico: No le importa el qué, Jorge Enrique es fan a los complementos circunstanciales, toda razón de ser está en el cronotopo.
Coro trágico: La tristeza no solo los embarga sino que los bloquea. La jurado Alina Bárbara López, consistente con su postura de culpar al bloqueo de todo, aprovecha y se pone de pie.
Alina Bárbara (jurado): A mí me bloqueó hace mucho, cosa que agradezco, después de un intercambio que tuvo como motivo su deplorable actitud.
Coro trágico: ¡Qué locura es esta! ¡Habla claro mortal! Alina sabe que eso no es cierto. Muy bien debe ella recordar cómo después de su horrible rapto y golpes en la patrulla policial Jacobo le envió un mensaje de pronta recuperación, mensaje que no se dignó a contestar. Las bendiciones se reciben y se agradecen Alina, oye.
Jacobo: ¿Puedo hablar? Yo traje impresas las capturas de pantalla que muestran lo que pasó ese día de mi “deplorable” actitud referida. ¿Puedo presentar la prueba?
Ricardo: No, no puedes, este juicio no se trata de la credibilidad de Alina Bárbara, eso no puede ser tocado, muchacho, que a ella se le está impulsando para presidenta, pero puedes decirlo oralmente si gustas.
Jacobo: Primero, Alina, mis respetos para ti por estar en la caliente. Pues Alina, sin haber cruzado jamás palabra conmigo, vino a mi muro a darme una reprimenda moral y, ¿en defensa de quién? De Alfredo Zaldívar, editor matancero quien había acabado de firmar la infame carta de los artistas diciendo que en Cuba no hay represión. A todas estas ni siquiera insulté a Zaldívar, mi actitud “deplorable” según Alina se basa en que declaré que Zaldivar no ha escrito en su vida un solo verso bueno, poniéndole yo con justeza el epíteto de “El rey del engrudo”, por sus libros artesanales, cosa que sí hace bien. Eso fue todo. No solo es Alina incapaz de alzar la voz contra una persona que firmò tan malhadada carta, por el mero hecho personalista de ser amiga suya, sino que viene a reprimir y juzgar moralmente, sin conocerme de nada, mi libertad de hacerlo.
Ricardo: Bueno, bueno, ya.
(Aparece Mabel al final del pasillo del juzgado. De lento andar, descompuesta, transida de dolor, lleva una mantilla que oculta parte de su rostro y se apoya del hombro de Ferdecaz, su secretario y neceser humano. Lleva en ella, magnánima madre coraje, todo el peso de un exilio ingrato y trumpista, y el dolor de su comunidad afectiva.
Coro trágico: ¡Oh Dionisio alegre! Se llama a sí misma mujercita simple, adjetivos que quiere adjudicar a Jacobo pero en realidad sabemos que fue ella misma quien los profirió. Dice elegir estar en silencio por el dolor, y culpa de todo a un tal Javier Marimón)
Ricardo: Te veo levantando la mano, Jacobo. ¿Deseas decir algo?
Jacobo: Por respeto al dolor de Mabel no diré mucho más, solo que no confundan a la persona con el personaje. Yo no soy Javier Marimón, soy Jacobo Londres, o como me han llamado algunos: El hijo cubano de Milei. Encarno en mi entelequia la batalla cultural, soy multitud de voces que no puede ser contenida, escapo de sus esposas morales y me autoeximo de todos los cargos. Soy finalmente libre y empoderado en mi masculinidad nada tóxica y muy saludable. Se levanta la sesión.



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