Cierta sensación de vergüenza me impide escribir exactamente lo que la gente espera de mí.

 


¿Escritores? Nos ahorraríamos muchas desilusiones no llamando “escritor” a cualquiera que sabe escribir… Yo conocía a estos “escritores”: eran por lo general personas de inteligencia poco profunda y horizontes bastantes estrechos (…) Estos cadáveres vivientes se distinguían por la siguiente característica: les resultaba fácil fabricar su propia postura moral e ideológica, ganándose de esta forma el aplauso de la crítica y de una parte importante de los lectores. Ni por un momento creí en el catolicismo de Jerzy Andrzejewski y, tras haber leído unas cuantas páginas de su novela, saludé en el café Zodiak a su cara sufrida y espiritual con una mueca de tan dudoso significado que el autor, ofendido, rompió inmediatamente su relación conmigo.

Tener ideales no es gran cosa, lo que sí es una gran cosa es no incurrir en pequeñas falsedades en nombre de grandes ideales.

Aquel que tenga miedo del desprecio humano y de la soledad entre la gente, que calle. Pero este miedo es también imaginario –pues la popularidad que se consigue al servicio del lector y de las corrientes de la época no significa otra cosa que tener grandes tiradas, nada más –, y sólo aquel que ha logrado separarse de la gente y existir como un ser singular para más tarde conseguir dos, tres o diez correligionarios o hermanos, sólo este se habrá liberado de la soledad en los límites permitidos al arte.

¿Acaso en alguna ocasión el hombre ha estado en otro lugar que no fuera él mismo?

He dedicado mucho tiempo a la reconstrucción de mi pasado, he establecido laboriosamente la cronología, he forzado la memoria hasta el límite buscándome a mí mismo como Proust, pero no hay nada que hacer el pasado no tiene fondo y Proust miente.

El artista es aquel que dice: ese hombre habla bien, pero él mismo es un imbécil. O bien: de los labios de este hombre mana la más pura moralidad, pero tengan cuidado con él, ya que él mismo, al no poder satisfacer su propia moralidad, se está convirtiendo en un canalla.

Cierta sensación de vergüenza me impide escribir exactamente lo que la gente espera de mí.


Sigo con Gombrowicz, qué grande Gombrowicz.

aBREU EN EMANACIONES

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