un lugar de justicia perfecta

“Le prometía que amándome iba a serle accesible un lugar de justicia perfecta. Esto le decía sin estar yo misma enamorada, habiendo sólo en mí la voluntad de ser amada por él y no por otro. Es tan difícil hablar de esto. Cuando vi su rostro por primera vez, deseé que fuera de amor al volverse hacia mi rostro. Quise sus ojos despeñándose en los míos. De esto quiero hablar. De un amor imposible porque no hay amor. Historia de amor sin amor. Me apresuro. Hay amor. Hay amor de la misma manera en que recién salí a la noche y dije: hay viento. No es una historia sin amor. Más bien habría que hablar de los sustitutos."


Alejandra Pizarnik

Prosa completa 


Sé que está vivo 
porque escarba en mis cuerdas vocales, 
como el murmullo claro que arañaba la hiedra,
el muro verdi-negro 
o la séptima esquina 
donde se deshojaban las muchachas. 

Adquiere a veces forma 
de cortinas corridas 
y cede el paso incluso al fondo del jardín 
o coagula la luz y se complace 
en hablar de futuro a mi memoria. 

Acecha, mas no puede 
detener mis latidos, 
resistir la incursión de la ceniza; 
el insolente gris de las baldosas. 

Lleva casi cien noches 
de insomnio en esta casa. 
Ha venido a buscarme. 
Está prendiendo 
por sorpresa mi cuarto
y me anota también en su inexacta suma. 

Tic-tac, tic-tac, 

se encrespa la marea, 
engaña a los espacios, mastica en el vacío, 
y con gesto de selva o tragaluz, 
estalla y se diluye 
como una celda de gatos por las azoteas.


Carmen Rubio López




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