I have something to tell you, by Margarita García Alonso

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Por la mañana, luego durante la mayor parte del día, es un sueño pesado, después de las orgías noctumas. Hacia las tres o las cuatro de la tarde, un despertar extenuado, entre sábanas llenas de manchas; tomas, a sorbos, de café y de agua de Seltz; luego, en camisa, en peinador, en camisola, vagar ociosamente por las habitaciones, echando de cuando en cuando alguna mirada hacia la calle, por la ventana con las cortinas corridas; luego, aburridas, las mujeres se querellan; hay que lavarse, maquillarse el rostro, comprimir hasta el ahogo el cuerpo en un corsé, elegir un nuevo vestido y disputar para eso con la patrona, estudiar ante el espejo posturas sugestivas, cubrirse las mejillas de colorete y pintarse las cejas con khol, ingerir comidas grasas y almibaradas, endosarse un vestido de seda bajo el cual el cuerpo está medio desnudo, bajar a un salón donde los adornos chispean a las luces y, por último, recibir a los clientes: música, bailes, bombones, vino, tabaco. Después de eso, el comercio camal con hombres jóvenes o maduros, adolescentes y viejos que renquean; solteros y casados; comerciantes, dependientes, armenios, judíos y tártaros; ricos y pobres; hombres sanos y enfermos; borrachos y sobrios; brutos y mundanos; soldados, funcionarios, estudiantes, colegiales; con gente de todas las clases, de todas las edades, de todos los temperamentos. Gritos, burlas y risas, y música, y tabaco, y vino, y otra vez vino y tabaco, y otra vez música, y así desde el crepúsculo al amanecer. y solamente llegada la mañana, la liberación y el sueño pesado. y todos los días así, desde el comienzo al final de la semana. Luego, al cabo de cada semana, la visita impuesta por la ley a la comisaría de policía. Los médicos y los funcionarios presen.tes se muestran un día graves y rudos. otro día su distracción consiste en humillar el pudor natural que debería proteger tanto a las cnaturas humanas como a las bestias. Es la inspección de las mujeres, devueltas con licencia de continuar, durante toda la semana. que va a seguir, cometiendo los crímenes de lesa humanidad realizados con sus cómplices la semana anterior. Y así todos !os. días, los laborables como los festivo s, en verano como en invierno.
Durante siete años, Maslova vivió esta vida. Con el intervalo de una estancia en un hospital, cambió dos veces de casa. Tenía veintiséis años cuando se produjo el acontecimiento por el cual la habían detenido y que la llevaba, en. prisión preventiva ya desde hacía seis meses, ante el tribunal de la Audiencia.
Fragmento de "Resurrección", de Tolstoy.

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