El PEZ BOY. poema DE Juan Carlos Recio.

El PEZ BOY.
a su memoria.
Sí, él lo era,
contra el cristal
su boca o su cola
su pegada de peleador
hasta lo profundo
y de regreso a la superficie.

Una rutina un encierro un símbolo.
Con él nos volvimos nosotros
también peces.

10 centímetros de agua
unas paredes de espejo
una cárcel con todas las piedras y caracoles
una planta con raíces que flotan
unas migajas para el hambre
las luces en la escena.
A veces completa soledad
otras con voces, iluminadas pasarelas.

Una caída de agua, la simulación.
Dicen que su muerte fue en vano
como la gloria que iríamos a hundir 
como los muertos de Angola 
Como los del fondo de un océano 
que solamente nos heredó 
la circunstancias de estar
entre aguas y cristales
reflejo tal vez del hundimiento 
de la superficie desbordada 
de nuestra paciencia.

Sí, él era un pez:
¿ Y nosotros qué éramos 
que seremos qué boca qué cristal
cuál sereno, cuál niebla 
cuando sería el rompimiento?

Cuando se es un pez que no un peje.
Cuando él, es corto de vida, y muere joven,
y la muerte nuestra es lenta, larga, detenida,
como dicen que son las victorias.

No pedimos ser un pez ni pedimos esa 
muerte intensa en la derrota.

No pedimos nada y nos concedieron
el compromiso a una memoria que ya
no es de la generación que sigue.
Nos pidieron además la poesía 
un compromiso mayor 
que se extinguió con el exilio.

Éramos el pez exiliado 
y nunca lo supimos. 
Ahora nos quedan
los cadáveres de una realidad que no existe 
aprendimos apenas a entender
con los extremos 
con los visitantes los que nos trafican
que estamos fuera de cualquier realidad 
mágica o icónica 
y que el símbolo de la patria es muerte
y que incluso a Lola la mató la nostalgia
y que Matías Pérez era Cristo
que se iría delante para buscar 
esa ruta de esplendor 
para que el mar abriera
un surco a nuestra mente
como si el pez de verdad fuera nuestro.

Juan Carlos Recio.

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