La absurda segregación impuesta por la UNEAC
Siempre he estado
por el amor y el respeto a la bandera cubana. Los símbolos patrios de la isla, de cualquier país, por la historia, la tierra. Incluso me han
calificado de conservadora cuando
rechazo que se ostente como signo contra alguien, contra otro.
Por eso ofende la declaración de la UNEAC, tintada
de segregacionismo, que censura, condena y cuanta palabra
tiene el diccionario izada como trapo de virginidad medieval en “para-anormalidad
pura” de la “élite mega pensante” que humilla y se
separa de los habitantes.
En esta declaración,
la UNEAC destroza el fino hilo que fortalece a un pueblo cuando siente orgullo de sus creadores.
Los representantes de la intelectualidad
imponen caras severas de alistados cazadores de deslices patrios, en contra de la populación que festeja,-y dondequiera
festejan con banderitas en el sombrero, en la ropa, en coreografías- pues en Cuba NO, pues molesta la ALEGRIA.
La alegría,
aunque dure un instante, es dañina para una populación condenada a la proclama,
vendedora de metas y consignas cerradas, a la pureza del martirio y la mesiánica
promesa de llegar al paraíso tan extenuados que ni los perros de Satán se atreverán
a morder los huesos de quienes llevan
cincuenta y siete años remando en galeras de subsistencia.
LA APTITUD
DE ESTOS intelectuales es MISERABILISTA
y prueba
que “algunos miembros” tienen el
poder de convocar en la UNEAC, de movilizar a los artistas y escritores
de la nación- en este caso por trapitos exteriores sobre mulatas; y que estos mismos INTELECTUALES callan, se arropan en aturdimientos y tonteras
ante la situación económica del país, el
abuso de poder de la familia Castro, el
mayimbeo, las desigualdades, la exclusión de artistas del patrimonio cubano por
haber emigrado, la expulsión, el derecho a entrar o salir del territorio por caprichos políticos; silencian y asumen que deben ser apagadas las
voces diferentes, los creadores que por su sensibilidad se separan de la
machaca oficialista, del paso de través de un mambo dentro de la ilógica cambiadora
de amigos y enemigos que sacude la isla.
AHORA REBAJAN a quien goza de un instante de relajamiento, recibe a “viajeros” que vienen de escasas millas, con la misma
curiosidad que si llegasen de otro universo. Y esas bailarinas mulatas no han decidido nada, ni el regreso, el
mejoramiento, el crucero, el viaje o la coreografía. Y han bailado porque tenían
autorización de hacerlo.
Si no convocan ante el abuso, con el poder que
acaban de demostrar, es porque para ellos funciona humillar al pueblo y seguir la
pachanga del totalitarismo. ANALIZAR EL DISCURSO es bajar a una cloaca inmunda de los sesenta, al estancamiento indigno, a la condición de
bandido que se cree elegido pues su
reclutamiento le ha concedido ventaja.
La Cultura que condena a un pueblo para dar visto
y brillo a quien la ajusta como un vulgar objeto plástico de rebotes
publicitarios, se acusa, se ensucia y revuelca en lo innoble.
QUE LA PAZ SE
INSTAURE EN LA ISLA Y EL PROGRESO SACUDA a estos camajanes del absolutismo retrógrado.
Bandera, escudo, palma, estrella no son
exclusividad de la pureza falsa de mentecatos cómplices, pertenecen también al que baila y trata de seguir los
famosos cambios donde está excluido.
Espero que este
sumario juicio contra el contento, júbilo, alborozo, algazara, animación,
entusiasmo, felicidad, regocijo, diversión, esparcimiento, entretenimiento,
gozo, satisfacción de veinte minutos en
la lucha del sobreviviente cubano, no concluya con la obligación de MEAS CULPAS
públicas, pues llevar la comedera de
mierda a extremos tan patéticos, siembra
la sumisión en cualquier ligero intento de identificarse cubano/a .
La cubanía no encierra en moldes, desborda por su
particularidad y riqueza. La Cultura cubana, señores y señoras de la UNEAC, no
es tan miedosa que se desmorona con el baile de mulatas con una estrella en la
teta, franjas azules y blancas en la cintura y un triángulo rojo donde comienza
a descender la colina del Morro.
Margarita García Alonso
La declaración expresa lo siguiente:
No debe tomarse en cuenta únicamente el contexto en que tuvo lugar el hecho: la apertura de un itinerario que se inscribe en el complejo proceso de normalización de los vínculos entre Cuba y Estados Unidos.
Se trata de que ni la primera ni la última, ni cualquier impresión que transmitamos a los visitantes, vengan de donde vengan, puede distorsionar o abaratar nuestra auténtica imagen.
La concertación de voluntades entre las autoridades del sector del turismo, las instituciones culturales y los escritores y artistas cubanos para la promoción de nuestro país como destino turístico, ha registrado en los últimos tiempos apreciables avances y un diálogo constructivo. Debemos continuar trabajando por destacar los perfiles patrimoniales, históricos y artísticos de nuestra cultura, y sobre todo, los valores esenciales de un pueblo digno, solidario, orgulloso de su identidad y portador de una vocación universal.
La cultura no es mera atracción, sino fundamento de una relación posible, necesaria y mutuamente enriquecedora entre los seres humanos.
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