Luis Lorente. Escrito para un señor de Matanzas

Escrito para un señor de Matanzas


Cuando a media mañana, insatisfecho, el sol se acuesta
sobre el mar en calma, la inmensidad por donde
el pescador regresa calladamente se convierte en nada.
Entonces llegan dorados caballos a lavarse las crines
en los férreos dominios de las aguas que les mantienen
la cabeza erguida como se irán después hacia las lomas
para pastar soberbios por igual felices.
Usted recuerda como yo no olvido la sensación fugaz
de la mañana y la inconmensurable sombra con denuedo
cubriendo la ambición de la bahía, de frente a nuestras casas
espaciosas para las confidencias y disfraces del tío
transfigurado en lo que nunca pudo ser, el pobre.
Y los conspiradores delincuentes y la marquesa loca de Versalles
con toda aquella piel color rosa, desnuda sobre el puente,
paseando su belleza momentos antes de lanzarse al río
jardín de delirantes que hacían bacanales al resplandor
levísimo del agua y la iluminación de un trasatlántico
ardiendo imperturbablemente.
Ella había enloquecido con el humo y limpiaba mi cuerpo
de gigante mordido por feroces escorpiones que huían espantados
por el fuego bajo el cual pasaríamos el resto de la vida,
sin hablar de mujeres, el gusto familiar de la madera,
y una bebida con su efecto triste.
Yo memorizo playas siempre nítidas y a veces azotadas
por vendavales con esmero.
Descríbame en detalle los caballos, exíjale a su lengua
mis palabras, y minuciosas manos, alzadas, como éstas
irán con bríos a manifestaciones callejeras, ansiosas
como antes sin sosiego, a reclamar la libertad
y el nombre, un solo nombre para ese momento
cuando el sol se acueste sobre el mar en calma.
Tiempos mejores nunca más veremos y ella padece
de profundo insomnio.


Este texto pertenece al libro de poemas que resultó ganador del Premio Casa de las Américas del año 2004, “Esta tarde llegando la noche”, editado posteriormente por la Colección Arte de Nuestra América de la Casa de las Américas.


Luis Lorente (Matanzas, 1948). Ha publicado entre otros los siguientes libros de poemas, “Las puertas y los pasos”, (1975), “Café Nocturno”, (1984), “Ella canta en la Habana”, (1985), “Aquí fue siempre ayer”, (1997)

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