Animal de interior rosado.Maldicionario, Margarita García Alonso

Edmond Francois Aman-Jean (1858-1936) - The Mirror in the Vase

Animal de interior rosado.


Fui un pateador caballo negro,
agrandando el ojo de la mañana.

Fui mosca ávida de dulces, posada a contraluz
sobre la lámpara de un devorador de libros.
Fui avispa en guerra, hincando cabezas gritonas
hundiéndome en la sabia de la reina.
Fui extremis causa sin nacionalidad definida.
Fui carroña entre escribientes
alistados en borrar nombres.

Desoí pactos y tracé al frío que alivia,
al rastrear encrucijadas fui gallina,
mucho cacareo y poco huevo a cocer.

Jamás acepté araña, o sapo voluptuoso y verde.
De todos ahuyenté la posibilidad
de mutarse en mujer.

Soy esta costra desprendida de un azulejo ardiente de Pompeya
que trae su isla quemándole la casa.

Hoy apenas un resto fosilizado, en cualquier rastro
donde venden baratijas, oro aliado
con cincuenta componentes insanos.

En otro momento escogeré la chiva, el cabro, la vaca
y les moderé la lengua hasta la lágrima.

Mi falta de crueldad me destinaba
a perecer en la infancia,
si he llegado hasta ti es porque soy estratega,
de la visibilidad un grano, una rama fresca,
doblada japonesamente saludaba,

«Oui, oui, merci», tras ojos «indéchiffrables»
«oui oui, merci», llévatela,
tan puta e impúdica como alguien que sufre.

El cuerpo de este animal bruto y desorientado
gratifica al universo por su irrelevante gestión
del fauno y la floración de especies raras.

En breve tendré otra mutación genética
cada palabra ripia una célula,
cada letra fractura una uña.

Estoy alimentando lo que queda
no descompuesto en mi entorno,
de ahí el tono grave.

La imposibilidad de canibalizar a mis semejantes
me obliga a trabajar con lo que a penas se ve,
transformar ese disperso concepto rayado
como un blues de New Orleans.


El vendedor ambiciona en la plebe
el signo que muestra posición, yo no poseo nada.
Todo escalonado, en peldaños simétricos.

En el puente de Calatrava, en Venecia,
tres señoras conversan a los toldos azules
justo en la luz que hiere el canal.


En mis innombrables contemporáneos el peldaño
es trampa, zancadilla imposibilidad de ascender,
descender poco importa si hay vértigo.

El alma entera en la libreta de apuntes
de una psicóloga quien garabatea
cartas al amante que la tiene sin sexo.

Prostituido el instinto, Nietzsche afirma
“invento, ese invento”
Especulo: ¿Cómo me despierto yo que nunca
he visto a Venecia?

Doble personalidad que retrata
lo que el ojo no devuelve como acercamiento.

Maniquís en postura “tabú lo kitsch”,
lista de lo qué hay que decir,
a quién hacer santo con ritual,
de quién quedar asombro, qué vetar,
qué adjetivo cadavérico,
qué humo estorba el paisaje.

Zoroastro es cojo, no por la gamella
que pudo acercarme en el invierno de 1992,
cuando descendí en el País de Caux,
y padecía como el suelo
de un salón de baile, sábado en la noche.

Zoroastro es cojo pues cuida su dedo del pie y
quizás Venecia exista si pago el precio.

Fui quejumbrosa en corredores sin ventanas,
casi humana en la extensa tregua de mi batalla:
no maldecir hasta saber la palabra que salva,
cuando hoy niego y afirmo ser igual de desperdicio.


Del poemario MALDICIONARIO, Editions HOY NO HE VISTO EL PARAISO, 2010. 
Margarita García Alonso(Matanzas, Cuba)  Periodista, poeta, y artista visual.

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