Herrero. El centeno que corta el aire. Margarita García Alonso, 2013 Editorial Betania
Neoclassical Model, 1810 (Italy)
Herrero.
Margarita
García
Alonso, 2013
Editorial Betania
En el cobre apretujado,
golpe, golpiza
una tras otra.
La tela metálica sobre la piedra
sobre la copia de piedra en acero
en acero molde de todas las piezas
que anhela el Hombre.
Acero matriz que adiciona vicios
de gente sola.
Por mucho que canta el martillo
por mucho que recite
es poco el alimento que entra
al músculo seco.
Ha perdido la cabellera el herrero
por mezclar yeso
en figurinas
que hacen polvo en su nariz.
Ha perdido las uñas de recuperar
ceras perdidas en los orificios
tallados por el hierro.
Corta el látex, impuras resinas,
reiterativos comandos a la moda humana:
el mundo solicita infantes que desfilan
blasfemando del taller, la fragua,
la anticuada astilla.
Inacabados
personajes de caucho
ocupan troqueles de sonrisas.
El herrero, sin encargos de cobre
o chatarra forjada,
apaga el brasero.
Donde antes sacaba
la forma única
repite al infinito el mismo diente perfecto.
Pero no dimite, se
pavonea
bajo el grueso delantal en cuero
que aporta virilidad a su derrota.
Escucha a los
pajarillos
del parque cercano,
le da por desmembrarme en ácidos
que terminan por prender fuego
en el bajo de su pantalón.
Hace el paripé de abandonarme
en la
repisa
entre personajes de teatro
excepcionalmente idénticos,
como catalejos de balcones
enrarecen la atmosfera.
El herrero acomoda
dos bolas de cristal en mis ojos,
quizás no sea la vista la que lleva
al siniestro
y el punto dramático de mi destino
repose en la lengua.
Murmura: «Te van a cortar la úvula
si atrapas la esencia.
De tu pulmón brota
un perfume raro.
Si hablas, si te afilo la lengua
es para que dictes señas
al enemigo de la Corona».
Desvelada por el
martilleo
de una máquina compresora,
me
humaniza
el hacha que talla
mis venas
hasta hacerlas hilo.
_Qué todo se asemeje al destino _
Y no sangro,
ni un grito
quiebra el techo
donde antes se
fabricaba la raza
del paraíso.
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