Son juego é mi tierra, ven, ven, ven. Concierto barroco, Carpentier


 Fragmento de Concierto barroco - Alejo Carpentier


"...Filomeno se fue acercando lentamente a la imagen, como si temiese que la Serpiente pudiese saltar fuera del marco y, golpeando en una bandeja de bronco sonido, mirando a los presentes como si oficiara en una extraña ceremonia ritual, comenzó a cantar:
-Mamita, mamita,
ven, ven, ven.
Que me come la culebra,
ven, ven, ven.

-Mírale lo sojo
que parecen candela.
-Mírale lo diente
que parecen filé.

-Mentira, mi negra,
ven, ven, ven.
Son juego é mi tierra,
ven, ven, ven.

Y haciendo ademán de matar la sierpe del cuadro con un enorme cuchillo de trinchar, gritó:
-La culebra se murió,
Ca-la-ba-són,
Son-són.

Ca-la-ba-són,
Son-són.

-Kábala-sum-sum-sum -coreó Antonio Vivaldi, dando al estribillo, por hábito eclesiástico, una inesperada inflexión de latín salmodiado. Kábala-sum-sum-sum -coreó Doménico Scarlatti. Kábala-sum-sum-sum -coreó Jorge Federico Haendel. Kábala-sum-sum-sum -repetían las setenta voces femeninas del Ospedale, entre risas y palmadas. Y, siguiendo al negro que ahora golpeaba la bandeja con una mano de mortero, formaron todos una fila, agarrados por la cintura, moviendo las caderas, en la más descoyuntada farándula que pudiera imaginarse -farándula que ahora guiaba Montezuma, haciendo girar un enorme farol en el palo de un escobillón a compás del sonsonete cien veces repetido. Kábala-sum-sum-sum. Así, en fila danzante y culebreante, uno detrás del otro, dieron varias vueltas a la sala, pasaron a la capilla, dieron tres vueltas al deambulatorio, y siguieron luego por los corredores y pasillos, subiendo escaleras, bajando escaleras, recorrieron las galerías, hasta que se les unieron las monjas custodias, la hermana tornera, las fámulas de cocina, las fregonas, sacadas de sus camas, pronto seguidas por el mayordomo de fábrica, el hortelano, el jardinero, el campanero, el barquero, y hasta la boba del desván que dejaba de ser boba cuando de cantar se trataba -en aquella casa consagrada a la música y artes de tañer, donde, dos días antes, se había dado un gran concierto sacro en honor del Rey de Dinamarca... Ca-la-ba-són-són-són cantaba Filomeno, ritmando cada vez más. Kábala-sum-sum-sum -respondían el veneciano, el sajón y el napolitano. Kábala-sum-sum-sum -repetían los demás, hasta que, rendidos de tanto girar, subir, bajar, entrar, salir, volvieron al ruedo de la orquesta y se dejaron caer, todos, riendo, sobre la alfombra encarnada, en torno a las copas y botellas..."

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