samedi 24 juin 2017

LA MUERTE DE LA NIÑA CECILIA

"Cualquiera en la Ciudad de Matanzas sabía que en vísperas del día 24 de Junio, solsticio de verano, santoral católico de San Juan; no se debe dejar solos a los niños...



"Era el día de San Juan y yo quería irme a la calle Río a jugar con los hijos del bodeguero. Entonces yo tenía tres años y a mi madre no le quedó más remedio que explicarme como a esa misma edad había desaparecido en aquella misma calle la niña Cecilia."

Darrell K. Sweet, The Wise Assemblage 


LA MUERTE DE LA NIÑA CECILIA

Las luchas de Palo Monte -Regla Bruja- contra el racismo y la pobreza




Stage Of The Arts, Inc.

Los Ángeles, CA

RESUMEN:



Los Bantú (pueblos del antiguo Congo) representan la mayoría de los esclavos entrando a Cuba durante el siglo XVII y principios del XVIII. Después que la trata de esclavos se hizo ilegal, los Yorubas (pueblos de Nigeria y el antiguo Calabar) se convirtieron en el principal grupo de esclavos arribando a Cuba. El sincretismo de la religión Yoruba y los santos de la Iglesia Católica crearon un compromiso social llamado "santería", el cual fue "aceptado" por la cristiandad durante la República y patrocinado después de 1959 como valor folklórico y patrimonio cultural del pueblo cubano. Pero no existe simbiosis entre la Cristiandad y los pioneros de los grupos Bantú; los Paleros creen en un Dios Supremo y Creador del Universo pero la teología conga trabaja con mpungos (fuerzas intangibles) que no son antropomórficas como los Orichas. Mientras la Santería es "aceptada" en la sociedad cubana, la Brujería de los magos africanos es todavía considerada una práctica diabólica. La provincia de Matanzas, Cuba, representa la mayor congregación de la religiosidad de Palo Monte. El domingo 22 de Junio de 1919 en la Ciudad de Matanzas, una niña de tres años, Cecilia Dalcourt, se extravió en las calles. La prensa y la policía coincidieron al afirmar que Cecilia fue secuestrada y sacrificada por los brujos. Afrocubanos supuestamente practicantes de Palo fueron encarcelados. El Dr. Armando Carnot, alcalde de la Ciudad, fue acusado de trabajar con los brujos y la turbamulta se amotinó en el apacible pueblo. Aquella noche sangrienta de Junio, los guardias del Castillo de San Severino abrieron fuego. Ochenta años después, el misterio de la Niña Cecilia prevalece. Durante 1997 y 1998 condujimos estudios de campo en Matanzas, Cuba, incluyendo periódicos de los años 20's, entrevistas con paleros y testimoniantes de causa. La tumba de la Niña Cecilia fue abierta y los restos estudiados por un médico forense. El supuesto "cuerpo del delito" se trataba en realidad de un feto.



Cualquiera en la Ciudad de Matanzas sabía que en vísperas del día 24 de Junio, solsticio de verano, santoral católico de San Juan; no se debe dejar solos a los niños. Siempre existía la posibilidad de que algún negro brujo viniera a robarse algún niño.

Yo crecí jugando a las canicas y la kimbumbia en la calle Zaragoza, y a fuerza de tanto hacer rodar las bolitas de cristal sobre aquella calle, aprendimos a reconocer los plátanos de Changó y las bolsitas con brujería.

En una esquina quedaba la Primera Iglesia Bautista que se fundó en 1895, en la otra esquina quedaba la funeraria Torres. Así que la cuadra "estaba buena" para depositar toda suerte de magia y hechicería allí donde se juntan todos los conjuros: en las cuatro esquinas.

Calle Río (calle Tello Lamar la bautizaron luego). A un par de cuadras corre el río San Juan y andando en dirección opuesta se llega enseguida a la casa de Rolando Teruel Cartaya, fundador de La Unión, el sindicato que luchó por ganar derechos sociales para los obreros negros durante la República. Rolando tiene ahora 92 años y es nieto de Remigio Herrera (Addé Chinva) quien introdujo los tambores batá en Matanzas e inició al primer babalao (sacerdote de Ifá) cubano un 3 de diciembre de 1872.

Aún el asfalto no había cubierto los adoquines centenarios ni las aceras de granito habían remplazado todas las grandes lajas de piedra negra. Era el día de San Juan y yo quería irme a la calle Río a jugar con los hijos del bodeguero. Entonces yo tenía tres años y a mi madre no le quedó más remedio que explicarme como a esa misma edad había desaparecido en aquella misma calle la niña Cecilia.

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