Manuel Sosa reabre la Finca.

Desde hace años me vienen pidiendo que reviva mi antiguo blog, cosa que nunca he pensado hacer, pero he creado un archivo de escritos publicados en el mismo, y al cual iré actualizando con cosas recientes además. Es cierto que la dinámica de los blogs se ha muerto, pero aquí podrán leer un poco de aquella "belle époque", sobre todo artículos y provocaciones que siempre faltan en esta laguna estancada.

una entrada para deseo!

LUNES, 13 DE FEBRERO DE 2017

Mi papel en la feroz campaña mediática

Desde lejos, desde mi propia comarca quizás, alguien me imaginará rodeado por la maquinaria implacable con que se destila una guerra conceptual: habitación abarrotada de cables noticiosos, ordenadores que centellean, voces de mando, tráfico de escribientes y correctores; y dominando el campo de batalla, el tecleo incesante de los mecanógrafos. Espacio y tiempo comprados por otro poder, elstylus al servicio del enemigo de siempre. Así me tendrá que ver la familia, que intentará disculparme, alegando que fui un incomprendido, que un poco de paciencia hubiera bastado para retenerme. Ellos se atrincheran y yo lanzo volantes desde los aires, más allá del “espacio limítrofe”. El cuestor de Poderes ha terminado siendo su intérprete, en la otra orilla.
   Si me pidieran escribir la ficha, el résumé, si me pidieran alejarme y hacer un retrato fiel del legionario, dejaría algo así:
   a) Su obsesión es comprender y luego desentenderse, porque el conocimiento es inútil si se pretende aplicar de manera didáctica. Comprender y callar, avisa el dios.
   b) Ha indagado menos de lo que prefiere, pero algunas de sus pesquisas han resultado muy dolorosas.
   c) Admite que buscar un estilo es perder el estilo que ya estaba, el don natural.
   d) Prefiere mirar a enemigos y amigos por igual, en la neutralidad del conocimiento.
   e) No sabe el significado de la palabra “requebrar”.
   f) Ha aprendido que ningún gobierno es redimible, y que todo proyecto social parte de la anulación del individuo.
   y g) Su ojo crítico lo mantiene alerta, alimenta el cinismo que necesita para sobrevivir.
   Pero si tuviera que simplificarlo, bastaría admitir que la escritura es su tarea ciega, dictada por las fuerzas de lo inconveniente: el voto en contra, la tos en la sala, la prolongación del grito, la silla rechinando, el espectador que se levanta antes de que caiga el telón. El Poder no teme al estrépito y la grandilocuencia, sino a los actos sencillos y cotidianos: una mujer que escribe a so-las, un oidor que no concilia el sueño, alguien que prefiere actualizar el diario en secreto. La persistencia del individuo, esa es la campaña feroz a la que tanto temen.

© Manuel Sosa

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