Felicidades CACHITA, patrona de Cuba
Para saludar a Oshún, se utilizan saludos en yoruba como ¡Yalodde Yeyé Kari!, ¡Yeyeo!, o ¡Omoriyeyeo!, especialmente al pedir bendiciones de amor, prosperidad y dulzura, ofreciendo a menudo miel, canela, flores amarillas y una campanita para llamar su atención.
Virgen de la Caridad del Cobre: Sens, historia y simbolismo
Asesu Yemaya. Mi Madre Agua, Ashé para todos tus hijos.
La aparición de la Virgen de la Caridad del Cobre, según el presbítero Bernardo Ramírez, fue en 1782, basado en las anotaciones del capellán del santuario del Cobre, D. Onofre Fonseca en 1703.
A principios del siglo XVII, específicamente alrededor de los años 1627 o 1628, tres individuos partieron del Hato de Barajagua, jurisdicción del Real de Minas de Cobre, en la oriental Cuba colonial. La expedición tenía como objetivo la recolección de sal en la Bahía de Nipe. El grupo estaba compuesto por dos hermanos de origen indígena, Rodrigo y Juan de Joyos, y un niño criollo de aproximadamente nueve o diez años de edad, llamado Juan Moreno.
Tras pernoctar en un sitio conocido como Cayo Francés o La Vigía, las adversas condiciones meteorológicas les impidieron durante tres días consecutivos realizar su tarea. En la madrugada del cuarto día, lograron embarcarse hacia la costa. Al amanecer, con el mar inusualmente en calma, avistaron a lo lejos un objeto blanco flotando sobre las aguas. Al aproximarse, identificaron que se trataba de una imagen de la Virgen María sobre una tablilla que fungía como una pequeña balsa. Procedieron a rescatarla y subirla a su canoa.
La efigie, que sostenía al Niño Jesús en su brazo izquierdo y una cruz de oro en el derecho, se encontraba acompañada de una inscripción que, según los relatos, fue leída por Rodrigo de Joyos —el único alfabetizado del grupo— y que decía: “Yo Soy la Virgen de la Caridad”.
Tras el hallazgo, los tres navegantes completaron su objetivo, recolectando la sal en recipientes de yaguas, y emprendieron el regreso. La imagen fue depositada inicialmente en una barbacoa en la costa, para luego ser transportada las aproximadamente quince leguas que separan la bahía de Nipe del Hato de Barajagua. Posteriormente, fue conducida otras quince leguas hasta el caserío principal del Real de Minas de Cobre.
La veracidad del evento se sustenta en testimonios recogidos décadas después, en 1688, durante las primeras pesquisas eclesiásticas oficiales para validar la aparición. En dicha investigación, Juan Moreno, ya adulto y último testigo superviviente del suceso, ratificó la historia, aunque sin precisar fechas exactas. Su declaración fue corroborada por el testimonio indirecto de otros pobladores, quienes conocían el acontecimiento a través de la tradición oral transmitida por los tres protagonistas originales.













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