en la isla se sobrevive al infierno... carnavaleros puteros y mierderos zurdos.

 

Señor, da a cada quien su propia muerte.
El morir que de cada vida brota,
donde él tuvo amor, sentido, apremio.
Pues solo somos vaina y hoja.
La gran muerte que todos llevan en sí,
fruto en torno al cual todo gira.
Por ella se alzan las muchachas
y como un árbol salen de un laúd,
y los muchachos aspiran a ser hombres;
y en las mujeres los jóvenes confían
ante miedos que nadie más asumiría.
Y por ella sigue lo contemplado
como eterno, aun cuando se marchó hace tiempo;
y quien formaba y construía
se hizo mundo por ese fruto, se heló y derritió,
y se enredó con él y le dio luz.
En él ha entrado todo calor
del corazón y el blanco ardor de los cerebros.
Pero tus ángeles pasan como bandadas
y vieron que estaban verdes todos los frutos.
Rainer Maria Rilke,
(Praga, Imperio Austrohúngaro, 1875 - Val-Mont, Suiza, 1926),
“Tercer libro: El libro de la pobreza y la muerte”,
El libro de las horas, Amotape, Lima, 2019
Traducción de Renato Sandoval Bacigalupo
Rainer Maria Rilke

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