samedi 18 novembre 2017

Félicette tendrá una estatua en París, miauuuuuuuu

LA única gata que fue al espacio 

tendrá una estatua en París


Félicette,  la única gata que viajó al espacio, y que regresó sana y salva, tendrá su propio monumento en el centro de París.

Una campaña en el sitio web Kickstarter recaudó con éxito más de 57 mil dólares para crear “un monumento conmemorativo adecuado” para Félicette, una hembra de color blanco y negro que ayudó a allanar el camino para que los humanos viajasen al espacio.
El 18 de octubre de 1963, Francia convirtió a Félicette en el primer y único felino en viajar al espacio. Se lanzó sobre un cohete Véronique AG1 y voló cerca de 157 kilómetros sobre la Tierra, donde experimentó la ingravidez. Su cohete se elevó hasta seis veces la velocidad del sonido y la expuso a 9.5 G de fuerza. Quince minutos más tarde, regresó a la Tierra.
Félicette fue la elegida de los 14 gatos incluidos en el programa espacial francés para someterse a un entrenamiento de vuelo espacial.
El entrenamiento involucró el mismo tipo de centrifugadora en el que los astronautas humanos se sientan durante su entrenamiento de verificación previa. Los gatos también tenían electrodos implantados en sus cerebros para que los científicos pudieran controlar su actividad neurológica.

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El amor en el desamor, Margarita García Alonso, 1992, Oleo


El amor en el desamor,
Margarita García Alonso, 1992, oleo, 1m20 x 80 cm de ancho.

CUBA, ESTRATEGIA, HUIDA, CREACIONES DIGITALES MARGARITA GARCIA ALONSO










CUBA, ESTRATEGIA DE LA HUIDA,
HUIDA
CREACIONES DIGITALES
MARGARITA GARCIA ALONSO

Ángulos. foto #marga #LeHavre













A veces, poema de Fayad Jamis.

By Timothy Easton (b.1943)



A veces, poema de Fayad Jamis. 


A veces, en el silencio del pasillo, algo salta,
rompe alguien algún viejo nombre.
La mosca enloquecida cruza zumbando, ardiendo
lejos de la telaraña luminosa.
Esto es así, tan solo; pero tan lleno de sorpresas.
Caserón de fantasmas sin hijos, en l polvo 
hace nuevas ventanas, nuevos muebles y danzas.
No, tú no lo conoces, tú no me has visto mucho las pupilas
y por eso te llenas de lágrimas. Escúchame:
mi casa no es fuga; está lejos siempre.
Por estas escaleras se sube hasta lo negro.
Uno se cansa de subirlas y jadeando se duerme
sin saben ni los días, ni la fiebre, ni el ruido inmenso
de la ciudad que hierve al fondo.
A veces, en el silencio del pasillo, alguien nace de pronto,
alguien que toca en la puerta sin número y que llama.
No, tú no has estado aquí jamás. Ni, tú no vengas.
Mi palabra es abrir, pero es que casi siempre
ando de viaje.

BIEN NUBLADO e invernal

Morning by Amy Katherine Browning.

9 de temperature sobre Le Havre

Dans l’interminable …

Paul Verlaine
Dans l’interminable
Ennui de la plaine,
La neige incertaine
Luit comme du sable.

Le ciel est de cuivre
Sans lueur aucune,
On croirait voir vivre
Et mourir la lune.

Comme des nuées
Flottent gris les chênes
Des forêts prochaines
Parmi les buées.

Le ciel est de cuivre
Sans lueur aucune.
On croirait voir vivre
Et mourir la lune.
Corneille poussive

Et vous, les loups maigres,
Par ces bises aigres
Quoi donc vous arrive ?

Dans l’interminable
Ennui de la plaine
La neige incertaine
Luit comme du sable.

Paul Verlaine, Romances sans paroles (1874)

Es la edad que avanza, tal vez, la traidora, y nos amenaza con lo peor.

Aleksei Gritsai Veranda at Senezh


“Lo que más me aturdía era el furibundo metro. Al otro lado del patio, que más parecía un pozo, se iluminó la fachada a través de una, dos y luego decenas de habitaciones. Podía ver lo que ocurría en algunas de ellas. Eran matrimonios que iban a acostarse. Los americanos, después de las horas verticales, parecían tan decaídos como nosotros. Las mujeres tenían los muslos muy gruesos y muy pálidos, al menos las que pude ver. 

La mayoría de los hombres se afeitaban antes de acostarse y fumando al mismo tiempo.
Una vez en la cama se quitaban primero los lentes, luego la dentadura postiza, que metían dentro de un vaso, colocándolo todo muy en evidencia. No parecía hablar entre ellos, ambos sexos, exactamente igual que en la calle. Hubiérase dicho grandes animales muy dóciles, perfectamente acostumbrados a aburrirse. En todo sólo pude ver a dos parejas que con la luz encendida hacían lo que yo esperaba, y sin gran pasión. Las otras mujeres comían bombones en la cama mientras esperaban que el marido acabara de asearse. Y luego todo el mundo apagó la luz. 

Es triste ver a las gentes en el momento de acostarse; puede uno darse cuenta que les importa un bledo que las cosas vayan del modo que sea, bien claro se ve que no tratan de comprender el por qué estamos aquí. Les da igual. Duermen de cualquier modo, son unos parásitos, unas ostras, sin ninguna susceptibilidad. Americanos o no. Siempre tienen la conciencia tranquila. 

Yo había visto demasiadas cosas nada claras para sentirme contento. Sabía demasiado y no sabía bastante. Hay que salir, me dije, salir otra vez. Quizás encuentres a Robinson. Una idea estúpida, evidentemente, pero que me servía de pretexto para salir de nuevo, tanto más cuanto que, a pesar de dar vueltas y más vueltas en mi pequeña piltra, me era imposible agarrar el mínimo retazo de sueño. En casos semejantes ni siquiera al masturbarse experimenta uno consuelo ni distracción. Y entonces hay como para despertar. 

Y lo peor es preguntarte si a la mañana siguiente tendrás fuerzas para continuar lo que hiciste la víspera y desde hace tanto tiempo, en dónde encontrarás la fuerza para esas gestiones imbéciles, los mil proyectos que no conducen a nada, tentativas que siempre abortan, y todo para convencerse una vez más que el destino es insuperable, que cada noche hay que caer de nuevo al pie de la muralla, bajo la angustia de ese mañana siempre más precario, más sórdido.

Es la edad que avanza, tal vez, la traidora, y nos amenaza con lo peor. Dentro de uno ya no queda mucha música para hacer bailar la vida, eso es. La juventud fue a morirse al fin del mundo en el silencio de la verdad. ¿Y dónde ir, te lo pregunto, en cuanto no tienes cantidad suficiente de delirio? La verdad es una agonía que nunca se acaba. La verdad de este mundo es la muerte. Hay que escoger: morir o mentir. Yo nunca he podido matarme.”
Fragmento de "Viaje al fin de la noche", de Louis Ferdinand Céline