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Damien Hirst confiesa su cleptomanía artística: «He robado todas mis ideas»

El autor británico reconoce que la totalidad de su obra ha sido copiada de la de otros artistas

Hirst ha sido, desde sus orígenes como brillante «curator», un oportunista que sabía sacar partido de las crisis. El fin del siglo XX necesitaba un poco de sangre con sabor a kétchup y sutiburón conservado en la estructura para-minimalista era un emblema oportuno para una época en la que el postmodernismo ya era un animal disecado y aún no habíamos sufrido el efecto demoledor del atentado del World Trade Center. La época de la globalización necesitaba, para superar el pánico viral, de un arte que tuviera el efecto de un chiste chusco. Consumado el hastío del reality-show, Hirst & Cia. podían lo mismo presentar, como hiciera Tracey Emin una cama deshecha rodeada por rastros deprimentes o unas mariposas tan bellas cuanto siniestras.
Damien Hirst tiene el descaro académico habitual para atribuir sus robos sistemáticos de ideas ajenas a una enseñanza que recibió en sus años universitarios del artista Michael Craig-Martin, que según parece le dijo algo que no ha olvidado: «No tomes prestadas ideas, róbalas». En una entrevista con Peter Blake, el artista pop británico que es recordado por haber hecho la mítica portada de Sargent Peper´s de los Beatles, ha reconocido que sus «pinturas de puntos» no son otra cosa que una copia de las que hiciera años antes Larry Poons. Era algo bastante evidente aunque la mezcla de esnobismo y desmemoria que afecta a nuestra época hace que no fuera algo ni sugerido: Hirst fusilaba planteamientos estéticos ajenos, convirtiéndolos en productos repetidos hasta la saciedad. Sin duda, artistas turbo-propulsados por la economía del arte, como Jeff KoonsTakashi Murakami o Damien Hirst, habían aprendido en el «manual de estilo» warholiano todas las estrategias para ser «buenos en los negocios».
La muestra de Hirst que se instaló en la Aduana y el Palazzo Grassi de Venecia, en paralelo a la última Bienal de Venecia, fue comentada como una mezcla de megalomanía, horterismo hiperbólico y voluntad gigantomáquica. Algunas piezas de «Treasures from the Wreck of the Unbelievable» guardan parecidos «sospechosos» con esculturas deJason deCaires. El artista canadiense Colleen Wolstenholme denunció a Hirst por copiarle descaradamente las obras de su «Medicine Cabinet», aquellas elegantes estanterías de píldoras que alegorizaban el destino de nuestra sociedad hiper-medicamentada.

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