ha muerto la célebre autora de ciencia ficción Ursula K. Le Guin



La escritora estadounidense Ursula K. Le Guin ha muerto, según ha informado su familia y recoge la agencia France Presse. La célebre autora de ciencia ficción, entre cuyas obras destaca La mano izquierda de la oscuridad, ha fallecido a los 88 años en su casa de Portland (EE UU). Las primeras historias de la autora fueron rechazadas por los editores hasta que en 1962 comenzó a publicar en revistas. ­El mundo de Rocannon (1964) fue su primer éxito comercial y el primer peldaño de una carrera que tiene sus hitos en novelas como Los desposeídos, La mano izquierda de la oscuridad, El nombre del mundo es bosque o Un mago de Terramar.

La escritora nació enBerkeley (California) en 1929, hija de dos personajes célebres, el antropólogo Alfred Kroeber (1876-1960) y la escritora Theodora Kroeber (1897-1979), autora de Ishi, el último de su tribu, un clásico de la literatura etnográfica. Se casó en 1953 con el historiador Charles Le Guin, al que conoció cuando ambos viajaban a Francia en el Queen Mary, ella para continuar sus estudios de Literatura. Tenía tres hijos, Eliza­beth, Caroline y Theodore.

en paz descanse


"Cada novela es una obra completa en sí misma compuesta de innumerables, sutiles, poderosas capas expresivas. La distancia temporal no es más que una herramienta para poder atrapar la sustancia de lo que somos."



LAS MÉNADES (URSULA K. LE GUIN)



Leí en alguna parte
que cuando finalmente bajaban a los tumbos la montaña
y llegaban a alguna ciudad desconocida, mucho más que borrachas,
roncas, medio desnudas, con cara de dormidas,
sangre seca debajo de las uñas quebradas
y surcando sus muslos juveniles,
todavía burlándose y riéndose, todavía tratando
de bailar, gritando y tambaleándose, cayendo
en un sueño profundo en medio de los puestos del mercado,
tendidas, indefensas por completo,
mujeres ya maduras, respetables
señoras de sus casas,
venían hasta el ágora y allí permanecían de pie toda la noche,
en silencio
y unidas
como ovejas y vacas en los campos de noche,
vigilando, cuidándolas,
de la misma manera en que sus madres
las habían cuidado.
Y ningún hombre nunca
desafió
ese feroz decoro.

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