vendredi 11 août 2017

El delincuente mayor.



La historia
Esta es la historia de una isla que poseía las playas más bellas del mundo, la tierra más fértil del mundo, la capital más cautivadora del mundo. Esta es la historia de una isla que tenía una de las bailarinas más notables del mundo, uno de los poetas más destacados del mundo y la mejor música del mundo. Esta es la historia de una isla que había sido calificada como la tierra más hermosa del mundo por un marinero que carenó desesperado en sus costas, salvándose de una tripulación que quería cortarle la cabeza por haberla embarcado en un viaje al parecer infinito. Pero poco a poco, con mil traquimañas, cada habitante de la isla quiso poseer para sí mismo la isla, quiso apoderarse para él solo de las mejores tierras y quiso habitar en las casas más lujosas sin importarle que los demás vivieran en la calle. La primera bailarina, en su colosal egoísmo, no permitió que nadie más llegara allí a ser primera bailarina, el gran poeta censuró a todos los otros buenos poetas, y los músicos no querían que nadie más abriese la boca o moviera la cintura si no era para cantar o bailar la música que ellos hacían. Por otra parte, cada cual quería adueñarse, para sí mismo o para sus familiares más allegados o para sus amigos íntimos, de todos los edificios públicos de la ciudad y de los cargos burocráticos más importantes. La ciudad se pobló de torres inaccesibles y mansiones amuralladas. Tan grande fue el pugilato sostenido entre todos los habitantes más prominentes, que eran unos delincuentes extraordinarios, para adueñarse de toda la isla que de entre ellos salió un delincuente mayor, un superdelincuente, producto típico de todos aquellos delincuentes, y con su propia banda de delincuentes redujo a todos los demás delincuentes, proclamándose él el delincuente único. Rápidamente se adueñó de todas las playas, de todas las tierras, de todas las ciudades y obligó a la gran bailarina, al gran poeta, a los cantantes y a las orquestas a que bailaran, tocaran y cantaran sólo para él.
Reinaldo Arenas / El color del verano

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