samedi 10 juin 2017

Los intelectuales reformistas en Cuba, por José M. Fernández Pequeño




Professor Hoffmann, Modern Magic, 1877




por José M. Fernández Pequeño

Los intelectuales reformistas en Cuba terminaron convirtiéndose en un grupo privilegiado. Publicaciones, promoción, derechos de autor, pago por conferencias y otras actividades, trabajos que permiten mucho tiempo para investigar o escribir, acceso a Internet, un sistema de eventos que los mueve por todo el país y permisos para viajes al extranjero. 

En fin, todo aquello a que aspiraría un intelectual en cualquier lugar del mundo... pero en un país empobrecido, donde la inmensa mayoría de la población vive del invento o del familiar que deja los pulmones trabajando en el extranjero. 

Si el intelectual reformista es, además, crítico, pues resulta más útil todavía: ayuda a demostrar que en Cuba es posible señalar problemas sin que pase nada. Hasta ahí. Lo que no puede hacer el intelectual reformista es salirse de los límites que tiene trazados, esto es: que el sistema de gobierno cubano es perfectible, lo cual quiere decir que, con defectos o no, es el mejor sistema que puede tener el país. Si su crítica desborda el plano económico y social para tocar el político (y, con este, a la cúpula gobernante), entonces pasa a la acera de enfrente, deja de ser un reformista para convertirse en aliado del enemigo, y se acabaron las publicaciones, los derechos de autor, el pago por conferencias, el acceso a Internet, el trabajo que deja tiempo, los eventos y, en los casos extremos, hasta los viajes al extranjero. 

Por eso, no les pida que se manifiesten públicamente por la expulsión de un profesor o un estudiante de una universidad cubana; no cometa el exceso de esperar un reconocimiento de que la pobreza cubana se debe a la ineficacia del sistema político imperante en la Isla. No, sus "ventajas" dependen del silencio conveniente, del respeto de los límites, de las zonas cuyas oscuridades deben permanecer (al menos en público) oscuras. Su capital no le pertenece, depende de que el poder se lo dé o se lo quite. Tan triste como eso.


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