lundi 12 juin 2017

Café con leche, poema de Juan Carlos Recio.

Enrique Serra y Aunque


Café con leche.
Es posible que no sepas todavía
que los que se quedaron viajan en los mismos trenes
tras los mismos barrotes
en la misma cárcel
con los mismos carceleros
la misma estirpe de dictadores
y sus herederos
y venden, además, las mismas cosas heredadas
-el miedo, la delación, la envidia
y también la heroicidad de resistencia, claro.
Y si no te lo han dicho
el dolor es lo único que los ha desarraigado
para permanecer en un es quien fue un es quien sabes;
la cuadrante, donde cualquier horizonte es una utopía.
La vida de jineteros y graduados
es más decente porque alivia
aquello que las escuelas al campo daban
en reconcentraciones para una novelada.
Si te refieres a la cobardía de los que se quedaron
recuerda que al irte te llevaste contigo
todos los silencios por los que la vida era tan dura
y ahora lo es en la lejanía y el lamento.
No hay diferencia entre la buena o mala conducta
todos fuimos tratados como delincuentes
obligados a delinquir
y hacer que la mentira fuese un asunto viable
y la amistad con los pueblos
_como el noticiero del Icaic_
un mundo ambiguo de colores tenues en apariencia
un gris de luto una línea del mismo mapa
que deslumbra como si la Belleza del Sena
fuera un polvo de oro viajando por el Sahara
un domingo sin opio en el Boulevard de San Rafael
una federada que orina sin pudor en la calle Galiano
porque sus lágrimas ya no tienen las cenizas
del féretro que paseo más de medio siglo
nuestras libertades por el forro, el curso del cauto
la presa de Zaza y los cojones…
He repetido la consigna del no jodas
el traidor y el culpable
y los victimarios
son como esa agua de la bahía que penetra el gran muro
y mezcla la vida de los de abajo
exilio y provincia
el fondo de un barco que arrastra
la vida cursi de los miserables
y esa idea de que allí,
cualquier incongruencia es un acto de fidelidad.
No jodas compadre, no eres menos que la cáscara del palo
donde al atardecer los muertos se trepan para pasar la noche
y debajo los animales siguen en los prostíbulos abiertos
para que el mundo siga abierto y arriben
con ungüentos, y semen, para los nativos,
y en los patios caseros la marihuana y el marabú
visualicen una continuidad patria tan sólida
como ese símbolo que enterramos del patria o muerte
y aún no nos salva de padecer
de muertos de ultratumba
y porque hasta nuestros padres siguen vivos
en el mismo silencio por separados.
Dile por favor a Adelita que no se vaya con otro
que la celda es dura y aquí todos los problemas son políticos…
ah y que escapes, no significa que a Nicolás
lo dejen trabajar en los hoteles
y tampoco que la lucha es difícil
como un coro de la Iglesia
que ora ante el altar y canta como un gallo
tres veces
cuando los golpes van de Carlos tercero
a Cien y Aldabó
porque Matías Pérez ya hizo
de Cien pájaros bajando por Línea
y uno en la mano
para dar vuelta tras la Ceiba aquella
que la ciudad balanceaba en su prosperidad.
Luego como dijo Sigfredo Ariel:
duerme en cualquier cuarto del país
y si no alumbras con el corazón
has algo para que al mover el culo
como todos tus paisanos, en la desgracia y el feeling
destilen, y le pidan a José Martí
esa lágrima negra del agila en acecho;
luego, si te conviene tumba la caña como Lola
y has que el fuego no se apague
como Tula, que además del guaguancó
sigue de bar en bar de trago en trago
porque el ron con agua después de todo
es otro día que amanece,
y si los mercaderes en el templo
con sus baratijas
alguna vez juntos,
sacarán la cruz que a los ojos arde
quizás conciencia sea coherente y le diga, definitivo,
a fragancia que la quiere
y de ser posible, ser feliz cojones, feliz…
porque la vida es dura
y el odio no es el café que nos muele.
Juan Carlos Recio
Marzo 11 del 2017

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