dimanche 7 mai 2017

Reverta Navas en Zacatecas



Roberta Navas met the Spider Woman. She wanted to take me to her cave but I hid myself and ran away. Zacatecas — July 10, 1939



Poemas místicos


RICARDO GÜIRALDES

24 de Diciembre 1926



Hoy, hace mil novecientos veintiséis años que naciste. 
Es decir, hoy, la humanidad nació a ti. 
¡Que habías de nacer en fecha alguna, tú que eras nacido desde siempre! 
Habías venido a un cuerpo sufridor como el nuestro para estar más presente en sangre y en dolor. 
Y tu cuerpo entonces era tan pequeño, que no podía saber de ti sino un mandato de hacerte digno de sobrellevar la cruz de liberación. 
Hoy naciste y fue una gran mancha de luz sobre el mundo. 
La fecha es un bien para nosotros y sentimos que algo como un pulso de Dios latió y late en el día periódicamente. 
Todo es más bueno hoy.
Y te sentimos venir al mundo en el hoy de entonces con pasos lejanos en el transcurso de los años, y esa lejanía te vuelve a nuestro sentir, más niño y más nuestro. 
Hace mil novecientos veintiséis años, que el mundo tuvo la extraordinaria dicha de saberte. 

*

Algunos habían seguido tu martirio. 
La pequeña Jerusalén inquieta de harapos y discusiones, seguía picoteando sus migajas de ideas y nada supo de los siglos por venir y de tu advenimiento en el hombre. 
La pequeña Jerusalén inquieta como un sarpullido y piojosa y mugrienta seguía tirada en sus calles. 
-Te doy tres por veinte.
-No, te doy veinte por cuatro.
-¡Me arruinas!
-¡Me robas!
Tu serenidad no tocaba siquiera las cúpulas de sus templos. 
Así pasaste y viniste hacia nosotros. 


*

Tenías los brazos abiertos y en tu pecho cabía el mundo. 
Las estrellas andaban siempre a pesar de tu dolor reducido a la estatura del hombre. 
Y había una palabra en todas partes. Y los que en torno tuyo no comprendían eran un cuadro pequeño de carne ignorante y egoísta. 
Al fin abriste los brazos definitivamente para sobrevolar tu imagen humana. 
Y hubo un pensamiento obscuro, obscuro en las cosas y los hombres tuvieron miedo. 
Tres días esperaste para surgir. 



Mi cuerpo sabe el dolor de la herida y el dolor del placer. 
Mi corazón conoce sus propios engaños y la impotencia de los otros. 
Mi inteligencia ha caído tantas veces que prefiere quedar de rodillas. 
Estoy desnudo como una médula dolorida de encontrarse en contacto descubierto con la vida. 
¡Que mis brazos levantados sean la plegaria fuerte que eleva al que pide! 
¡Que sobre mi soledad caiga una astilla de iluminación como sobre el campo un rayo de aurora noble! 

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