jeudi 18 mai 2017

John William Waterhouse


John William Waterhouse


TAGORE
POEMA

Ven como estés, no te demores más.
Si se te ha deshecho la trenza, si no es recta la raya de tu pelo, si las
cintas de tu corpiño no están atadas, ¿qué importa? Ven como estés, no te demores más.
Ven, con presteza, por la hierba.
Si el rocío hace resbalar la correa de tu calzado, si en tus tobillos se
entreabren las ajorcas de campanillas, si se pierden las perlas de tu
collar, ¿qué importa?
Ven, con presteza, por la hierba.
¿No ves cómo las nubes cubren el cielo? Bandadas de cigüeñas se levantan
a lo lejos, desde la orilla, y furiosas ráfagas de viento se precipitan
sobre el yermo.
El ganado, inquieto, se refugia en los establos.
¿No ves cómo las nubes cubren el cielo? Es inútil que enciendas la
lámpara para mirarte: vacila y el viento la apaga.
¿Quién puede descubrir que no has pintado tus párpados con hollín? Tus
ojos son más oscuros que los nubarrones de la lluvia.
Es inútil que enciendas la lámpara, se apaga.
Ven como estés, no te demores más.
¿Qué importa que tu guirnalda no esté trenzada? Deja ya tu brazalete,
aunque no esté cerrado.
Las nubes oscurecen el cielo, y es tarde. Ven como estés, no te demores más.
Si, por hacer algo, quieres llenar tu cántaro, ven, ven a mi lago.
El agua envolverá tus pies y te murmurará su secreto.
La sombra de la lluvia cercana se extiende sobre las dunas y las nubes
bajas descansan en la línea azul de los árboles, como tu pesada cabellera
sobre tus cejas.
Conozco el ritmo de tus pasos, que resuena en mi corazón.
Si debes llenar tu cántaro, ven, ven a mi lago.
Si quieres permanecer sentada, perezosamente, y dejar que tu cántaro
flote sobre el agua, ven, ven a mi lago.
La hierba de la orilla es verde y por doquier se abren innumerables
flores silvestres.
Tus pensamientos emigrarán de tus ojos oscuros como los pájaros de sus nidos.
Tu velo caerá a tus pies.
Si debes permanecer ociosa, ven, ven a mi lago.
Si, abandonando tus juegos de siempre, quieres zambullirte en el agua
pura, ven, ven a mi lago.
Deja en la playa tu manto azul, y el agua más azul te envolverá.
Las olas se dulcificarán para acariciar tu cuello y susurrar a tu oído.
Ven, ven a mi lago si quieres zambullirte en él.
Si, insensata, buscas la muerte, ven, ven a mi lago. Es frío e insondable.
Es sombrío como una noche sin ensueños.
En sus abismos no cuentan las noches, y los días y los cantos son silencio.
Ven, ven a mi lago si quieres sumergirte en la muerte.

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