samedi 6 mai 2017

Adiós Bladi


Recordando a Bladimir en el Facebook. 


Por Adalberto Ad Guerra

Ha muerto en Cuba Bladimir Zamora Cépedes, se rumora. La única mano abierta para mi en mis años difíciles ha muerto. Le recordaré con el agrado de siempre, con el agrado que siempre me recordó. Hace unos años, para salvar un poco las memorias perdidas, nos cruzamos correspondencia por última vez, yo de este lado del mar y él en su Cuba de siempre, entre alcohol y papeles viejos, como siempre.
Había estado enfermo dijo, pero reía. Tenia la memoria más limpia que yo, aun recordaba que por los años 90s me había pedido ir a la Ronera Habana Club donde para entonces trabaja el poeta Raúl Ortega y un servidor. Sabíamos de antemano que era un reto, pero así y todo entró caminando camuflajeado entre un grupo de trabajadores y salió colgado de los hombros de otros. Vagamente recordaba haber amanecido en Alamar al día siguiente sin saber cómo. Me contaba esto, y de súbito todo regresaba a la memoria, me parecía verle ronco ante un gigantesco barril Bocoy de las naves de añejamiento de Habana Club donde se sentía a decir; “en el paraíso”. Bien pudiera recordale para siempre así, más no sería la manera justa de recordarle.
Bladimir tuvo para conmigo los pantalones que le faltaron a los que más varoniles decían ser, y me publicó en el Caimán Barbudo de Enero de 1989, coincidiendo con el nacimiento de mi hija Keyla, este texto que a continuación les dejo. (el único texto que se me publicó en Cuba, pero no pido más, estoy complacido).
Nos desunían algunos ideales, pero por siempre me une a ti la gratitud que te merecés. Adiós Bladi.
Proverbio para el hijo
“(…) Antes de estar en el vientre te conocí,
y antes que procedieras a salir de la matriz te santifique,
profeta de las naciones te hice..”
Jeremías 1:4.

He tocado mi cuerpo con el asombro del primer resucitado
salté del vacío a la palabra
porque mi edad tenia su fantasma
que danzaba junto al fuego,
no tuve casa ni padre nuestro
solo un camino por donde vi marcharse a mi hermano
con más discordia que amor en su mirada
perseguido por mi tiempo que iba pasando como una peste.

Oh, carrusel gira,
que esta moneda sucia no sepa
porque he escrito un poema a contraluz,
que mis manos no toquen 
por donde esta pasando mi tiempo como una peste.

Oh, carrusel, no iremos a ningún sitio de la noche
con un clavicordio
a alegrar la soledad de estos muertos antepasados míos
que oraron bajo la incandescencia de las lámparas 
que aun siguen oliendo a aceite en mi memoria.

Oh, carrusel pudre,
pudre tu armadura y mi recuerdo,
el equilibrio que soy de dos familias,
cambiame este dolor por un rostro 
para poder silbar el descontento, 
este manso dolor de bestia que cabalga sobre mi piel
en el que esta pasando mi tiempo como una peste.

Oh, tiempo mío es mi edad,
es la sed de mi edad que pasa y gime como una mujer encinta
y uno tiene que soportar el lamento de sus días, 
uno tiene que leer la prensa
saber de los muertos que ganaron el privilegio de ser muertos,
porque mi hijo va a preguntarme por la crisis
y no voy a responderle
que es una mentira más grande que mis ojos, que no mire,
que la inventaron las arañas, 
que no se asuste,
que al primer manotazo las derrumbo.

Hijo mío, 
los abatido son los que danzan junto al fuego
y yo junto a todos los rostros 
y todos los rostros marcando sobre el polvo su danza
oscura como la época misma,
en el fuego está ardiendo un cuerno,
no respires hijo mío,
no respires ahora que está ardiendo un cuerno,
contempla como limpio el aire de la peste y no respires
que te hará daño saber como huele mi época.

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