lundi 10 avril 2017

SIMBOLOS





Dios mío Espíritu

CATHERINE POZZI


Perdóname por haber amado a un hombre como tendría que haberte amado a ti, como te amé, con breves iluminaciones, cuando estabas junto a mí.
Perdóname por haberme amado con todas mis fuerzas en el ardor y en la aberración.
Perdóname por haber buscado mi dicha.
Perdóname por haber comprendido en vano ya que a los demás no les aprovechó en nada.
Perdóname por haber estado orgullosa de los soles de sapiencia que me dejabas ver y de los cuales no desvié ni siquiera un rayo para aquellos que sufren.
Perdóname porque tú me habías enviado para que reflejase más claramente el mundo, y porque perdí mi vida en los caminos cortando las florecillas de la vanidosa erudición.
Perdóname por la estéril voluptuosidad de los sentidos, y por ese placer de la vista que produce la armonía cuya enseñanza no traduje en pensamiento ni en ritmo.
Perdóname por haber sido rica en vano de la belleza del mundo.
El espíritu y la materia son una misma cosa y yo no lo enseñé.
Estaba hecha para buscar con los microscopios del saber la raíz sutil del espíritu pero creía que siempre dispondría de tiempo.
Estaba hecha para encontrar quizás en un símbolo de vertiginosa biología la justificación del extraño dogma católico y me dejé arrastrar a otra parte.

Perdóname, perdóname.
Vuelvo al silencio con las manos vacías, y estos escritos que se quedan solos son también vanidad.
Concédeme el trabajar en otra parte en lo que pueda ser útil a tu reino y a su paz activa y a su armonía trascendente.
No me rechaces como al obrero incapaz. Quiero renunciar a la felicidad estólida y personal que no hace crecer el universo; quiero ayudar, ayudar, ayudar, a esos innúmeros yo mismos de carne y sufrimiento que suben con la ilusión del espacio, a lo largo del tiempo tan pesado, los escalones de tu escalera de oro.
Concédeme el ayudar, te lo pido con el grito de mi ser entero que embarga la sinceridad que proviene de ti. E inclínate sobre mi agonía.

Amén.

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