jeudi 6 avril 2017

"Nobody cries alone" © Margarita García Alonso




Karomama


Mis pensamientos te pertenecen, reina Karomama del tiempo antiguo,
Niña doliente con piernas demasiado largas, con manos tan débiles,
Karomama, hija de Tebas,
Que bebías el trigo rojo y comías el trigo blanco
Como los justos en la tarde de los tamariscos.
Pequeña reina Karomama del tiempo pasado.


Mis pensamientos te pertenecen, reina Karomama
Cuyo nombre olvidado canta como un coro de quejas
En la sonrisa a medias y en el sollozo a medias de mi voz;
Ya que es triste y ridículo amar a la reina Karomama
Que vivió rodeada de extrañas figuras pintadas
En un palacio abierto, hace tanto tiempo,
Pequeña reina Karomama.


¿Que hacías con tus mañanas perdidas, dama Karomama?
Hacia la rigidez de algún dios debilucho con cabeza animal
Gravemente estirabas tus brazos torpes y delgados
Mientras suaves fuegos corrían sobre el río matinal.
Oh Karomama, con tus ojos cansados, tus largos pies alineados,
Con tus cabellos torturados, muerta de la cuna de los años...
Mi pobre, pobre reina Karomama.


¿Y con tus días que hacías, sacerdotisa sabia?
Sin duda aguijoneabas a tus pequeñas sirvientas
Dóciles como culebras, pero como culebras indolentes;
Contabas tus joyas, soñabas con hijos de reyes
Siniestros y perfumados, llegando de muy lejos,
De más allá de los mares color de siempre y lejos
Para decir: "Salud a la gloriosa Karomama."


Y las noches de verano eterno cantabas bajo los sicomoros
Sagrados, Karomama, flor azul de las lunas consumidas;
Cantabas la vieja historia de los pobres muertos
Que a escondidas se alimentaban con manjares prohibidos
Y en tus grandes suspiros sentías subir tus caídos senos
De niña negra y tu alma titubeaba de espanto.
Las noches de verano eterno, ¿no es cierto, Karomama?


-Un día (¿Karomama ha realmente existido?),
Con vendas amarillas envolvieron tu cuerpo,
En un féretro grotesco y dulce de madera de cedro lo encerraron.
La estación del silencio deshojó la flor de tu voz.
Los escribas confiaron tu nombre a los papiros
Y todo es tan triste y tan antiguo y tan perdido...
Es como el infinito de las aguas en la noche y el frío.


Quizás tu sabes, oh legendaria Karomama,
Que mi alma está envejecida como el canto del mar
Y solitaria como una esfinge en el desierto,
Mi alma enferma de nunca y de otro tiempo.
Y mucho mejor sabes, princesa iniciada,
Que en mi corazón el destino grabó un signo extraño,
Símbolo de alegría ideal y de real desgracia.


Sí, todo esto lo sabes, lejana Karomama,
A pesar del aire infantil que supo eternizar
El creador de tu estatua pulida por los besos
De los siglos extranjeros que han languidecido lejos de ti.
Te siento cerca mío, oigo tu larga sonrisa
Susurrar en la noche: "Hermano, no hay que reír."
-Mis pensamientos te pertenecen, reina Karomama.

Oscar Vladislas de Lubicz Milosz 

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