dimanche 2 avril 2017

El poeta Yevgeny Yevtushenko“kak bi” se fue a los hielos este primero de abril 2017.

Yevgueni Yevtushenko: "Si hay gente que puede tolerar vivir sin poesía, la humanidad está en un momento peligroso"




Me gustaría...



Me gustaría 


nacer en todos los países, 


tener un pasaporte 


para todos 


que provoque el pánico de las cancillerías; 


ser cada pez 


en cada océano 


y cada perro 


en las calles del mundo. 


No quiero arrodillarme 


ante ídolo alguno 


ni hacer el papel 


de un ruso ortodoxo hippie, 


pero me gustaría 


hundirme 


en lo más hondo del Lago Baikal 


y salir resoplando 


en otras aguas, 


¿por qué no en las del Mississippi? 


En mi maldito universo amado 


me gustaría 


ser una hierba humilde, 


nunca un Narciso delicado 


que se besa 


en el espejo. 


Me gustaría ser 


cualquiera de las criaturas de Dios, 


incluso la última hiena sarnosa, 


pero nunca un tirano, 


ni siquiera el gato de un tirano. 


Me gustaría 


reencarnar como hombre 


en cualquier imagen: 


víctima de una cárcel de tortura, 


un niño vagabundo en los tugurios de Hong Kong , 


un esqueleto viviente en Bangladesh, 


un pordiosero sagrado en el Tíbet, 


un negro de Ciudad del Cabo, 


pero nunca encarnar 


la imagen de Rambo. 


Sólo odio a los hipócritas, 


hienas sazonadas en espesa melaza. 


Me gustaría tenderme 


bajo el bisturí de todos los cirujanos del mundo, 


ser un tullido, un ciego, 


sufrir todo mal, toda deformidad y herida, 


ser un mutilado de guerra, 


o el que recoge las colillas del suelo, 


con tal de que no las penetre 


el infame microbio de la prepotencia. 


No quisiera formar parte de la élite, 


ni, por supuesto, del rebaño de cobardes, 


ni perro de manada, 


ni pastor servil al abrigo de su rebaño. 


Y quisiera ser feliz, 


pero no a costa de los infelices. 


Y quisiera ser libre, 


pero no a costa de los que no lo son. 


Quisiera amar 


a todas las mujeres del mundo, 


y ser también una mujer 


sólo una vez. .. 


La madre naturaleza ha menospreciado al hombre. 


¿Por qué no lo hizo capaz de ser madre? 


Si se agitara un niño 


bajo su corazón, 


acaso el hombre 


sería menos cruel. 


Quisiera ser el pan de cada día, 


digamos, 


ser la taza de arroz 


de la sufriente madre vietnamita, 


el vino barato 


en las tabernas de los obreros napolitanos, 


o el tubito de queso 


en la órbita lunar. 


Que me coman 


que me beban, 


dejadme ser útil 


en la muerte. 


Quisiera pertenecer a todas las edades, 


atolondrar la historia 


y atontarla con mis travesuras. 


Quisiera llevarle a Nefertiti 


en una troika á Pushkin. 


Quisiera multiplicar 


cien veces el espacio de un instante 


para que al mismo tiempo 


pueda beber vodka con los pescadores siberianos, 


y junto a Homero, 


Dante, 


Shakespeare 


y Tolstoi 


sentarme a beber cualquier cosa, 


salvo, por supuesto, 


Coca-Cola. 


Y bailar al ritmo de los tam-tam en el Congo, 


estar en huelga en Renault, 


jugar a la pelota con los muchachos brasileños 


en la playa de Copacabana. 


Quisiera hablar todas las lenguas, 


como las aguas ocultas bajo la tierra, 


y hacer todo tipo de trabajo de una vez. 


Me aseguraría 


de que sólo fue poeta un Yevtushenko, 


el otro un clandestino 


en alguna parte, 


no puedo decir dónde 


por razones de seguridad. 


El tercero, un estudiante en Berkeley, 


y el cuarto un entusiasta huaso chileno. 


El quinto sería tal vez 


un maestro de niños esquimales en Alaska, 


el sexto 


un joven presidente 


en cualquier parte, modestamente digamos Sierra Leona, 


el séptimo 


podría entretenerse en la cuna con un sonajero, 


y el décimo, 


el centésimo, 


el millonésimo... 


Para mí, ser yo mismo no es bastante, 


¡dejadme ser todo el mundo! 


Estaré en miles de ejemplares hasta mi último día 


para que la tierra vibre conmigo 


y las computadoras enloquezcan 


procesando mi censo universal. 


Quisiera combatir en todas tus barricadas, 


humanidad, 


y morir cada noche 


como una luna exhausta, 


y amanecer cada día 


como sol recién nacido 


con una suave mancha inmortal 


en la cabeza. 


Y cuando muera, 


un Francois Villon siberiano, 


que no descanse mi cuerpo 


ni en la tierra francesa, 


ni italiana, 


sino en la tierra rusa, amarga, 


en una colina verde, 


donde por vez primera 


me sentí todo el mundo. 



*Poema escrito originalmente en español

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