dimanche 30 avril 2017

El Greco

Greco

Jésus au jardin des oliviers / Peintures XVIe - XXIe siècles / Chefs-d'Œuvre / Collections - Palais des Beaux Arts de Lille. Le mont des Oliviers (הר הזיתים en hébreu, جبل الزيتون en arabe) est une colline à l'est de Jérusalem ; il englobe en fait les deux collines situées immédiatement au nord de celle-ci. Le lieu est important pour les trois religions abrahamiques.

Book of Revelation


Illustrations to the Book of Revelation (1909).
The stile follows the early 17th century’s Old Believers’ manuscript tradition

"Paseo marino"
La sangre del mar circula roja por los corales
El corazón profundo del agua me zumba en los oídos 
Estoy en el fondo del cielo de las olas 
En el sótano de las aguas profundas 
A la luz muerta del fúnebre cristal
Peces menudos como juguetes de platino 
Recorren mi pelo que ondea 
Peces grandes como jaurías de perros 
Sorben con rapidez las aguas. 
Estoy solo
Levanto el brazo y compruebo su peso líquido 
Pienso en una rueda dentada, en una palmera
En vano intento silbar
Es como si atravesara la masa de una melancolía 
Y diríase que siempre ha sido así 
A medias hermoso y a medias triste.

Max Blecher

las trompetas y el ANGEL

the fourth trumpet of the Apocalypse
(Revelation 8:12-13 ‘and the fourth angel sounded, and the third part of the sun was smitten, and the third part of the moon, and the third part of the stars; so as the third part of them was darkened, and the day shone not for a third part of it, and the night likewise. and I beheld, and heard an eagle flying through the midst of heaven, saying with a loud voice, Woe, woe, woe, to the inhabiters of the earth by reason of the other voices of the trumpet of the three angels, which are yet to sound!’)
Beatus of Liébana, Commentaria in Apocalypsin, Southern Italy 11th century
Bibliothèque de Genève, Ms. lat. 357, fol. 200v


“Aquella palabra”
Le gustó una palabra,
abrió el diccionario,
no la halló,

no logró darle un significado nebuloso…
Pero de noche le habitó
musical, con
un alma vaga.

Dijo: Necesita un poeta
y una metáfora con que verdee y enrojezca
en la superficie de las noches oscuras.

¿Y?
Halló el significado
y perdió la palabra.

Mahmud Darwish



The dream of the statue, by Margarita García Alonso


The dream of the statue, by Margarita García Alonso


Amor, hoy tu nombre
escapó de mis labios
como del pie el último peldaño...
Derramada está ahora el agua de la vida
y la larga escalera habrá
que subir otra vez.


Te he permutado, amor, por palabras.


Oscura miel aún fragante
en los diáfanos vasos
bajo mil seiscientos años de lava—


Te reconoceré por el inmortal
silencio.



Cristina Campo

Foto y poema de Rank Uiller Uiller


The dove... NY...


Rank Uiller Uiller



Censura moral
Los discípulos, solicitud de un sabio que está triste,
Panecio esta llegando a la cima,
el nos desembarcó el eco de los cínicos y su doctrina,
la placentera conversación de un patricio romano y católico,
cuernos de robustos amigos que se hacen fantasmas mas que destinos...
Lucio Fontana,
Giuseppe Capogrossi, 
Antoni Tapies, 
Enrico Castellani
Piero Manzoni con su mierda de artista...
discutirá Yves Klein, y hurtas al Erario;
no se respira la angustia de un fuego,
pechera del descenso elemental ético,
Burri se aburre
mientras Dubuffet se rie ironico y travieso...
Los terrenos se conocen se han sumado, 
en el tribuno a la ciudad con sus puertas.

R.U.

St. Cecilia, John Melhuish Strukdwic

St. Cecilia; Artist: John Melhuish Strukdwic




'Lenguaje de los pájaros'... "

a. Através de su canto los pájaros
comunican una comunicación
en la que dicen que no dicen nada.


b. El lenguaje de los pájaros
es un lenguaje de signos transparentes
en busca de la transparencia dispersa de algún significado.

c. Los pájaros encierran el significado de su propio canto
en la malla de un lenguaje vacío;
malla que es a un tiempo transparente e irrompible.

d. Incluso el silencio que se produce entre cada canto
es también un eslabón de esa malla, un signo, un momento del mensaje 
que la naturaleza se dice a sí misma.

e. Para la naturaleza no es el canto de los pájaros
ni su equivalente, la palabra humana, sino el silencio,
el que convertido en mensaje tiene por objeto
establecer, prolongar o interrumpir la comunicación
para verificar si el circuito funciona
y si realmente los pájaros se comunican entre ellos
a través de los oídos de los hombres
y sin que estos se den cuenta.

NOTA:

Los pájaros cantan en pajarístico,
pero los escuchamos en español.
(El español es una lengua opaca,
con un gran número de palabras fantasmas;
el pajarístico es una lengua transparente y sin palabras).

Juan Luis Martínez

banana

Time for a smile (and a banana) Vladimir Lyubarov

Les élections en France? Instante parfait d'indigestion. Tout le monde mange banane. 
En espagnol? CASCARA, donde pises resbalas y caes en la mierda.

Tengo todo lo que necesito

Vivo en un departamento. Tengo todo lo que necesito a todas horas. ¿Por qué iba a vivir en una casa vacía? Vosotros necesitan estar felices para vivir, yo no.
—Keanu Reeves. Actor canadiense de origen libanés.



Job III

Y después abrió ansí Job su boca, y maldijo a su día. 

Y clamó Job, y dijo: ¡Perezca el día en que yo naciera, y la noche que dijo: Concebido varón! 

Aquel día sea escuridad; no le busque Dios de arriba, y no resplandezca sobre él la claridad. 

Entúrbiele escuridad y tiniebla; more sobre él muerte; asómbrele amargura. 

A aquella noche tómela tiniebla; no se ayunte con días de año, y en cuenta de meses no venga. 

Aquella noche sea solitaria; no venga canto en ella. 

Maldíganla los que maldicen el día dispuestos a despertar a leviathán. 

Entenebrézcanse las estrellas de su noche; espere luz y no, y no vea alboradas de mañana. 

¿Por qué no cerró las Puertas de mi vientre, y encubrió lacería de mis ojos? 

¿Por qué del vientre no muriera; y del vientre saliera y expirara luego? 

¿Para qué me anticiparon las rodillas? ¿Y para qué tetas que mamé? 

Porque agora yaciera y sosegara; durmiera entonces, reposo a mí. 

Con reyes y consejeros de la tierra, los que edifican despoblados para sí. 

O con príncipes, señores de oro, los que hinchen las casas de plata. 

O como abortado escondido no fuera; como chiquitos que no vieron luz. 

Allí malos cesaron de hacer alboroto: y allí reposaron alcanzados de fuerza. 

Juntamente los encarcelados sosegaron, no oyeron voz de acreedor. 

Pequeño, y grande allí ellos; y esclavo horro de su señor. 

¿Para qué se dará al desastrado luz, y vida a amargos de corazón? 

¿A los que esperan la muerte, y no ella, buscáronla más que tesoro? 

¿A los que se alegran con regocijo, y se gozan cuando hallan sepultura? 

¿A varón a quien su camino le fue encubierto, y le cubijó Dios con tiniebla? 

Porque antes de mi pan mi sospiro viene, y corren como agua mis gemidos. 

Que temor temí, y vínome, y lo que temí vino a mí. 

¿No me apacigüé, y no me sosegué, y no reposé? Y vino temblor.

samedi 29 avril 2017

Visuales, by © Margarita García Alonso




EN DESAGRAVIO DE “UN RATÉ”

Tiene uno en la literatura sus aficiones y sus indiferencias. Y es bueno. Está permitido también tener un fanatismo, lo que equivale a decir un amor o un odio.
Amor exclusivo, total, caro como la propia sangre, no tenía yo ninguno hasta que leí cierta vez un libro eminente y feroz, luminoso, con todo lo que puede haber de luminoso, de feroz y de eminente en la testa animal de un querubín.
Ese libro tenía un título denunciador como la escara en el carrillo del criminal: Sudor de Sangre.
Abrí aquel libro como quien abre la jaula de un león y la bestia no apareció, pero en cambio surgió un alma. Un alma o más. Era el libro de un Elegido. Percibíase la garra soberbia, irritada, espantosa, pero limpia y brillante hasta el extremo de que sus cinco uñas parecían cinco estrellas engastadas en cinco sortijas de hierro. Aquello rugía, aullaba, era bramido, ladrido, estertor: todo lo que puede haber en el trueno de un órgano. Mayor prodigio de cóleras no había sacudido jamás mis nervios. Fuera de las páginas más terribles de los profetas, nada tan absolutamente formidable había sonado en la concha de mis orejas. Figuraos un viento que habla. ¿Qué era eso? El relato de un gran crimen: del asesinato de Francia. El tropel de la horda sentíase sobre el quebrantamiento de lejanos guijarros; los grandes bárbaros pasaban con sus patas dominadoras salpicadas del excremento de las tripas rotas, con sus sables, sus cascos, sus caballos, sus cerdas aglutinadas por el sudor, su fuerte carne exhalando tufos bravíos, sus gritos feroces, sus bocas babeantes, sus dientes predestinados de la Divina Cólera para el castigo memorable de un crimen, tan grande como pudiera serlo la podredumbre de todas las llagas, resumida en la pústula de una lengua. Y, lo que es verdaderamente inmenso: de aquel lodo salía uno mejor. De aquel pozo estercolario, de aquel sudadero de infamia, de aquella maravillosa florescencia de lepra, levantábase tal ambiente de justicia inaudita, que por ninguna parte se veía asomar la pata del cerdo. Era siempre el león, la fiera iracunda con su lengua más rosada que las rosas y su noble melena de rayos de sol.
El hombre que así hablaba no era, no podía ser jamás ni diácono ni pontífice de cenáculo. No lo era. Pero se le temía, lo cual es mejor que si se le amara. Conseguir un amigo es vulgar. Conseguir un enemigo es grande. Las abejas no podían con su aguijón impotente contra aquellos ijares aforrados en piel metálica, y por otra parte los almíbares no son del agrado de ciertas lenguas ásperas como los cardos. Tanto valdría un centigramo de ipecacuana en el intestino de Sansón.
Le temían. Más que a una fiera, más que al rayo, más que al veneno, más que a la peste; como se teme a un hombre que quiere decir la verdad, y por eso le aislaron. Mejor. Desde su lazareto él continuó clamando, arrojando sus bocanadas de metralla, esgrimiendo su garrote de asceta sobre todo infame, sobre todo puerco, sobre todo vil, sobre todo embustero, con la dignidad de un santo; látigo y espada a la vez, no perdonando a muertos ni vivos —sin duda porque la infamia no tiene edad— acorazado de virtud, fortificado de ira, imperioso como el instinto, sincero como el odio, consagrado por sus propias manos pontífice de la Verdad ante Dios y ante sí mismo Como las hachas, no tiene sino una misión: demoler. Propónese, pues, emprender una demolición, y allá va, formidable empresario de la ruina, descoronando torres. Nadie le oye. ¿Qué importa? El se oye. La fe es una llama que como los volcanes de la luna se crea el oxígeno necesario para su propia combustión. En cambio, nada tampoco le importa. Ataca el mal de frente, “a la gran manera: a cornadas” como diría D’Esparbès hablando de Massena. Penetrará en las tumbas, y en el hueso sacro mondado por los gusanos, descubrirá la mancha arseniosa denunciadora del vicio ocultado. Él posee para eso un aparato mejor que el de Marsh. Descorrerá las sábanas de la cortesana y con su dedo implacable mostrará la víbora oculta en ese ombligo. Quitará brutalmente sus morriones  los capitanes de la Fama, romperá los alamares de sus dormanes, y les presentará desnudos, con el haber total sus lacras y de sus tiñas. La teja de Job es en sus manos un instrumento de exterminio más provechoso que la piedra “de ancha base y cónico vértice” con que Héctor quebrantaba las corazas legendarias de los enemigos de Ilión. Con esa teja irá él a desencajar los goznes del pórtico académico, a reventar los cerrojos de las aduanas literarias que decomisan el oro puro cuyo desdén para las alianzas con el cobre, es infinito, a conmover con eternos golpes, con golpes, formidables como palpitaciones de corazón, la indiferencia atea, el innoble lucro, el oficialismo de sacristía, que manchan el templo de su Cristo, terrible y fulminante como el del compañero Schneider (otro demoledor que ama a Cristo, a la Canalla y a la Guillotina) y los goznes y las llaves y los cerrojos quedarán esparcidos en pedazos como el puñado de muelas de una mandíbula abofeteada.
Propos d'un entrepreneur de démólitionsLa Chevalière de la Mort y el citado Sueur de Sang, son nombres de sus obras. En el libro Los Raros puede encontrarse el mejor estudio que de este autor se haya hecho en lengua española. Enrique Gómez Carrillo que en su Literatura Extranjera, no debió olvidarle, le olvidó. El sabe bien por qué.
 De sus méritos como escritor puede decirse que es uno de los primeros prosistas de la lengua francesa, y el más audaz, el más fuerte, el más férreo de los escritores contemporáneos de esa lengua. Su panoplia está compuesta de hoces.
No se le nombra, es verdad, porque su obra es la de un verdugo y su nombre escandalizaría los oídos del periodista elegante, del revistero superficial     que elige los temas fáciles con que ha de bordarse el  canevas del folletín, y también del profesor, cuya cartilla prosódica resulta insuficiente, por más que sea correcta, sabia, preciosa, si se quiere, ante ciertas grandezas desconocidas que es fácil condenar con todo el peso del autoridad conquistada, cuando se debe hablar, porque resultaría incomprensible el silencio, y porque dictaminan que nadie ha de atreverse con los puños del heraclida.
El autor de que se trata es casi desconocido en este país hasta por los que hablan de él a favor de méritos indiscutibles que por desgracia no siempre saben resignarse a la imposibilidad de la omnisciencia. Y es en este caso cuando los mejores están expuestos a adoptar el juicio ajeno como verdad absoluta, tropezando y llevándose por delante la piedra en que tropiezan, pero tropezando al fin. No se ha leído a ese Fuerte, cuando el juicio de quien es capaz de hacerlo relevante, sólido y bello como las cinceladuras de un capacete florentino, viene condensado en una palabra errada, en un concepto despreciativo, para envolver al eminente verdugo cuya ruda maza labrada en la más culminante encina de la montaña bíblica, puede levantarse a la par de las nobles lanzas cuyo hierro es conocido de las cobardías cargadas sobre las espaldas como jorobas de oprobio. Por ahí dicen, y eso es lo que se lee, que ese vengador es un coprófago, como los perros. Igual comparación podía usarse para designar a Ezequiel.
Es verdaderamente lamentable que así se dé pábulo a los incapaces y a los ineptos, encarnizados ahora más que nunca en la guerra contra los fuertes y los capaces; y que el culpable de tal ligereza tenga vigor suficiente para que a favor suyo pueda medrar la abundante cosecha criptógama que ha germinado con los primeros síntomas del renacimiento mental, profusamente, como toda vegetación adventicia y parasitaria.
El error es grave y está autoritariamente sustentado con una especie de fallo olímpico y audaz pero arbitrario, por haberse redactado contra un reo de quien sólo se conoce el nombre, pero cuyo pecado sólo se sospecha. Y sin embargo, cuán luminoso, cuán grande, cuán digno de ser conocido y admirado es ese reo, que firma Léon Bloy y ha sido llamado raté por el maestro Groussac en un artículo de LA BIBLIOTECA, que hoy reproduce La Nación.


LEOPOLDO LUGONES
en

Desagravio a Léon Bloy

de la vaga

" Along the Shore ", 1914, Joseph Edward Southall (English, 1861 - 1944).
Buen fin de semana largo, trabajadores, que vuestra riqueza espiritual aumente y no les falte nada en la tierra. 
Yo, la vaga. 



Yo, la pereza,
atada a medias de lana,
con el ojo en desvelo aguardo
que las neuronas me permitan
abrir la ventana,
pero poner un pie me da vértigos,
de sudores habitada,
tiemblo en un mar de helechos.

La Manche me ha agotado
con su ulular persistente.
En esta plaza olisqueo
seres que recrean con aspavientos
la que no soy.

Me desconsuela el espanto
que trasciende de sus rostros,
pero a—penas— hago esfuerzos
al peinarme.

Como si cargase
mil hombres y mujeres
desprotegidos, froto las manos,
y me adentro en el insolente
desatino que nos une.

Soy la vaga que cava
una gruta hasta el panadero
que cada amanecer escupe en la harina.
Le observo, a las cinco del amanecer
se toca la entrepierna,
de su delantal asciende la niebla.

La racleta de la mantequilla
afina como un arpa
sobre el patio de lo que fue mi casa.
Casa que levanté bajo nevadas:
mesa rústica, techo agujereado
y mis padres extendidos
sobre una colcha de ovejas.

Yo, la parásita,
me alimento de letras,
en correos de un amarillo triste
como todo lo que llega de esa isla de veranos.

Yo, la pereza, desgarro papelillos
de biblia, rasgo poemarios
para fumar un cigarro
con ángeles y demonios,
sin poder ayudar a unos y a otros
en este oficio, este experimentar
pobreza tras pobreza,
enfermedad tras enfermedad
fe, agnosticismo y fe
porque algo hay que cultivar en el acuario
para algo me fue dada esta mano abismada,
este cuerpo que remienda oficio e
hilvana cierta luz en el esqueleto
que apenas sostiene mi sombra en la ventana,
frente a otro dedal,
otra aguja que se instala
en otra gota de sangre.

quantum operator, Margarita Garcia Alonso, EXPO OWLSTAND, Londres


quantum operator, Margarita Garcia Alonso, EXPO Londres


circunstancias poco claras

vintage postcard, circa 1910s




PORQUE ME QUISISTE

No canto sino porque me quisiste
en los años pasados.
Con el sol, con el presagio del verano,
y en la lluvia o la nieve
no canto sino porque me quisiste.

Sólo porque me tuviste entre tus brazos
una noche, y me besaste en la boca,
sólo por eso soy hermosa igual que un lirio abierto
y aún guarda el alma aquel escalofrío,
sólo porque me tuviste entre tus brazos.

Sólo porque tus ojos me miraron,
y el alma en tu mirada,
me ceñí con orgullo la más alta
corona de mi vida,
sólo porque tus ojos me miraron.

Sólo porque te fijaste en mí cuando pasaba
y yo en tus ojos vi pasar mi sombra
leve, como un sueño,
y jugar, y sufrir,
sólo porque te fijaste en mí cuando pasaba.

Porque, titubeando, me llamaste
y me tendiste las manos,
y en tus ojos traías el deslumbramiento
—un desbordado amor—,
porque, titubeando, me llamaste.

Sólo, sólo porque a ti te gustaba,
es porque mi andar sostenía su gracia,
como si me siguieras allá donde marchase,
como si pasaras por algún lugar cerca de mí.
Sólo, sólo porque a ti te gustaba.

Sólo porque me quisiste yo he nacido,
por eso sólo se me concedió la vida.
Y en esta vida triste, insatisfecha,
mi propia vida fue colmada.
Sólo porque me quisiste yo he nacido.

Tan sólo por tu amor inigualable
dispuso el alba rosas en mis manos.
Para alumbrar un instante tu camino
la noche pobló mis ojos con estrellas,
tan sólo por tu amor inigualable.

Sólo porque tan bellamente me quisiste
he vivido, para multiplicar
tus sueños, hermoso tú que has declinado,
y ahora dulcemente muero
sólo porque tan bellamente me quisiste.

“Fiesta”
A una fiesta me invitaron los camaradas.
No rehúso. ¡Iré para olvidar!
Me pondré mi vestido rojo
y de mi propia belleza tendré celos.
Al muerto que guardo en mi interior, con orgullo
y cariño, también lo llevaré del brazo.
Seré jovial y misteriosa;
seré una enviada de la Guadaña.
Los camaradas, condenados a muerte, aunque beban
vino en su fiesta, no se emborracharán.
Una maldición estará con ellos,
mas yo seré hermosa y no habrán de sospechar.
Después pedirán una canción, si acaso
esperan una pálida alegría;
pero mi canción será tan cierta
que quedarán confundidos y en silencio.




Maria Polydouri nació el 1 de abril de 1902, en Kalamata, Grecia. Fue compañera del poeta griego Kostas Karyotakis. Convertida en una leyenda en el mundo literario en Atenas en los inicios del siglo XX, puente entre la poesía anterior a la guerra de Karyotakis y la poesía de la posguerra de Yannis Ritsos. Su poesía cargada de sentimientos y tristeza, centra principalmente en el amor el motivo que inspira su poesía. Durante la que fue una estancia feliz en París, contrajo una tuberculosis, siendo tratada  en el hospital La Charité, en Paris,  y posteriormente en Atenas, en el sanatorio público Sotiría. Estaba ingresada en el  sanatorio cuando se enteró del suicidio de Karyotakis, y deseo seguirle… Murió el 29 de abril de 1930, a los  28 años; las circunstancias poco claras en las que se produjo su fallecimiento, hacen que se le catalogue entre los “poetas suicidas”.

Pomegranate Worm and Peach

Pomegranate Worm and Peach Joris Hoefnagel illuminator 
1591-96 and Georg Bocskay scribe 1561-62


ODA A UNA URNA GRIEGA




Tú, todavía virgen esposa de la calma,
criatura nutrida de silencio y de tiempo,
narradora del bosque que nos cuentas
una florida historia más suave que estos versos.
En el foliado friso ¿qué leyenda te ronda
de dioses o mortales, o de ambos quizá,
que en el Tempe se ven o en los valles de Arcadia?
¿Qué deidades son ésas, o qué hombres? ¿Qué doncellas rebeldes?
¿Qué rapto delirante? ¿Y esa loca carrera? ¿Quién lucha por huir?
¿Qué son esas zampoñas, qué esos tamboriles, ese salvaje frenesí?

Si oídas melodías son dulces, más lo son las no oídas;
sonad por eso, tiernas zampoñas,
no para los sentidos, sino más exquisitas,
tocad para el espíritu canciones silenciosas.
Bello doncel, debajo de los árboles tu canto
ya no puedes cesar, como no pueden ellos deshojarse.
Osado amante, nunca, nunca podrás besarla
aunque casi la alcances, mas no te desesperes:
marchitarse no puede aunque no calmes tu ansia,
¡serás su amante siempre, y ella por siempre bella!

¡Dichosas, ah, dichosas ramas de hojas perennes
que no despedirán jamás la primavera!
Y tú, dichoso músico, que infatigable
modulas incesantes tus cantos siempre nuevos.
¡Dichoso amor! ¡Dichoso amor, aun más dichoso!
Por siempre ardiente y jamás saciado,
anhelante por siempre y para siempre joven;
cuán superior a la pasión del hombre
que en pena deja el corazón hastiado,
la garganta y la frente abrasadas de ardores.

¿Éstos, quiénes serán que al sacrificio acuden?
¿Hasta qué verde altar, misterioso oficiante,
llevas esa ternera que hacia los cielos muge,
los suaves flancos cubiertos de guirnaldas?
¿Qué pequeña ciudad a la vera del río o de la mar,
alzada en la montaña su calma ciudadela
vacía está de gentes esta sacra mañana?
Oh diminuto pueblo, por siempre silenciosas
tus calles quedarán, y ni un alma que sepa
por qué estás desolado podrá nunca volver.

¡Ática imagen! ¡Bella actitud, marmórea estirpe
de hombres y de doncellas cincelada,
con ramas de floresta y pisoteadas hierbas!
¡Tú, silenciosa forma, tu enigma nuestro pensar excede
como la Eternidad! ¡Oh fría Pastoral!
Cuando a nuestra generación destruya el tiempo
tú permanecerás, entre penas distintas
de las nuestras, amiga de los hombres, diciendo:
«La belleza es verdad y la verdad belleza»... Nada más
se sabe en esta tierra y no más hace falta.


John Keats


Versión castellana de JULIO CORTÁZAR.

A NADIE, SILVINA OCAMPO


Landscape with the Fall of Icarus“ (detail), c.1558, Pieter Bruegel the Elder.

A NADIE

Me habita ese infinito recinto impenetrable
donde también creíste descubrir el futuro;
en la voz de su sombra, como a través de un muro,
te asedió del olvido el murmullo implacable.
Un murmullo de imágenes que no indica la hora,
la estación, ni el lugar, que las lleva temblando
a un futuro incesante, lo irá multiplicando,
y no sabemos qué ángel, qué fervor lo atesora.
Esas solas imágenes conservadas, perdidas,
que la vida recoge como una inmensa casa,
bien sabes que persisten en el tiempo que pasa,
tejiendo entre sus redes secretas otras vidas.
Sabes que allí está el verso olvidado en los sueños,
la inadvertida frase, la puerta que se vio,
un instante, una noche, el rostro que pasó,
y en las cenizas pálidas retratados los leños.
Allí te será fácil olvidar a tu amado.
Allí me habré ya muerto con un veneno amargo,
en un atardecer que en mi tristeza alargo
entre bosques altísimos. Allí no habré llorado.
El cedro imaginado junto al cedro estará
como junto al amado esa fotografía
tan imperiosa y vívida en su melancolía,
que no ha de abandonarnos ni en la infidelidad.
Existen cada tigre que vimos y el jardín
que plagió nuestro sueño imaginado en viajes.
Cada noche perdura, numera sus follajes,
y existe el primer día del mar y del jazmín.
Todo lo que hemos visto con nuestra distracción,
como si el mundo fuera a repetir sus actos,
ha quedado en nosotros con detalles exactos,
ardientemente puros, como en una pasión.
Y tú que no he amado, que no evoqué jamás
al oír una música, con trémula insistencia,
tú que no me inspiraste el dolor de la ausencia,
tú que en vano podrías amarme a mí... Quizás
en ese lugar pude amarte todavía,
pasando por zaguanes vislumbrados apenas,
entre calles manchadas por el tiempo y sin penas,
entre guirnaldas pálidas de indecisa alegría.

SILVINA OCAMPO

La mano en el VOLCAN de Niemeyer, Le Havre, France, photos Philippe Monnier‎





historia in qua simulacra

Page 312 of ‘Vincentii Chartarii Rhegiensis Imagines deorum: Qui ab antiquis colebantur, unâ cum earum declaratione & historia in qua simulacra, ritus, cæremoniæ magnaque ex parte veterum religio explicatur, opus non solum antiquitatis amatori’ {1687}

                                                                 

(Los caminos borrados del agua.)
"(...) del deseo repentino de hacer eterno lo pasajero"
Ramón Goméz de la Serna

....."En la red de cristal que la estrangula,
el agua toma forma"
José Gorostiza.


Pudiera un hombre creer que Dios habita sobre las cimentaciones del barro
o sobre las luces que trasiegan en el interior del humo,
y el humo mismo pudiera tragarle los ojos,
y aun creyendo, pasar sin notar la carencia de la piedra dura
sobre los inseguros puentes que le tiende la noche al paso.
Un hombre pudiera caer de un andamio colgado del cielo
como un gato de mármol al pavimento
y morir y levantarse a colgar los ladrillos de una casa inconclusa
ó a amasar la harina de un pan imaginario
y tener a una mujer imaginaria
que le chilla al oído y le maldice y le dice muere….
y muerto ya, se para sobre las cimentaciones del barro
a discursar sobre Dios de una manera
que Dios mismo se sienta enternecido a llorar su muerte.
Pudiera un hombre por los caminos borrados del agua,
volver a tomar posesión sobre las cosas pérdidas,
llámese las cosas perdidas una casa
o la más sencillas de las cosas perdidas
y habiendo recobrado de la miseria la parte armada de la vanidad,
se acuesta complacido y se levanta sin nada,
porque las muchas posesiones no son más
que la huella sobre el agua de las cosas que se hunden.
Hay hombres que se hunden en el agua,
literalmente se desploman en el agua,
se anudan el agua al cuello,
trafican en el interior del pensamiento con cuchillos de agua,
hay hombres que engullen las palabras
en el vientre del agua……. con tal monotonía
que el agua misma los rechaza,
que buscando un milagro golpean el agua vanamente
y el agua les traspasa y les habita y se les acuna en el pecho
con un ruido de agua que solo el agua reconoce.

Ad G

 Adalberto Ad Guerra