jeudi 16 mars 2017

Y al menos ellos venden a snobs, .. a los otros, se los comen las cucarachas

Arte y especulación, enemigos históricos


El mercado del arte funciona con sus propias leyes de la atracción. Hay una máxima no escrita que explica que una pintura de un Maestro Antiguo no debe revenderse —al menos de forma pública— antes de cinco años. Si no se corre el riesgo de que su precio se desmorone. Ya que alguien podría hacerse la pregunta: ¿qué le ocurre a la obra para que vuelva a salir tan pronto a la venta? ¿Tendrá algún problema? Le sucedió el mes pasado a un retrato de 1509 de la noble romana Lucrecia firmado por Lucas Cranach, el Viejo (1472-1553). Su propietario lo adquirió en Sotheby’s en enero de 2012 por 5,12 millones de dólares (3,83 millones de euros). El quinto precio más alto para un cuadro de este artista. El récord —fijado en 1990— anda en 8,6 millones de dólares (6,4 millones de euros). Antes, en 1988, esa misma pieza, se había colocado por 352.000 dólares. Pues bien, en julio volvió a buscar postor en la subasta La contemplación de lo divino, organizada también por la casa inglesa de pujas. Al ser una venta privada no ha trascendido sí finalmente el cranach se remató ni a qué precio.

Este retrato de Lucrecia (alrededor de 1509), firmado por Lucas Cranach, el Viejo, se ha revendido dos veces en menos de cinco años, contraviniendo una ley no escrita del mercado de Maestros Antiguos.

A ese mundo de la especulación, de comprar y vender en un suspiro a la búsqueda de la ganancia rápida, se ha acercado un reciente trabajo del periódico The New York Times. El rotativo encargó a dos consultoras (Beautiful Asset y Tutela Capital) especializadas en el mercado del arte que averiguaran sí los coleccionistas actuales trataban a las obras como activos de Bolsa (acciones, futuros, opciones). O sea, sí compraban y al poco tiempo vendían para hacer caja. Sí especulaban con ellas. En el fondo era comprobar la veracidad de esa idea tan extendida de que nunca en la historia del arte ha habido tanta especulación —y especuladores— como estos días.

Exposición del pintor colombiano Óscar Murillo, quien se ha convertido en uno de los creadores que más sufre la especulación en los precios de sus obras. Foto: Rex.

Porque en los últimos años hay legión de artistas, además, muy jóvenes, cuyo trabajo ha sufrido el acoso de los coleccionistas-especuladores. Óscar Murillo, Jacob Kassay, Parker Ito, Lucien Smith, Sterling Ruby, Jeff Elrod son solo seis nombres de una lista enorme. Chicos que empezaron vendiendo por 6.000 dólares, o menos, sus trabajos y que, un par de años después, ya superan los 200.000 dólares. El mercado del arte ha tomado tal fuerza que incluso surgen propuestas como ArtRank (a quien dedicaremos una entrada en el blog) que simple y llanamente recomiendan artistas a los que comprar y vender. Sin más miramientos. Como si fuera el mercado de valores. De hecho, la plataforma tiene secciones tan explícitas como liquidate (down) y sell know (peaking). Deshacerse y vender ahora.

La plataforma ArtRank da consejos de compra-venta de artistas como si fueran una acción de Bolsa.

Todo este mundo lo analizan esas dos consultoras, y los resultados sorprenden. La especulación es la misma que ha existido en otros periodos del arte. Este es el largo titular que deja el estudio. Pero ¿es así? Beautiful Asset sostiene, en The New York Times, que “mientras, históricamente, el porcentaje de obras revendidas en un plazo de cinco años resulta más elevado que hace dos décadas, también es verdad que ha ido bajando desde 2008”. O sea, cae a partir del comienzo del crash financiero. La consultora ha averiguado que los coleccionistas que vendieron piezas el año pasado a través de Christie’s o Sotheby’s las habían tenido en propiedad por término medio algo más de 11 años. ¿Es el fin de la especulación en el arte? No lo parece.


“Especuladores ha habido desde casi siempre. Los japoneses (y su pasión por los impresionistas franceses) en los años ochenta; los industriales estadounidenses y alemanes a comienzos del siglo pasado; los oligarcas árabes y rusos, los fondos de alto riesgo, los emprendedores tecnológicos de Silicon Valley, los banqueros de Wall Street, vamos; los patriarcas del capitalismo financiero”, desgrana Marcos Martín Blanco, quien posee una de las principales colecciones de arte contemporáneo de España.
El coleccionista segoviano reconoce que ha vendido a través de Sotheby’s y Christie’s. Aunque “para conseguir fondos con los que completar huecos de la colección. Nunca, desde luego, por especular. Solo para adquirir más obra [su colección supera las 800 piezas]”, recalca.” Eso sí, unas veces me ha ido muy bien y otras regular”, apunta, sincero. Por ejemplo, vendió el año pasado en subasta por 750.000 dólares una tela de una pintora americana (prefiere no dar el nombre) por la que pagó en 2004 unos 50.000 dólares. De las “regular”, mejor no hablar.

Andy Warhol es uno de los artistas del que más piezas se revenden en el mercado del arte.

En el fondo, para muchos coleccionistas, la opción de vender una obra comprada hace relativamente poco no está ligada a la idea de la especulación sino a la de equivocarse, ya sea con la pieza o con el autor. O con ambos. “Hay qua aprender a filtrar una colección”, apunta el coleccionista mallorquín Juan Bonet. “Nos equivocamos muchas veces, pero entiendo una colección como algo vivo, que cambia con el tiempo a medida que nosotros también cambiamos de ideas y formas de pensar. Por lo tanto, si una pieza deja de aportar algo, deja de sumar, lo mejor es venderla o cambiar, y seguir avanzando”. Y para quien quiera escuchar cita algunos nombres de ese avance. Valerie Snobeck, Michiel Ceulers, Néstor Sanmiguel Diest, Trisha Baga o Pablo Rasgado.

Un discurso similar es el que aporta Solita Mishann, una de las coleccionistas de referencia en América Latina: “El mercado del arte es caprichoso y obedece a muchas variantes que son muy frágiles y hace que bastantes veces lo que se vende por cantidades increíbles sea producto de una burbuja, y luego, esa misma obra, o artista, cae también de manera insólita”.

El pintor Peter Doig ha decidido no vender más obra al coleccionista Charles Saatchi (en la imagen) por su rapidez para ponerla en el mercado.

Y en ese descenso, el principal damnificado es el artista. Todo el mundo del arte recuerda lo que le sucedió a Sandro Chia cuando su principal coleccionista, Charles Saatchi, decidió vender a finales de los ochenta una decena de obras en un año. Sus precios nunca más volvieron a ser los mismos. Ni tampoco el propio Chia. Así que cuando dos periodistas deThe New York Times levantaron el teléfono y llamaron al estudio en Trinidad del pintor escocés Peter Doig y le preguntaron por una obra que en su día compró Saatchi se llevó un buen susto.

Entre 2006 y 2007 —cuenta el periódico neoyorkino— la pintura de gran formato White Canoe de Peter Doig se vendió dos veces en subasta. En su última puja alcanzó los diez millones de dólares, en aquel momento era la obra más cara del artista en segundo mercado. “Estaba muy nervioso después de la venta. Tenía la sensación de que las cosas podrían cambiar para mí. La gente hablaría más de eso [el precio de la obra] que del propio trabajo. Además me hacía más difícil pintar. Me preguntaba, por qué lo hago: ¿estoy haciendo más ricos a los ricos?”, reflexiona Doig en The New York Times.

'White Canoe', de Peter Doig. La tela perteneció a Saatchi. El coleccionista británico revendió en un solo año siete telas del pintor.

La obra en discordia la vendió Saatchi. El publicista británico había adquirido siete piezas de Peter Doig en 2006. Se deshizo de todas en solo un año. Desde entonces el artista ya no le vende. “Todo el mundo sabe lo que hace”, puntualiza Doig. No es un caso aislado. El estudio del fotógrafo brasileño Viz Muniz (un creador que aparece constantemente en los catálogos de las casas de subasta) maneja una lista negra de coleccionistas que revenden especulativamente sus obras. Sus galeristas están advertidos: a ellos no se les vende obra.


Fotografía de Viz Muniz. El artista brasileño trabaja con una lista negra de coleccionistas a quienes ya no vende obra por haberla revendido en poco tiempo. Foto: Galería Elba Benítez.





Foto de apertura: El coleccionista Pierre Cheng tiene fama de vender y comprar a la misma vertiginosa velocidad. En la imagen aparece con una obra de Gerhard Richter, la cual vendió en subasta hace un par de meses.

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