vendredi 3 mars 2017

La nigredo y La depresión


La depresión es muchas veces una etapa de tránsito entre una fase de la vida que tiene que terminar y la siguiente, que debe nacer después de la “muerte”, de la transformación de la personalidad.
En alquimia, la oscuridad y la desintegración que preceden y rodean la imagen de la calavera reciben el nombre de nigredo. Esta etapa del proceso alquímico refleja la desintegración de la antigua sustancia en sus componentes esenciales, lo que solo se puede lograr por el proceso de “putrefacción”. Nigredo significa simplemente “ennegrecimiento”. Sin nigredo no hay posibilidad de que la antigua sustancia baja se transforme, ya que antes debe ser despojada, depurada y reducida a su esencia, cosa que no se puede lograr sin putrefacción y muerte. Sin nigredo no hay posibilidad de que crezca nada nuevo. Cuando la persona se despoja de la máscara, lo que queda es la calavera, el caput mortuum.
El nigredo de la alquimia es una imagen de una fase en particular del proceso alquímico, que realmente es, en su totalidad, una descripción de la evolución y la transformación psicológicas. El nigredo es necesario, y debe preceder a las etapas más avanzadas del proceso. Refleja el problema de verse sumergido en la vivencia de la mortalidad y en el oscuro mundo de la sombra. Es frecuente que, cuando el que lo experimenta es un adulto, el nigredo sea una especie de regresión a la niñez, en la que el yo maduro se desintegra y todos los sentimientos infantiles, oscuros y primitivos vuelven tumultuosamente a la superficie. La palabra “sombra” cubre una experiencia: la propia debilidad, la inferioridad, la maldad, todo lo que hay en nosotros de oscuro, deforme y primitivo.
Sin la nigredo, no se puede hacer oro, no se puede liberar la esencia divina encerrada en la materia baja. En ciertas experiencias depresivas, es posible ver el comienzo de algo muy importante. Es el verdadero fin de la infancia, el enfrentamiento con el propio ser esencial y con los propios límites. Es la primera etapa de un complejo proceso. Si uno huye de ese algo, habrá bloqueado el proceso de crecimiento, que depende de la comprensión y la integración de ese estado, y entonces, naturalmente, la depresión retornará, una y otra vez, hasta que seamos capaces de realizar la transformación, y pasar del grado de oscuridad en el que estamos sumergidos a otro de mayor luz integrada conscientemente y gracias a la cual hemos elevado nuestro nivel de conciencia o comprensión de la realidad externa e interna.
Valor y luz
Decía Jorge Ángel Livraga que “valor y luz son la misma cosa”, y ciertamente a más valor, a mayor capacidad de llamar a las cosas por su nombre, de reconocer nuestros miedos, pasiones, traumas e ilusiones múltiples, mayor será la capacidad de integrar la luz de nuestra conciencia al presente y salir renovados, fortalecidos y con un grado mayor de conocimiento de nosotros mismos y de la vida en general.
En la mitología, ese lenguaje simbólico que refleja en su clave psicológica las luchas internas del alma humana, lo vemos relatado magistralmente a través de las aventuras y pruebas que tiene que sortear el héroe. Es aquel que tiene el suficiente coraje para enfrentarse a sí mismo, para ver de cara a sus monstruos, sus miedos, sin proyectarlos sobre los demás en actitud de huida ante la verdad que no es capaz de reconocer. El héroe lo es precisamente porque se ve a sí mismo tal cual es, sin velos, máscaras ni disfraces, y su capacidad de lucha representa su fuerza interior aplicada sobre sí mismo en el proceso de transformación de su personalidad. La victoria conseguida será el resultado de este proceso de lucha interna y transmutación de los defectos con los que partimos, por virtudes conquistadas a base de esfuerzo, perseverancia y confianza en sí mismo, así como valor aplicado cotidianamente a la acción diaria.
En el estado de la nigredo lo peor que podemos hacer es quedarnos hipnotizados por nuestras propias sombras, dando vueltas y vueltas alrededor de nuestro dolor y tristezas. Hay que tomar la decisión de vivir, de renacer, y mantenernos bien ocupados, con un proyecto interno y externo suficientemente atractivo como para que nos motive a sacar fuerzas de donde parece que no existen. El primero y más importante en una situación extrema como esta es educir de nuestro corazón el suficiente coraje como para decidirnos a conquistarnos a nosotros mismos. Alcanzar la victoria sobre nosotros mismos y sobre la tristeza debilitante que nos va hundiendo será en este estado del alma algo fundamental. Y el mejor signo de ella, la alegría que iremos recuperando día a día, en la medida en que nos lo propongamos, en que lo practiquemos, en que nos detengamos y centremos en las cosas buenas de la vida, aquellas cosas que cada cual ama, por más simples que parezcan, que dan serenidad y paz al alma atormentada y que la van curando. De esta etapa difícil podemos extraer tanto “oro” como amor seamos capaces de sentir de nuevo en nuestro corazón, haciéndolo extensible a todos los seres que nos rodean. El sufrimiento experimentado se transforma así en compasión, en comprensión, en optimismo, en alegría, en renovación, en humanidad y profundidad. El “oro” del espíritu conquistado con tesón, con valor, con dolor, que transforma con su poder y su luz todo lo que toca.
Decían los estoicos que “todo es para bien”. Esto es algo que aprendemos de verdad una vez que atravesamos victoriosos esta etapa oscura, difícil, peligrosa, pero necesaria para llegar a una etapa mejor que la anterior. Cuentan los mitos que el tesoro siempre está custodiado y protegido por el dragón que guarda la cueva, y que habrá que “matar” para conquistar. Siempre hay algo mejor más allá de la oscuridad que nos envuelve en un momento dado, pero hay que avanzar, con valor y tesón, con fe en la luz que sabemos que existe más allá del túnel oscuro que durante un tiempo nos toque atravesar. (DOLORES VILLEGAS, en  "La depresión según la alquimia y la mitología")



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