dimanche 26 mars 2017

La granja a ostras de María Antonieta de Francia, en Etretat.

La granja a ostras destinada a la mesa real de Luis XIV y María Antonieta de Francia, quien las apreciaba especialmente cuando venían de  Etretat. Vista desde los acantilados.

En la costa de Normandía, a unos veinte minutos de casa, se encuentra Etretat, codiciado punto turístico, con un extraordinario mirador en lo alto de los acantilados.

En 1783, nadie podía imaginar el huracán revolucionario que barrerá Francia años más tarde.   En esa época, Etretat era un simple  pueblo de pescadores, unas cuantas chozas y  una pequeña guarnición  para la protección de una torre de vigilancia.

Un buen día de 1783, Mathieu Philibert Joseph Fabre, Barón de Bellevert  (1730-1797),  se detuvo en el dominio al tomar un camino equivocado. Este hombre era un emprendedor y no está en su primer intento de buscar fortuna.  De hecho, había hipotecado  la riqueza de su padre en operaciones arriesgadas. Pero ahora le asiste una idea,  aparentemente rentable,  la construcción de una granja de ostras en la bahía de Etretat.

El no viene solo, le acompaña la  Señora de Aspen, perteneciente a una  nobleza tan ficticia como la suya. En realidad se llama Agathe Dutremble y bajo el pretexto de ser su "ahijada" trabaja como intermediaria en algunas operaciones que  Fabre no puede ejecutar bajo su propia identidad.

El Barón de Bellevert compra un tramo de rocas de la costa  a un antiguo marinero de Etretat, para crear un banco de ostras. Estas ostras eran transportadas desde Saint-Vaast-la-Hougue o Cancale en el barco la Sirena,  para beneficiarse del agua limpia y sin sal de un  río subterráneo que desemboca en el mar,  cerca de la puerta de Aval,  y que todavía se puede observar durante la marea baja.

Gracias a esta agua clara,  mezclada con la del Mar de la Manche,  las ostras podrían reforzar y obtener un sabor muy particular, enfatizó el Barón a  la reina María Antonieta, quien daba lo que fuese por devorarlas.  La operación se llevó a cabo en un par de grandes estanques, para fortuna de este estafador, quien puso de moda, en la nobleza parisina,  el gusto por las ostras.

Sobre el Barón de Bellevert existen numerosos misterios y los pocos datos apuntan a considerables intrigas para hacer marchar su actividad.  El Barón fue un publicista muy inteligente para promover sus ostras, y obtuvo importantes transacciones financieras  que le llevaron a  la creación de la Alianza de ostras de  Etretat. Nunca se ha comprobado que estas ostras tuviesen poderes particulares, ni que las aguas del afluente transformaran su gusto, pero su negocio fue floreciente.

Pero hay otro misterio, evocado por Didier Audinot en El tesoro de los reyes de Francia (París, Editions Prospections, 1987): "Un  extraño ballet de  convoyes realizaba regularmente,  en ambas direcciones, el camino de Etretat/ París y Versalles."

El autor añadió que necesitaban 10 o 12 caballos para arrastrar un pequeño convoy  donde se suponía transportaban ostras. Es  posible que Bellevert entregara el marisco y también una carga más valiosa y mucho más pesada. Se supone que era la forma más fácil para trasladar de forma discreta y segura oro y objetos de valor.  A partir de ahí, estamos a un paso de establecer  la conexión con el "depósito de tesoro"  de los Bourbons o Capétiens cuya leyenda navega entre Rennes-le-Château y pasa por muchos otros lugares...

Maurice Leblanc, autor de las aventuras de Arsenio Lupin, localizó (en su obra) el tesoro de los reyes de Francia. Se encuentra  en la región de Normandía, especialmente por la zona de ETRETAT, lo cierto es que está por descubrir. Por el momento nos queda la costa horadara para el paladar de una reina y cientos de leyendas, hasta que el oro sea descubierto, si existe, en los parajes. Miles y miles de buscadores de tesoros se confunden con los turistas entretenidos en admirar el paisaje. Vale la pena llegarse a tanta hermosura, sea cual sea la razón,  la tentación, la historia, el oro y las intrigas de la corte remolinan entre los pasantes.



estas tres fotos son de Elen Tournadre, a quien agradezco la valiosa información. 

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