samedi 18 mars 2017

ENTRE MALLARMÉ Y DERRIDA

Barbara Kroll   



EL ABANICO ES EL TEXTO: ENTRE MALLARMÉ Y DERRIDA


Por Enrique Rodríguez Pérez
Departamento de literatura
Universidad Nacional de Colombia

Publicado en Revista Sin fundamento, No. 2, 2003.
Universidad Libre de Colombia

La idea del libro, que remite siempre a una totalidad natural, es probablemente extraña a la idea de la escritura... Si distinguimos el texto del libro, diremos que la destrucción del libro, tal como se anuncia actualmente en todos los dominios,
descubre la superficie del texto.
Derrida Jacques. Gramatología. Pag 23.


Este texto presenta algunas reflexiones sobre la aproximación entre Derrida y Mallarmé, en el contexto de la crisis de modernidad. En este sentido, el paso del libro al texto es un evento decisivo en la superación de una mirada metafísica que se sostiene en el pensamiento dicotómico de corte platónico. Este desplazamiento de la problemática establece una perspectiva distinta para considerar la relación Filosofía y Literatura. El diálogo Derrida-Mallarmé genera nuevos desarrollos, y sobre todo, transforma la relación entre las ideas y las acciones y permite restablecer el encuentro entre pensamiento y poesía que se había relegado.

El cambio de mirada consiste en considerar el texto abierto y complejo como entrecruzamiento de sentidos sin pretensiones de totalidad. El desarrollo de la metafísica en la modernidad ha considerado el poema como objeto de estudio o de referencia marginal, debido a su interés en la racionalización, la cuantificación, el progreso científico técnico y la consolidación de sistemas políticos que aseguren el poder de grupos o ideologías. Pero una reflexión desconfiada desde el pensamiento, iniciada en la Teoría Crítica de la Sociedad , ha permitido reconocer la crisis a la que ha llevado esta situación. Los pensadores recientes , han dedicado sus investigaciones a dilucidar esta problemática.

Particularmente, en el diálogo, iniciado por Nietzsche y continuado por Heidegger , entre el poetizar y el pensar, se vislumbra una acentuada tendencia a asumir con seriedad el ámbito de lo poético como el lugar más propicio para acercarse a las nuevas condiciones del mundo, que se ha situado en esta crisis y que consiste en una ruptura insuperable entre lo teórico y lo practico, entre las ideas y la realidad, entre la subjetividad y la objetividad. Estas oposiciones, propias del pensamiento metafísico platónico, han llevado a la cultura de Occidente a una situación abismal.

Pero ahí, a punto de caer en la nada de la desesperación, de la levedad, de la superficie y el sin sentido, el poema se abre. El poema, en el sentido amplio, entendido como texto poético, se sitúa en la región del limite: entre el acá y el allá, entre el mundo de lo aparente y el mundo de lo verdadero y rompe con la metafísica cerrada de la presencia y de la verdad.

En el ámbito donde se encuentran lo lejano y lo cercano, lo dicho y lo silenciado, lo sustancial y lo abismal, se constituye una historia, distinta a la Historia de la Verdad y las certezas. El poema, entonces, des-estructura, corroe el mundo inteligible platónico, que es eterno e inmutable, y abre en lo sensible los tejidos y los entrecruzamientos de sentido, que no tienen carácter de fundamento metafísico.

La siguiente reflexión sobre el poema “Abanico” , de Mallarmé, quiere mostrar esos efectos que lo poético produce sobre una visión escindida y racionalista del mundo. Entonces, el planteamiento de esta breve reflexión es que el poema anuncia el fin de la metafísica y el comienzo de una manera de pensar que atiende a un tejido de sentidos que se multiplican. En esto consiste la destrucción de lo platónico y la recreación del mundo de lo próximo y lo complejo a través del juego del plegarse y replegarse del abanico. Es así como el poema destruye lo ideal, el sistema, el concepto y crea un espacio de misterio que oculta y desoculta sentidos que hay que leer y escribir de otra manera. Señala una dirección distinta que rompe con la metafísica del libro y de lo uno.

EL POEMA Y LA DESTRUCCIÓN DE LA METAFÍSICA


El pensamiento de Derrida ayuda a comprender el estado de la cultura hoy, pero es necesario ir a una de sus fuentes relevantes: se ha inspirado en la poética de Mallarmé, cuyo especial trato con el lenguaje, ha puesto en evidencia la fragilidad del logocentrismo y del sistema lingüístico. El poema de Mallarmé destruye la filosofía y la lingüística. Por un lado, pone en juego relaciones que se salen de la lógica rígida del lenguaje a través de juegos poéticos en los que la gramática y la semántica se alteran . Pero, por otro lado, destruye la filosofía , entendida como metafísica; desfigura la arquitectura de la sustancia, de la idea, del sujeto; altera sus categorías y las hace estallar en múltiples direcciones; las disemina, de tal modo que forman un texto. Entonces, el libro lineal, cerrado y eternamente presente se destruye mediante la superación de las dicotomías en las que el mundo metafísico de las ideas tiene carácter de verdad y el mundo sensible de las sombras es falso y copia del otro. Derrida en su obra La diseminación explica de la siguiente manera como la poética del abanico de Mallarmé deconstruye la metafísica:

“En un movimiento de abanico. La polisemia de los ‘blancos’ y de los ‘pliegues’ se despliega y se repliega en abanico. Pero leer el abanico mallarmeano no es sólo hacer el inventario de sus ocurrencias ( centenares, número muy grande, pero finito, si nos atenemos a la palabra entera, una infinidad esparcida si en ellas se reconoce la figura dividida de alas, de papel, de velos, de pliegues, de plumas, de cetros, y otro., reconstituyéndose sin cesar en un soplo de abertura y /o de cierre), no es sólo describir una estructura fenomenológica cuya complejidad es también un desafío; es observar que el abanico se remarca : designa, sin duda, el objeto empírico que creemos conocer con ese nombre, luego, mediante un movimiento trópico (analogía, metáfora, metonimia) se vuelve hacia todas las unidades sémicas que se han podido identificar (ala, pliegue, pluma, página, roce, vuelo, bailarina, velo, etcétera, plegándose cada una, abriendo /cerrando una vez más en abanico, etc.), lo abre y lo cierra, ciertamente pero inscribe allí además el movimiento y la estructura del abanico como texto, despliegue y repliegue de todas las valencias, espaciamiento, pliegue e himen entre todos esos efectos de sentido, escritura que los pone en relación de diferencia y de semejanza”(377 .

Si se destruye el sistema de la lengua y la metafísica, se requiere una forma distinta de asumir la historia y los horizontes de sentido de las cosas. Entonces, se hace necesario considerar el tejido de esos sentidos fragmentarios, las fisuras, las heridas que destruyen la metafísica, en este caso el poema de Mallarmé que es tejido, pliegue y silencio.

ABANICO Y DESTRUCCIÓN

Para considerar estos aspectos se hace a continuación una lectura detallada del poema “Otro Abanico” . En él hay un recorrido de pliegues y repliegues. Aquí su movimiento disemina y dispersa los sentidos, crea una relación distinta entre el mundo de las ideas y el mundo sensible en la que ni uno ni otro son fundamento o explicación del otro, sino que se da el juego mutuo que abre tejidos y texturas que se leen en el silencio y la palabra del poema. El poema habla de esta manera:

OTRO ABANICO
De la señorita Mallarmé

Oh soñadora, para que me sumerja
en la delicia pura sin camino,
sabe, por una sutil mentira,
guardar mi ala en tu mano.

Un frescor de crepúsculo
te llega con cada batir
cuyo golpe prisionero aleja
al horizonte delicadamente.

¡Vértigo! he aquí que se estremece
el espacio como un gran beso
que, loco de nacer para nadie,
no puede brotar ni serenarse.

¿Sientes el paraíso hosco,
como una risa sepultada,
escapar de una esquina de tu boca
en el fondo del pliegue unánime ?

El cetro de los bordes rosados
estancado sobre las noches de oro, es
ese blanco vuelo cerrado que sostienes
sobre el fuego de un brazalete.

AUTRE ÉVENTAIL
De Mademoiselle Mallarmé

Rêveuse, pour que je plonge
au pur délice sans chemin,
sache, pour un subtil mensonge,
garder mon aile dans ta main.

Une fraîcheur de crépuscule
te vient à chaque battement
dont le coup prisonnier recule
l’horizon délicatement.

Vertige ! Voici que frisonne
l’espace comme un grand baiser
qui, fou de naître pour personne,
ne peut jaillir ni s’apaiser.

Sens - tu le paradis farouche
ainsi qu’un rire enseveli
se couler du coin de ta bouche
au fond de l’unanime pli !

Le sceptre des rivage roses
Stagnants sur le soirs d’or, ce l’est,
ce blanc vol fermé que tu poses
contre le feu d’un bracelet.


En sentido general, el movimiento del abanico crea un ámbito sugestivo que hace quebrar la naturaleza metafísica de las cosas. Entre la mirada del poeta y el rostro de la mujer aparece una comunicación dispersa en el ir y el venir, pero que no se detiene en lo sustancial ni del abanico, ni de la mano femenina, ni del deseo del poeta. En primer lugar, la mano crea la mentira; enseguida, el golpe aleja el horizonte del atardecer; continúa el poema en la tercera estrofa, ahí nace el beso en el espacio ficticio que produce el movimiento del abanico; entonces, ese paraíso se vuelve hosco y se sepulta en el pliegue; al final del poema el vuelo se cierra, como si el abanico se plegara.

Este contorno del poema va mostrando cómo lo que está envuelto en ese contacto sutil y veloz a la vez, se dispersa en el esconderse y el aparecer, en el abrir y el cerrar del abanico. Estamos en el planteamiento central de la problemática. El poema ha roto el sistema ontológico de las cosas; obliga a mirar el movimiento, la mirada no enunciada del poeta, el rostro femenino entre bruma. No hay metafísica cerrada sino despliegue, ruptura, diseminación del sentido y la existencia de las cosas. Entonces, la risa se oculta en el pliegue del abanico y ya no es risa, la imagen de la mano se corta y parece un ala que se mueve y atrae al poeta a la delicia. Todo se experimenta rasgado, tanto en su decir como en su apariencia. Veamos con más detalle estos efectos.

SUEÑO Y METÁFORA

En la primera estrofa la ambigüedad se presenta desde el inicio en la exclamación Rêveuse (¡Oh soñadora!). La invocación a la mujer como soñadora ya irrealiza la escena. Estamos ante una ambigüedad significativa. Ese espacio que fusiona lo real con lo soñado crea el ambiente en el que no es posible definir lo que sucede efectivamente en el poema. Y luego, el poeta continúa: pour que je plonge /au pur délice sans chemin, (para que me sumerja /en la delicia pura sin camino), para que el poeta se lance al deleite sin direcciones preestablecidas porque no hay caminos determinados, sólo una sensual disposición a la pura delicia. De inmediato se percibe un ámbito de lo indefinido: lo puro, sin caminos que seguir ni por donde salir, como si el poeta comenzara a padecer un deseo de sumergirse en ese mundo etéreo; quizá abismal, porque dispersa, no tiene direcciones, ni caminos ni señales que seguir. Sin embargo, a pesar de estas características el poeta se ve atraído por ese universo. Y ella: sache, pour un subtil mensonge, /garder mon aile dans ta main ( sabe, por una sutil mentira, /guardar mi ala en tu mano), puede atraerlo por una subtil mensonge, por una sutil ilusión, por una leve mentira, y guardar el ala del poeta en su mano como una insinuación seductora. El ala imprecisa, que sugiere múltiples sentidos que se diseminan y se entretejen: deseo, movimiento, libertad, balanceo. El ala textual se abriga misteriosamente en la mano de ella, ilusoriamente, como si hubiese inventado la mentira para resguardar ese instante.

Es así como todos los versos van dejando en secreto lo visible. El movimiento del abanico, la mano, el ala, se hacen ilusorios, entonces, el lector tiene que aproximarse a una creación muy compleja, que no tiene fundamento ontológico, que no tiene lugar físico, que no esta constituido por caminos ni sendas que conduzcan hacia un lugar determinado. Sucede sólo el movimiento del abanicar.

Resulta, por lo tanto, que el poema quiebra el sustrato de lo real y destruye los fundamentos metafísicos del mundo. Pero, esto ocurre sólo a través de un objeto: el abanico que se abre y se cierra sutilmente, mentirosamente, circularmente. Este es el paso a otro modo de pensar no metafísico que no es lineal sino textual. En el tejido que forma el abanico, entre el abrir y el cerrar, entre desplegarse y el plegarse los sentidos se multiplican, se dispersan de una manera asombrosa e infinita. Se pierden los fundamentos del mundo, del poeta, de la mirada. El abanico produce el efecto irrealizante, metaforizante tanto de lo visible como de lo invisible.

De este modo la poesía rompe con la metafísica. Destruida ésta aparece la metáfora del abanico. La metáfora, como dicen Nietzsche y Heidegger , cada uno en su contexto, destroza la relación de adecuación entre el concepto y el referente de ese concepto. Esta idea está presente a lo largo de toda la propuesta deconstructiva y posmetafísica. Al respecto Derrida en su obra Márgenes de la filosofía describe lo que produce la metáfora: es una“Presencia que desaparece en su propio resplandor, fuente oculta de la luz, de la verdad y del sentido, borradura del rostro del ser, éste sería el retorno insistente de lo que sujeta la metafísica a la metáfora” (307). Es decir, que la metáfora acaba con la dicotomía platónica y al hacerlo acaba con la metafísica que opone lo sensible a lo inteligible y que sólo da valor de verdad a la adecuación de la cosa al concepto. En este sentido, el poeta con la metáfora del abanico borra la luz, la verdad y el rostro femenino, y de esta manera se todo se vuelve misterioso e impreciso, huella y borradura.

Se puede afirmar, ahora, que la metáfora del abanico en movimiento crea la ilusión de verdad. El poeta se sumerge en la delicia porque ella, la soñadora, sabe mentir y le guarda el ala en su mano. Esto le origina deseo. Entonces, el ala puede ser el deseo del poeta de ir suspendido y desplegado en el aire que produce el abanico y el impulso erotizante de resguardarse en la mano de ella. En el horizonte de ese movimiento el ala y el abanico se confunden, el abrir y el cerrar del ala y el abanico se vuelven tejido invisible. Sin embargo, se tiene, a la vez, la visión de la mano que devuelve el ala del poeta para que experimente su ausencia. El lector ve y no ve el tejido entre los extremos, la lejanía de la mano y el ala que se devuelve por entre los pliegues cuando el abanico se mueve. Pero también el lector se debate entre ese juego de existencias ilusorias: lee el tejido silenciado entre la visión femenina y el sueño del poeta que es como un movimiento de ala.

LÍMITE Y AUSENCIA

En la segunda estrofa persiste el juego de la lejanía y la cercanía que produce el movimiento del aire que entra en contacto con el abanico. La estrofa muestra una construcción que se mueve entre la llegada de la frescura del atardecer y el alejamiento del horizonte: Une fraîcheur de crépuscule /te vient à chaque battement, (Un frescor de crepúsculo /te llega con cada batir), pero esa frescura que se aproxima, de inmediato se aleja por causa de un golpe prisionero del abanico: dont le coup prisonnier recule /l’horizon délicatement ( cuyo golpe prisionero aleja /al horizonte delicadamente). Un batir trae el atardecer que produce una sensación de humedad, pero el golpe del abanico, que tiene esa connotación de violencia y fuerza que hiere, distancia, aleja el horizonte con delicadeza.

De nuevo el poeta hace aparecer la variación entre la cercanía y la lejanía. Esta es una posibilidad nueva de comprender que las cosas no están en la presencia, sino que también se des-dibujan en ausencia. Derrida al respecto afirma en La escritura y la diferencia que esta relación es“Tensión del juego con la historia, tensión también del juego con la presencia. El juego es el rompimiento de la presencia. ... hay que pensar el ser como presencia o ausencia a partir de la posibilidad del juego, y no a la inversa” (400). Pero la metafísica anula ese juego, porque le interesa lo permanentemente presente, el sustrato, la permanencia en el cambio. En el poema de Mallarmé no se está detenido en el aquí ni en el allá, sino en ir y el venir que trae y aleja la tarde. No hay presencia del crepúsculo ni del horizonte, sin embargo, la mirada se sitúa entre la llegada y la ida que se da en el juego que provoca el movimiento el abanico.

No hay sustancia en ninguna expresión porque el abanico borra la permanencia, no se detiene en ningún fundamento. En esta estrofa el poema se hace más invisible, es como una visión lejana y capturada en la ida.

EL VÉRTIGO Y EL BLANCO

La intensidad del poema crece en la tercera estrofa. Primero parece que el movimiento del abanico produjera una abrumadora presencia, una peligrosa aproximación que causa vértigo, como si hubiera existido un beso inmaterial entre el aire del abanico y el cosmos: Vertige! Voici que frisonne /l’espace comme un grand baiser( ¡Vértigo! He aquí que se estremece /el espacio como un gran beso). Pero seguidamente, hay un retraimiento del espacio que, enloquecido, no puede brotar para nadie, que se pierde en la angustia de la ausencia, de la soledad y del blanco: qui, fou de naître pour personne/ neut peut jaillir ni s’apaiser (que, loco de nacer para nadie, /no puede brotar ni serenarse). Lo invisible del aire liberado por el abanico trae el beso, el todo, y al mismo tiempo, la angustia, la nada, la anulación. El desplegarse del abanico abruma, besa, estremece; pero a su vez el plegarse oculta la locura y la angustia. El estremecimiento del espacio provocado por el abanico se vuelve silencio que no puede aparecer a alguien.

Aquí el poeta muestra como el golpear del abanico sobre el espacio es como un silencio, una blancura de sentido, que no puede besar y que enloquece. Esto es lo que la metafísica, y con ella el pensamiento moderno, no pueden comprender. La violencia del vértigo aproxima sensitivamente, enloquece, pero se enmudece en una angustia indecible . El poema insinúa que hay un blanco que oculta la locura, un silencio que habla a nadie. Por esto el poema no despeja el sentido en su decir sino que enmudece, así como el abanico que se despliega al plegarse.

Para el metafísico el vértigo y el blanco son alucinaciones irracionales que hay que curar o llenar con el concepto, con la noción de verdad y de eternidad. Para el poeta, justamente, los espacios de la creación de este juego de la blancura rompen con esa lógica de la verdad, de la presencia y de la eternidad no cambiante.

A este respecto Derrida en La diseminación afirma: “En la constelación de los ‘blancos’, el sitio de un contenido sémico queda casi vacío: el sentido ‘blanco’ en tanto que es referido al no sentido del espaciamiento, al lugar en que no tiene lugar más que el lugar"(387). Es decir, que el sentido esta diluido en el blanco, en el lugar del abanicarse, en el beso cósmico que no puede brotar para nadie.


PLIEGUE Y SILENCIO

En la cuarta estrofa el vértigo se convierte en dolor. El poeta se atreve a preguntarle a la mujer con angustia: ¿Sientes escapar el paraíso severo de tu boca como una risa sepultada en fondo del pliegue? Esto va insinuando que esa experiencia erótica y ensoñadora del inicio del poema ahora se vuelve contradictoriamente dolorosa. La mano, el ala, el beso eran para el poeta el paraíso, pero ahora éste se torna drásticamente esquivo, tiene la apariencia de una alegría muerta, una risa que se hunde en el fondo del pliegue: Sens - tu le paradis farouche, /ainsi qu’un rire enseveli, se couler du coin de ta bouche /au fond de l’unanime pli ! (Sientes el paraíso hosco,como una risa sepultada, escapar de una esquina de tu boca /en el fondo del pliegue unánime ?) Y entonces, la risa que escapa de la boca se esconde en el fondo del pliegue común, que parece insinuar el lugar de la muerte.

Rítmico y alternante, el abanico, entre la ida y la venida, inventa el juego del viento que es como el texto que nace en el poema. El abanico es el espacio blanco entre el poeta que anhela la boca y la risa, y que pregunta por la felicidad que se escapa. El abanico es un tejido que borra la presencia, que sólo deja ver la marca de la risa. Y todo en una pregunta que el aire no deja llegar, porque el margen vacío entre ella y el poeta, está en blanco, jugando a desaparecer la risa y la belleza. Entonces el cuerpo y su huella se borran entre los pliegues del abanico que guarda la mentira y la ilusión del poeta. El abanico en su pliegue recoge como una tumba la presencia.

Así el blanco del abanico se repliega en la escritura. Un pliegue es dócil, imprevisto, dobla una tela y la vuelve aparentemente más pequeña. Esconde, contorsiona la superficie, le da un giro. Ese giro cubre alguna porción visible. Así el texto se dobla, y al doblarse, oculta. El tejido se pliega y se crea un blanco o un vacío en la tela y las líneas del tejido se distorsionan. Es como el efecto del agua que difracta en los objetos. Así ha hecho el poema de Mallarmé con la risa y el paraíso, los ha desdibujado y ocultado en el plegarse del abanico.

El texto plegado desdibuja la continuidad del tejido, altera la textura. El pliegue como en un cuadro barroco distrae la mirada del centro, dirige la atención a los márgenes, a varios centros, al afuera del cuadro. El texto de Mallarmé hace este mismo movimiento con el libro de la metafísica. En el pliegue común del abanico acaba la metafísica, se desmorona la presencia y la risa y sugiere que lo que hay que leer es el movimiento del abrir y el cerrar del tejido.

Podemos afirmar ahora que el abrir y el cerrar del abanico es un movimiento de destrucción de la linealidad de un libro. Una circularidad multiplicada en el infinito, inacabable e imperfecta, próxima y móvil . La polisemia no vuelve al sentido originario, simplemente se traslada en la variedad más diversa sobre la red del tejido de los sentidos posibles e imposibles. El poema de Mallarmé deja ver esa apertura, esa dobladura del sentido, porque devela algo y vuelve a recogerlo en la textura. De este modo, no hay unidades sémicas sino aperturas en distintas direcciones que se coligan cuando el abanico se cierra y que se separan cuando éste se abre y al contrario.

Este es un extraño movimiento. Ese deslizamiento del tejido del abanico, cuando una superficie entra en contacto con la otra, oculta lo que se quiere decir. El lector que queda en suspenso completa el texto que se esconde sin llegar a explicarlo.

Esta estrofa del poema nos ha conducido a pensar en el lugar de la poesía frente a la visión metafísica y así se puede afirmar que el pliegue es el que distorsiona la verdad, resguarda y provoca el silencio que también requiere ser leído y que está fuera del ámbito de la verdad y de la permanencia.

VUELO BLANCO

Finalmente, en la última estrofa, el cetro que sostiene el abanico se estanca en lo nocturno que tiene brillo dorado como si la luna estuviera impregnando la noche, entretanto, ella mantiene en suspenso ese blanco vuelo cerrado: Le sceptre des rivage roses /stagnants sur le soirs d’or, , ( El cetro de los bordes rosados /estancado sobre las noches de oro), (ce l’est, ce blanc vol fermé que tu poses /contre le feu d’un bracelet), es /ese blanco vuelo cerrado que sostienes /sobre el fuego de un brazalete).

Es la visión final. La imagen ahora está completamente irrealizada, fingida, inventada, creada por el pliegue del abanico. Lo blanco como vuelo borra la presencia. Si no hubiese abanico todo estaría dado en presencia permanente, pero el abanico despeja, borra, fractura esa presencia para que el poeta se hunda en una serena desazón, en una angustia visionaria. El poema termina con una imagen del fuego, para destruir la ilusión del abanico, como si durante el poema ese deseo de delicia pura se hubiese roto.

EL POEMA HA CREADO EL TEXTO

Este breve recorrido por el poema de Mallarmé ha mostrado que para comprender la crisis de la modernidad hay que tener un oído muy fino para leer lo que el poema oculta, porque éste supera esa visión metafísica y lógica en la que todo se hace presente y es eminentemente verdadero.

El poema ha indicado que el movimiento del abanico borra la presencia y que, a su vez, produce el tejido que está más acá de libro de la metafísica. El poema, por otra parte, difiere la realidad y la imagen, rompe el enlace, separa al poeta de la belleza de la mujer, pero de igual manera, lo mantiene activo y deseante. El abanico es un límite, una tela, una textura que aleja y acerca los sexos, las oposiciones, las visiones; es esa textura que crea, entre el aquí del poeta y el allá de la hermosura femenina, la diferencia, la posibilidad de ver lo invisible del encuentro. Pero, además, el poema se escribe, gracias al abanico, que es una invención mentirosa del poeta; es una escritura que se mueve y se hunde en su plegarse y replegarse entre los dos rostros difusos.

En esto consiste el cambio de mirada, se trata de quebrar la lógica de la verdad como adecuación y fracturar el libro como arquitectura cerrada. Este es el contexto en el que Mallarmé se encuentra respecto de la metafísica y de la historia moderna. Su texto se distancia del concepto, para ver en perspectiva desde el extremo exterior de lo ideal y lo racional e insinuar otra forma de leer y de escribir.

En esta reflexión sobre el poema de Mallarmé se pone en evidencia la vinculación de la poesía con el pensamiento deconstructor. Si hay una ruptura de la filosofía como metafísica, que es la máxima elaboración de la modernidad, quiere decir que es necesario una transformación en el pensar y del actuar mismo. La fuente: el poema. El libro cerrado de la metafísica, secuencial, necesariamente conceptual y delimitado, termina. Comienza el trabajo desde el texto, desde el tejido, desde el entrecruzamiento de lo múltiple. La consideración del poema como tejido complejo en el que se anudan sentidos y sin sentidos, silencios y voces, distancias y cercanías, indica el encuentro entre el poetizar y el pensar. En un tono impreciso y ambiguo el poema configura el mundo de otra manera, radicalmente distinta a la visión racionalista y logocentrista.

El poema de Mallarmé rompe el sistema y sugiere en el efecto móvil, inestable, inseguro y velado del abanico, la nueva condición histórica, social y cultural. La sistematización, el mercado, la condición de dispositivos de uso de las cosas, de la cultura y de los seres humanos quedan en entredicho. El poema invita a la meditación sobre esta situación crítica, pero a su vez da indicios de posibles maneras de ser y hacer que superen esta sumisión positivista y la homogenización alienante. Hoy en el contexto del mundo de la información y de la tecnología efectiva, el poema deconstruye, destruye, rompe el horizonte de lo plano, de lo útil y de lo leve. Se vuelve abanico que aleja y acerca, teje y entreteje.

Se puede concluir, entonces, que lo poético que descentra, que abaniquea y funde lo real y lo invisible, crea una perspectiva crítica sobre la situación de hoy, provoca la reflexión y la duda. Vincula el pensar y el poetizar. Genera un actuar diferente, una escritura.


BIBLIOGRAFÍA

MALLARME, STEPHAN. Poesía Completa. Edición Bilingüe. Traducción de Pablo Mané. Barcelona: Río Nuevo, 1979
DERRIDA, JACQUES. Márgenes de la filosofía. Traducción Carmen González Marín. Madrid: Cátedra, 1988.
• De la gramatología. Buenos Aires: Siglo XXI, 1984.
• La diseminación. Madrid: Fundamentos, 1975.
• La escritura y la diferencia. Traducción Patricio Peñalver. Barcelona: Antropos, 1989.
• Cómo no hablar y otros textos. Traducción Patricio Peñalver. Barcelona: Antropos, 1989
NIETZSCHE, Friedrich. Obras Inmortales. Traducción Enrique Eidelstein, Miguel Angel Garrido. Barcelona: Teorema, 1985.
HEIDEGGER, MARTÍN. Interpretaciones sobre la poesía de Hölderlin. Traducción José María Valverde. Barcelona: Ariel Filosofía, 1983.
• “Final de la filosofía y la tarea del pensar” en Kierkegaard vivo. Madrid: Alianza, 1964.
• De camino al habla. Barcelona: Odos, 1990.

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