vendredi 10 mars 2017

Carson McCullers

Fue amiga de los Mann, expatriados en Estados Unidos; la persiguió el Ku Klux Klan porque apoyaba la causa de los negros en contra del apartheid; antes de casarse, su nombre era Lula Carson Smith; mantuvo romances con escritoras, entre otras, la portentosa Katherine Ann Porter; la retrató el fotógrafo Henri-Cartier Bresson y conversó largamente con el poeta W. H. Auden; escribió una obra maestra a los 23 años; con el tiempo, se convirtió en una de las plumas ebrias más sofisticadas de la literatura estadounidense. Su obra completa, intensa como un rayo, cabe en pocos volúmenes: El corazón es un cazador solitario (1940), Reflejos en un ojo dorado (1941),Frankie y la boda (1943), La balada del café triste (1943), Reloj sin manecillas (1961), varios cuentos, una autobiografía inacabada, poemas breves y una obra teatral. El escritor argentino Rodrigo Fresán fue conciso.

Escribió que toda la obra de Carson McCullers (1917-1967) versa sobre "el amor, como la más inexacta e implacable de las ciencias". McCullers había nacido cien años atrás en el estado de Georgia y murió cincuenta años después en el de Nueva York. Este año se cumplen ambos aniversarios de la escritora que narró poética y políticamente escenas del sur profundo de Estados Unidos.

Frágil fascinación

"McCullers sufrió la misma  suerte que las escritoras sudamericanas que, a pesar de su éxito, quedaron a la sombra del llamado boom latinoamericano -dice Irene Chikiar Bauer, periodista y narradora-. En su caso, Faulkner ocupaba el centro de la escena, por eso es un acto de justicia poética que se le otorgue un lugar que ella sentía propio." McCullers misma lo escribió: "Tengo más que decir que Hemingway, y Dios sabe que lo he dicho mejor que Faulkner". Agrega Chikiar Bauer: "Lo que ella vio y describió sobre el sur profundo de Estados Unidos no nos es ajeno, en cuanto explora y saca a la luz personajes situaciones y amores extraños a la norma, que, como lectores del siglo XXI, encontramos entrañables y afines. Es impactante que haya publicado El corazón es un cazador solitario con apenas 23 años, y que autores y profesores como Tobias Wolff les pidan a sus estudiantes que hagan ejercicios de estilo con textos suyos. La literatura, para ella, era una manera de autodescubrimiento.

"Una escritora argentina que guarda afinidad con la mirada onírica de McCullers es Esther Cross. "Ella imaginó durante años los detalles de una fiesta a la que no pudo entrar cuando era chica -dice la autora de Tres hermanos-. Escribir para ella era explorar la imaginación, 'esa mezcla de sueño y realidad' para acceder a lugares y personajes. Contó historias de seres desvalidos, que quedan afuera a veces por un problema físico o, en otro plano, el aislamiento de la vida en un pueblo. Escribió sobre la rara soledad del amor, sobre los que no pueden amar y los que quieren a alguien incapaz de amar. Les dio importancia y tiempo." Cross señala que McCullers también les dio tiempo a los niños en sus libros; supo captar los ritmos de la infancia, como enFrankie y la boda y varios de sus cuentos. "El escritor William Goyen la criticó duramente en el plano personal, con comentarios que se convierten en elogios al leerla. Dijo que tenía un ojo especial para captar las fragilidades humanas, que era una criatura hechizada."que revela mejor que ninguna otra definición su combinación de perfección formal, tragedia y sencillez narrativa. Es la obra que muestra mejor que ninguna otra esa sensibilidad narrativa tan única (otros dirán 'el estilo') de McCullers", dice la autora de América alucinada.

La vida es un río turbulento

"Tal vez la prosa, la poesía de la niña prodigio que podía ejecutar con doce años la segunda rapsodia húngara de Liszt, no sea otra cosa que una gran partitura musical -aventura la escritora, traductora y docente Vivian Lofiego-. Su madre quería que fuese música, pero Carson, sola en Nueva York con 18 años y habiendo 'extraviado' el dinero que llevaba para su estadía en una ciudad desconocida, decide que será escritora. Sella su pacto de autonomía cuando sale a trabajar y cuando conoce a Reeves McCullers, joven soldado y aspirante a escritor. Se besan, se casan y, como en su segunda y gran novela, seguirán para ella los interrogantes sobre el modo de acceder a la edad adulta sin perder la mirada prístina e inocente." Lofiego cuenta que McCullers fue traducida rápidamente en Francia, adonde decidió irse con su esposo. "Fue un paraíso breve, una ilusión de crear el lugar donde ambos podrían escribir, disfrutar de la hospitalidad francesa, de la bruma del cielo normando, de las playas anchas y grises, de los amigos que acudirían de Europa para conocerla. Pero la vida no es un río tranquilo, las aguas turbulentas acometen y la tragedia se impone. Su esposo se suicida. Para Carson el amor se asemeja a las brujas, a los fantasmas, a la infancia." Los interrogantes planteados por la literatura de McCullers sobre el misterio del amor, sobre la vida, la tristeza y la aceptación de los otros (y de sí mismo como otro) reverberarán por siempre.


Si se buscan, sus libros se encuentran. Y merecen buscarse. Para los lectores con paciencia, Seix Barral anunció que publicará a partir de junio de este año su obra completa, prologada por narradores en lengua española. La balada del café tristellevará una presentación de la escritora chilena Paulina Flores; Reflejos en un ojo dorado y Reloj sin manecillas, de los españoles Cristina Morales y Jesús Carrasco; El aliento del cielo, de Rodrigo Fresán, igual que El mudo y otros textos; El corazón es un cazador solitario saldrá con prólogo de la periodista y escritora española Elvira Lindo eIluminación y fulgor nocturno (memorias), con un texto escrito por la mexicana Elena Poniatowska. Se publicará también un epílogo escrito por el gran dramaturgo Tennessee Williams, uno de los grandes amigos sureños de Carson McCullers.


Carson McCullers: cien años de una 

escritora con una obra intensa como

un rayo



Se reeditará la literatura completa de la autora de El corazón es un cazador
solitario, una obra maestra que publicó a los 23 años y que fue seguida de novelas, 
obras de teatro y cuentos que lograron consagrarla antes de su muerte, a los 50 años,
 como una de las plumas ebrias más sofisticadas de la literatura norteamericana


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