Jorge Garcia con Pedro A. Assef, en la Plaza San Jacinto en El Paso, Texas.







Jorge Garcia à Pedro A. Assef



En la noche del 21 de mayo de 2016, estaba tomando fotos en la Plaza San Jacinto en El Paso, Texas. Miré a mi derecha, y un hombre sentado en uno de los bancos me hizo un gesto para acercarme a él. Con un apretón de manos, se presentó como Pedro Assef. Tuvimos una larga conversación sobre las artes y el pasado de cada uno. Luego me pidió que lo fotografiara.

Puesto que fotografío principalmente paisajes naturales y paisajes urbanos, estaba un poco reacio a realizar una sesión improvisada de retratos. Sin embargo, por respeto a un hombre que ya me había dado tanto de su tiempo para conocerme, con mucho gusto procedió a tomar algunas fotos de él. Esa noche que lo conocí fue la primera y única vez que hablé con él en persona. Poco sabía yo que nunca volvería a verlo y que estas fotos podrían ser algunas de las últimas imágenes de él vivo.

Me disculpo si este mensaje es gramaticalmente incorrecto de alguna manera. Utilicé Google Translate porque mi fluidez en español es entre básica y conversacional. Soy originario de Juárez, México, pero me mudé a los Estados Unidos cuando tenía sólo cinco años.


Nota de ARMANDO VALDES ZAMORA/

La anécdota parece una despedida prevista. Un fotógrafo de origen mexicano, se pasea de noche por una plaza de "El paso" en Texas. Un hombre solo, sentado en un banco lo llama. Se ponen a hablar, y ese hombre que era el poeta Pedro A. Assef, le pide que le haga unas fotos a él. Aquí están las fotos, 9 meses antes de su muerte, quizás las ultimas de este poeta cubano, que ya se sabía condenado por un cáncer terminal. Su vida fue así -él quiso que fuera así- un vagabundeo nocturno y la soledad de un banco en una ciudad perdida y elegida.

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