jeudi 12 janvier 2017

Señora de los Desamparados Y Alexander Solzhenitsyn

Tomás Yepes Nuestra Señora de los Desamparados, 1644, Patrimonio Nacional, Real Monasterio de las Descalzas Reales, Madrid


Alexander Solzhenitsyn: "Los hombres han olvidado a Dios"


En 1970, fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura por la fuerza ética que imprimió en la literatura rusa. 

Aunque no pudo viajar a Estocolmo para la premiación, por temor a que la U.R.S.S. le negara el regreso a su país; Solzhenitsyn envió un discurso de aceptación del Premio Nobel (1970), donde escribió la siguiente metáfora:
"Un día,  Dostoievski lanzó el comentario enigmático: "La belleza salvará al mundo". ¿Qué clase de declaración es esa? Por mucho tiempo, la consideré como meras palabras. ¿Cómo podría ser posible algo así? ¿Cuándo, en la historia sanguinaria, la belleza salvó a alguien de algo? Ha ennoblecido, ha levantado, sí - pero ¿a quien se ha salvado? 
Hay, sin embargo, cierta peculiaridad en la esencia de la belleza, una peculiaridad en el status del arte: a saber, la persuasión de una verdadera obra de arte es completamente irrefutable y obliga incluso a un corazón oponente a rendirse. Es posible componer un discurso político aparentemente suave y elegante, un artículo impetuoso, un programa social, o un sistema filosófico basados tanto en el error como en la mentira. Lo que se oculta, lo que distorsiona, no llegará a ser evidente inmediatamente. 

Luego, un discurso, artículo, programa contradictorio, una filosofía construida de manera diferente llama a la oposición – y todo parece igual de elegante y suave, y otra vez funciona. Es por eso que este tipo de cosas son a la vez confiables y desconfiables.   

En vano se reitera lo que no llega al corazón. Pero una obra de arte lleva en sí misma su propia verificación: las concepciones que se inventan o se fuerzan  no resisten ser retratadas en imágenes, todos se vienen abajo, parecen enfermizas y pálidas, no convencen a nadie. Pero las obras de arte que han recogido la verdad y la han presentado a nosotros como una fuerza viva - se arraigan en nosotros, nos compelen, y nadie, ni siquiera en los siglos venideros, aparecerá para refutarlas. 

¿Será que acaso la antigua Trinidad de Verdad, Bondad y Belleza no es una fórmula simple y vacía, como pensábamos en los días de nuestra juventud materialista y segura de sí misma? Si las copas de estos tres árboles convergen, como mantenían los estudiosos, mas los tallos demasiado evidentes y directos de la Verdad y la Bondad son abrumados, cortados, y prohibidos - entonces, no será que los fantásticos, impredecibles, inesperados tallos de Belleza se abrirán paso y se elevarán "a ese mismo lugar, y al hacerlo, habrán cumplido el trabajo de todo el tres? 

En ese caso, el comentario de Dostoievski: "La belleza salvará al mundo", ¿será que no era una frase descuidada sino una profecía? Después de todo, a él se le permitió ver mucho, un hombre de la fantástica iluminación."
(En 1868, Dostoievski había escrito: "Hay en el mundo solamente una figura de belleza absoluta: Cristo.") 
En el mismo discurso para la fundación Nobel, Alexander Solzhenitsyn expresó su respeto a los mártires cristianos asesinados por el sistema comunista, y denunció la hipocresía del sistema soviético de la siguiente forma:
"En una parte del mundo, no hace mucho tiempo, en persecuciones no menores a las de los antiguos romanos, cientos de miles de cristianos silenciosos dieron sus vidas por sus creencias en Dios. 
En el otro hemisferio, cierto loco (y sin duda no está sólo), se apresura al otro lado del océano para "librarnos" de la religión - ¡con una acuchillada de acero en el sumo sacerdote! ¡lo ha premeditado para cada uno de nosotros de acuerdo a su escala personal de valores!"

Su fe cristiana

En su Discurso de Aceptación por el Premio Templeton al Progreso de la Religión (en el Palacio de Buckingham, Londres, 10 de mayo de 1983), Alexander Solzhenitsyn dijo:
“Hace más de medio siglo, cuando aún todavía era un niño, recuerdo haber oído a varias personas de edad avanzada que ofrecían la siguiente explicación para los grandes desastres que han sucedido en Rusia: ‘Los hombres han olvidado a Dios; es por ello que todo esto ha pasado.’  
Desde entonces he pasado poco menos de cincuenta años trabajando en la historia de nuestra revolución. En el proceso, he leído cientos de libros, he recolectado cientos de testimonios personales, y ya he contribuido con ocho volúmenes propios esforzándome para quitar los escombros dejados por ese levantamiento. 

Mas si el día de hoy se me pidiera que formule en la forma más concisa posible la principal causa de la desastrosa revolución que consumió a cerca de sesenta millones de personas en nuestro pueblo, no podría decirlo con más precisión al repetir: ‘Los hombres han olvidado a Dios; es por eso que todo esto ha pasado.’” (Solzhenitsyn 1984, Número 36; ver también: Solzhenitsyn 1983, p. 874).
En su discurso ante la premiación Templeton (el 10 de mayo de 1983), Solzhenitsyn afirmó que el marxismo militarizado es producto directo del ateísmo:
"Una vez más, fue Dostoievski, quien sacó, a partir de la Revolución Francesa y su odio furioso contra la Iglesia, la lección de que ‘la revolución necesariamente debe comenzar con el ateísmo.’ 
Eso es absolutamente cierto, pero el mundo nunca antes ha conocido una impiedad tan organizada, militarizada, y tenazmente malévola como la practicada por el marxismo. Dentro del sistema filosófico de Marx y Lenin, y en el núcleo de su psicología, el odio a Dios es el principal impulsor, más fundamental que todas sus pretensiones políticas y económicas. El ateísmo militante no es meramente incidental o ambigüo en la política comunista, no es un efecto secundario, sino el eje central.” (Solzhenitsyn 1984, Número 36).
“Lo que es más, los eventos de la revolución rusa sólo pueden comprenderse ahora, a finales del siglo, cerca del segundo plano de lo desde entonces ha ocurrido en el resto del mundo. Lo que emerge allí es un proceso de significación universal, y si se me llamara a identificar brevemente el rasgo principal de todo el siglo XX, también en ese caso, yo sería incapaz de encontrar algo más preciso y conciso que repetir una vez más: ‘Los hombres han olvidado a Dios.’  

Los fallos de la conciencia humana, privada de su dimensión divina, han sido un factor determinante en todos los grandes crímenes de este siglo.” (Solzhenitsyn 1984, Número 36).
“La década de 1920 en la U.R.S.S. fue testigo de una ininterrumpida procesión de víctimas y mártires entre el clero ortodoxo. Veintenas de arzobispos y obispos perecieron. Decenas de miles de clérigos, monjes y religiosas, presionados por los chequistas a renunciar a la Palabra de Dios, fueron torturados, fusilados en sótanos, enviados a campos, exiliados a la desolada tundra del norte lejano, o echados a las calles en su vejez sin comida ni refugio. Todos estos mártires cristianos fueron invariablemente a la muerte a causa de su fe; los casos de apostasía eran pocos y distantes entre sí.

Para decenas de millones de laicos el acceso a la Iglesia fue bloqueado, y se les prohibió educar a sus hijos en la fe: los padres religiosos fueron arrancados de sus hijos y lanzados a la prisión, mientras que los niños se apartaban de la fe por medio de amenazas y mentiras.” (Solzhenitsyn 1984, Número 36).
“De forma imperceptible, a través de décadas de erosión gradual, el significado de la vida en Occidente ha dejado de verse como algo más que sólo ‘la búsqueda de la felicidad’, un fin que ha sido incluso garantizado solemnemente por constituciones. Los conceptos de bien y mal han sido ridiculizados por varios países; desterrados por el uso común, han sido reemplazados por consideraciones políticas o clasicistas con un valor de corta duración. 
El Occidente se está deslizando hacia el abismo indisolublemente. Las sociedades occidentales están perdiendo cada vez más su esencia religiosa, entregando a su generación más joven al ateísmo. Si se muestra una película blasfema sobre Jesús en los Estados Unidos, supuestamente uno de los países más religiosos del mundo, o un periódico importante publica una caricatura desvergonzada sobre la virgen María, ¿que otra prueba se necesidad de que la impiedad se está haciendo una necesidad?” (Solzhenitsyn 1984, Número 36). 
“Es cierto que millones de nuestros compatriotas han sido corrompidos y devastados espiritualmente por un ateísmo impuesto oficialmente, sin embargo todavía quedan millones de creyentes: son sólo las presiones externas las que les impiden expresarse, pero, como siempre es el caso en los tiempos de persecución y sufrimiento, el conocimiento de Dios en mi país ha alcanzado gran agudeza y profundidad.

Es aquí donde vemos el amanecer de la esperanza: no importa cuan enormemente el comunismo se enfurezca con sus tanques cohetes, ni importa cuantos logros obtenga en apoderarse del planeta, está condenado a nunca vencer el Cristianismo.” (Solzhenitsyn 1984, Issue 36). 
La actitud del novelista respecto a la desmoralización en los países modernizados, fue expresada en su discurso deliberado en 1978 en la Universidad de Harvard:, titulado por la prensa como "A World Split Apart" (Un mundo partido);
Incluso si evitáramos ser destruidos por la guerra, nuestras vidas tendrán que cambiar si queremos salvar la vida humana de la autodestrucción. No podemos evitar revisas las definiciones fundamentales de la vida humana y la sociedad humana. ¿Es cierto que el hombre está por encima de todo? ¿Acaso no hay un Espíritu Superior por encima de él? ¿Está bien que la vida del hombre y de las actividades de la sociedad tengan que ser determinadas por la expansión material primeramente? ¿Es permisible fomentar dicha expansión en detrimento de nuestra integridad espiritual? 
En las primeras democracias, como en la democracia norteamericana en el momento de su nacimiento, todos los derechos humanos individuales eran aceptados porque el hombre es una criatura de Dios. Esto es, la libertad a la persona se le daba de forma condicional, en la asunción de su responsabilidad religiosa constante. Este era la herencia de los mil años precedentes. Hace doscientos años o incluso hace cincuenta años, hubiera parecido bastante imposible, en Estados Unidos, que a un individuo se le concediera la libertad sin límites simplemente para la satisfacción de sus instintos o caprichos. Posteriormente, sin embargo, todas estas limitaciones fueron descartadas por todas partes en Occidente; un libertinaje total se produjo deshaciendose del patrimonio moral de los siglos cristianos con sus grandes reservas de misericordia y sacrificio. Los sistemas del Estado se estaban volviendo gradualmente y totalmente materialistas. El Occidente terminó por realmente imponer los derechos humanos, a veces incluso en exceso, pero el sentido de responsabilidad del hombre ante Dios y la sociedad se fue atenuando cada vez más. En las décadas pasadas, el aspecto legalista egoísta del enfoque y pensamiento occidental ha llegado a su dimensión final y el mundo acabara en una dura crisis espiritual y un situación política sin solución. Todas los avances tecnológicos glorificados del progreso, incluyendo la conquista del espacio exterior, no redimen la pobreza moral del siglo XX, que nadía podría haber concebido incluso en el siglo XIX.
Para el historiador ruso, los medios masivos de comunicación se incluyen entre los principales detonadores de la corrupción inmoral prevalente en los países modernos. Al respecto, se refirió al "letargo de la TV" y a la "música intolerable," y manifestó su inquietud de que los consumidores de medios masivos estan teniendo "sus almas divinas rellenas de chismes, tonterías, y pláticas vanas." 
La prensa se ​​ha convertido en el mayor poder dentro de los países occidentales, más poderoso que el poder legislativo, el ejecutivo y el judicial. Uno entonces gustaría preguntar: ¿con qué derecho ha sido elegida y a quién se hace responsable?. . .
La impaciencia y la superficialidad son la enfermedad mental del siglo XX, y más que en ningún otro lugar, esta enfermedad se refleja en la prensa. (Solzhenitsyn (1978), Harvard Commencement Address)
En concordancia con 1 Crónicas 29:12, Solzhenitsyn expresó que la fortaleza moral y espiritual que se necesitan, sólo pueden recuperarse poniéndose en las manos de Dios:
Todos los intentos para hallar cómo liberarnos del compromiso del mundo actual que nos lleva a la destrucción serán inútiles si no re-encausamos nuestra conciencia en arrepentimiento frente al Creador. Sin esto, ninguna salida se iluminará y buscaremos en vano. A las enfermas esperanzas de los dos últimos siglos, que nos han reducido a la insignificancia, y nos han trasladado al borde de la muerte nuclear y no-nuclear, sólo podemos proponer una búsqueda determinada de la mano cálida de Dios, la cual ha sido rechazado de forma imprudente y auto-confiadamente.   
Sólo de esa forma se podrán abrir nuestros ojos a los errores de este lamentable siglo XX, y nuestras manos podrán dirigirse a establecerse correctamente. No hay nada más a que aferrarse en este derrumbe de tierras: la visión conjunta de todos los pensadores de la Ilustración equivale a la nada. 

Nuestros cinco continentes están atrapados en un torbellino. Pero es durante adversidades como éstas que los mayores dones del espíritu humano se manifiestan. Si perecemos y perdemos este mundo, la culpa será solamente nuestra. (Solzhenitsyn 1984, Issue 36).  

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