vendredi 20 janvier 2017

CÓDIGO DE REEMPLAZO, del libro (inédito) 'Notas de una mujer muy rara', de Sonia Díaz Corrales

Workshop of the Master of the Female Half-Lengths (1500 - 1530) - Reading Mary Magdalene



CÓDIGO DE REEMPLAZO, del libro (inédito) 'Notas de una mujer muy rara', de Sonia Díaz Corrales
Este es un cuento corto, con una introducción más o menos larga. 
Tengo una teoría sobre lo que llamo reemplazo. A veces conoces a alguien, un nuevo amigo, o amiga, o simplemente una persona para quien vas a trabajar. Podría ser cualquiera: la vecina de abajo o alguien a quien hasta podrías considerar un semejante. Si eres perceptivo, entiendes que al mismo tiempo que se presentan, te ponen de una vez el código de reemplazo. Si eres muy perceptivo, y tienes un poco de práctica, podrías hasta saber aproximadamente cuando se efectuará el reemplazo.
El reemplazo es una práctica nueva en el caso de la aplicación a los seres humanos. En los grupos humanos primitivos había una selección de reemplazo, pero no eran los seres humanos los que establecían las fechas del mismo, sino la naturaleza o sus propias características de fuerza, resistencia y/o adaptación. Lo nuevo, es que unos establezcamos la fecha de reemplazo de otros a la primera impresión y sin más elementos de juicio. Consiste, a grandes rasgos, en algo parecido a la fecha de caducidad, o sea, un tiempo en el que se supone puedes ser útil en un estado óptimo. Si se mira bien se entiende que por razones muy concretas se ha convertido en práctica generalizada. No hablaré de las razones o esta introducción se haría infinita. Deberías saber cuales son, y si no las sabes, mejor para ti. Intenta conservar ese estado de inocencia el mayor tiempo que sea posible.
Inicialmente, cuando aprendes a reconocer a los que te ponen el código de reemplazo te sientes ofendido e incrédulo, y luego, alternativamente triste y decepcionado. Pero al final te haces a la idea y hasta resulta beneficioso, porque no te planteas expectativas que vayan mas allá de donde ubicas la fecha de tu código de reemplazo. Cuando se adelanta o se retraza, te dices; ¡vaya! Y esto, que a alguien le puede parecer una barbaridad, —a mí me lo parecía hasta hace poco—, evita depresiones, angustias y gastos de energía improductiva.
Lo más terrible de esta experiencia no es la tristeza de que hablaba antes, de cuando empiezas a reconocer a los que te ponen el código de reemplazo. Lo más absolutamente triste ocurre cuando te das cuenta de que empiezas a poner a los demás su etiqueta. Tú pones el código de reemplazo a otros. Y para mayor asombro, de pronto no hay nada que te parezca perdurable, que esté más allá de toda suposición de reemplazo. He pensado, para resarcirme de esta mezquindad hacer una campaña, cuyo slogan sería: La otra especie de abandono, o algo así.
La belleza, la armonía, la necesidad, los afectos, la compañía, o lo que antes adorabas compartir, para tu sorpresa, tiene también su código, fechado y colocado por ti. Esto te ha podrido la ingenuidad de esperar que algo sea imperecedero, si no eterno, o como solemos decir: para siempre. Hay muchas formas de reemplazo: definitivo, intermitente, parcial, o incluso aparente o supuesto. Este último es el peor de todos, podrías acabar enloqueciendo porque te hacen creer que no te han reemplazado.
Una vez en esta encrucijada puedes hacer cosas inútiles como destrozar tu ponedor de códigos, y sufrir las consecuencias de los efectos devastadores de suponer que nadie te haría algo así, o de que nadie merece que le hagas algo así. Y, desde luego, empezar a parecer muy rara a los ojos de los otros. O, dejar que pase, intentar poner fechas más lejanas a las cosas que te resultan agradables, esto último sería correr el riesgo de confundirte y creer que por poner una fecha lejana en el tiempo al código de reemplazo de alguien solucionas algo. Te recuerdo que el tiempo no se detiene, y… que también el otro habrá puesto su fecha para tu reemplazo y eso podría a la larga traerte algunas tristezas adicionales. También puedes intentar una aproximación al código que te ha puesto el otro y colocar ahí la fecha del código que le pondrás a él. O de forma extremista intentar ponerla antes para no ser dañado en ninguna circunstancia. Esto hace la mayoría, porque parece que resulta más efectivo.
Ahora sí. El cuento:
Ella le miró enternecida, le pareció cándido, no podía ser que todavía quedara alguien ingenuo.
Pero sólo fue un instante de indecisión. Cuando él levantó los ojos, ella comprendió que su código de reemplazo era un hecho. Le entristeció.
Hizo una aproximación para la fecha. Comprobó con un poco de vanidad que tenía unos meses, los tres meses de amor eterno, según las palabras de él mismo. Decidió intentar revertir ese hecho.
Su propio mecanismo de codificación se había puesto en marcha, pero sabía que la justicia debe empezar a ejercerse por casa. No quería que le pusieran a ella un código de reemplazo, así que rechazó todo tipo de fecha para el código de él.
Sabía que corría el riesgo enorme de la decepción y la tristeza, pero no le importó. Quería volver a esperar, a creer que era posible posponer indefinidamente, y más allá de todo, cualquier código de reemplazo. Pretendía creer que algo podía ser para siempre.

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