mardi 28 juin 2016

Las cartas privadas de Oriana Fallaci

Oriana Fallaci, en el estudio de su casa en Lamole, en 1979. MP/PORTFOLIO/LEEMAG

Un libro recoge la correspondencia que la periodista italiana mantuvo con amantes, amigos, familiares y entrevistados, para descubrir una cara totalmente desconocida de la célebre y polémica reportera
"Sí, almorzar con Juan Carlos y Sofía es lo peor. Conozco a esos dos idiotas. Los entrevisté en Atenas antes de su estúpido matrimonio, y están hechos del mismo molde que Franco", escribe la periodista italiana Oriana Fallaci a una amiga, en una carta que le envió desde Nueva York el 8 de enero del año 1967. Y que, evidentemente, creyó que nunca vería la luz.
Ahora esta misiva y otras se reúnen en el libro La paura è un peccato (El miedo es un pecado, en italiano), publicado por la editorial Rizzoli, y que descubre unaOriana Fallaci totalmente desconocida hasta ahora.
La obra, que está prevista que se traduzca al español, es fruto de la labor realizada por Edoardo Perazzi, sobrino y único heredero de la célebre reportera, que en septiembre hará una década que falleció. Perazzi ha trabajado durante casi dos años para recopilar cartas privadas que Fallaci escribió a amantes, amigos, familiares y entrevistados. 120 en total y completamente inéditas. La mayoría estaban a máquina, como le gustaba escribir a la periodista, que nunca utilizó un ordenador.
"Oriana lo guardaba todo, y una misma carta la podía escribir más de una vez porque era muy perfeccionista. Por eso hemos encontrado muchos escritos en su casa. Otros pertenecen al archivo personal de Giulio Andreotti [ex primer ministro italiano], o de amigos suyos", detalla a EL MUNDO el sobrino de la escritora, que reconoce que hacer el libro ha sido como montar un rompecabezas. Pero el resultado, asegura, es extraordinario.
"No es sorprendente que [Juan Carlos y Sofía] se conviertan en rey y reina de España cuando muera el Asesino", sigue explicando Oriana en su carta, refiriéndose al dictador español. Y añade: «Son sus protegidos. Desde pequeño,Juan Carlos vivió bajo la sombra de Franco y es su robot obediente". En cuanto a Sofía, la describe así: "Es simplemente la hija de aquella reina de Grecia que [...] estaba en la Juventud Hitleriana y que hizo encarcelar a 50.000 ciudadanos griegos socialistas".
Lo que Oriana no se imaginaba entonces es que ésta y otras cartas personales suyas serían publicadas tras su muerte.
De hecho, la propia periodista bromea en una misiva -que también se incluye enLa paura è un peccato- sobre la posibilidad de hacer un libro con las cartas enviadas a su amiga Jane Dreyfus, mujer del astronauta estadounidense Charles Conrad.
"No guardes esta carta. No es bonita. La he escrito deprisa y sólo para divertirte", dice Oriana a Jane cuando ésta le propone publicar un libro con sus epístolas. "Y además nunca me convertiré en una Hemingway, gracias a Dios. Ni en vida, ni después", concluye la reportera.
Sin embargo, ahí están decenas de cartas personales de Oriana, en un volumen de 360 páginas, que incluyen desde misivas a quien fue su pareja, Alexandros Panagoulis -en las que se muestra cariñosa y apasionada-, a escritos a su madre y otros familiares, preocupándose por ellos.
"Tengo necesidad de ti, y quiero creer que tú tienes necesidad de mi. Me puedes dar mucho. Te puedo dar mucho. Te lo puedo dar todo", decía Oriana a Alekos, como llamaba a su querido Panagoulis, en una carta fechada el 26 de agosto de 1973. "Estos escritos rompen la imagen de que Oriana fuera una mujer dura y concentrada sólo en su trabajo. Era tremendamente romántica y muy afectuosa", explica su sobrino.
Y no sólo eso. La periodista lo hacía todo con especial celo. Perazzi pone un ejemplo: "Cuando me casé, Oriana estaba haciendo quimioterapia y no pudo asistir a la boda. Me envió un regalo: un casete con su voz grabada leyendo un fragmento del Cantar de los Cantares, y dos páginas con el texto escrito. Tras su muerte, encontré en su casa diversas versiones de aquel texto. Para preparar aquel regalo, dedicó un montón de tiempo".
"Oriana estaba obsesionada con escribir. La palabra escrita era su pasión de vida.Pero para ella, escribir también era un proceso largo y fatigoso. Un gran sufrimiento y un gran trabajo. Escribía y reescribía hasta encontrar la palabra justa", afirma el sobrino, que considera que, para realmente conocer a Fallaci, hay que leer sus escritos. Y no sólo quedarse con uno de sus últimos libros, La rabia y el orgullo, publicado tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, y que generó tanta controversia. La reportera opinaba allí que los musulmanes pretenden "islamizar Occidente".
Sin duda, La paura è un peccato nos acerca a la periodista, como ninguna otra obra. "Querido, leo tu carta con muchísimos días de retraso porque siempre me olvido de coger la correspondencia del buzón y, si la cojo, no la leo, a no ser que el nombre del remitente esté en el sobre, y el remitente me interese", decía Oriana en una carta dirigida al periodista Alberto Jacoviello, y fechada en Nueva York el 27 de abril de 1978.
"No creo que el periodismo se pueda estudiar en la escuela. La única verdadera escuela de periodismo es la práctica cotidiana. [...] Lee, lee y lee", aconsejaba la reportera en otra misiva a una joven de 13 años, Mariella, que se dirigió a ella porque quería ser periodista. Y también le aclaraba: "Yo no odio a los americanos. Como pueblo, lo admiro en muchas cosas. Por ejemplo, el hecho de tener una élite cultural libre, democrática y progresista. [...] Odio su dinero y su fuerza militar que interviene en la vida de los otros pueblos y la pliega a sus intereses", precisaba.
Pero La paura è un peccato también incluye cartas de importancia histórica, como los dos escritos que Fallaci hizo llegar a Fidel Castro. Uno, solicitándole una entrevista. Y otro, mostrando su enfado y desconcierto porque el presidente cubano se negó a recibirla, al considerarla una "contra revolucionaria".
"No soy socialista. Lo he sido. Si usted realmente hubiera leído mis artículos y mi último libro, conocería mi desconfianza en los dogmas, y mi poca esperanza en que ni tan siquiera el socialismo pueda cambiar a los hombres", respondió Fallaci a Castro el 1 de octubre de 1983, al saber que no le concedería la entrevista. Y añadía: "Nadie me había dicho que para entrevistar a Fidel Castro había que ser socialista, y creer que los países socialistas son el paraíso terrenal". Otra prueba de que la periodista no se mordía nunca la lengua.


Las cartas privadas de Oriana Fallaci

lundi 27 juin 2016

El gnomo de Secretan

Une vidéo publiée par Margo Groenlandia (@margogroenlandia) le

etude de nu ou suzanne cousant

etude de nu ou suzanne cousant, 1880
paul gauguin
115cm x 80cm




Secreto de la tijera


Amor,
te voy a cortar
el secreto de la lavanda.
 

© Margarita García Alonso

dimanche 26 juin 2016

GRAFISMOS by ©Margarita García Alonso



la mierda ante el oro


Por Eduardo Jo

 
Ese sentimiento que siente el débil ante el fuerte, el menesteroso ante el rico, el fracasado ante el triunfador, la mierda ante el oro, y una espina llamada Gibraltar, es lo que ha hecho que El Pais publique esta foto en su portada.



La envidia es mil veces + terrible que el hambre...porque es hambre espiritual....Unamuno

alguien sabe si HOY Podemos reunificará a España con La Habana?

   cómo van las elecciones? alguien sabe si HOY Podemos reunificará a España con La Habana?

Margarita García Alonso. La maravillosa duda, por Jorge Tamargo

Amigos, hoy publico en mi blog un texto sobre la obra plástica de Margarita García Alonso (Margo Reina de Groenlandia). Si pueden y quieren leerla, sigan el siguiente enlace. Abrazos

jueves, 16 de junio de 2016

Margarita García Alonso. La maravillosa duda





Quienes la conocemos, sabemos que Margarita García Alonso, además de escribir
 poesía de alta calidad y editar libros para la inmensa minoría, pinta; o, por decirlo 
más ancha y precisamente: compone escenas que alegran los ojos a los inquietos, 
en la misma medida que los importunan a los remolones. Y es que Marga 
(perdonen la economía nominal, que nada tiene que ver aquí con el colegueo barato)
 lleva muchos años decorando la cabaña donde vive el mismísimo porquero 
de Agamenón; dando razones al célebre mozo para que sostenga su higiénica 
duda con relación a la Verdad.

Jamás tuvo Marga una vocación analgésica. Es la madre de un bestiario muy singular 
(todo “bestiario es una revisión de la condición humana partiendo de la condición 
animal…”, nos dice Piñero Moral) con el que previene a su cliente-pupilo frente a 
cualquier vademécum doctrinal, también en las artes plásticas. Sus composiciones
 son un remedio eficaz contra la fascinación aristotélica. Su obra toda es un verdadero
 cajón de sastre para los locos de este mundo: los que dudan, quiero decir, l
os de atar; no los sobrecargados de certidumbre, que, con nuestra cómplice indolencia,
 y como se diría en el barrio donde nací: andan sueltos y sin vacunar, pontificando en 
las cátedras y las tribunas de ese otro mundo tan ajeno al arte.

Hablo de una autora que escucha el estruendo provocado por el Edificio mientras 
se desploma, y, lejos de obviarlo, lo graba; lejos de atenuarlo, lo amplifica. 
Con ese ruido, no obstante, sustenta la cabaña de su protegido: entretiene los 
cimientos de barro con un sonoro, pero divertido y fructífero, no sé. ¿Cómo? 

                                                                                  

                                                                                     

 LA VETA SURREALISTA

Los más ortodoxos surrealistas del XX representaron en estado de vigilia, o eso dijeron, 
la parte que lograron retener de los sobresaltos que padecían durante el sueño. 
Yo no lo creo del todo, pero aceptémoslo para no introducir aquí un problema que
 nos distraiga. El caso es que, de esa manera, pretendieron sustraerse a cualquier
 atisbo de control racional sobre su obra. Los surrealistas emergieron entonces 
como “artistas puros”, porque su movimiento, cual cándida estela del psicoanálisis, 
fue siempre de la subconsciencia a la consciencia, nunca en sentido contrario.

Bien, la aparente digestión de la Primera Gran Guerra por la vía de un arte-laxante 
que no sacaba la cabeza de la caja negra, al parecer no fue posible tras su gravísima
 réplica. Occidente no pudo digerir el colmo y la consecuente caída de la modernidad,
 (“todo lo que llega a su apogeo comienza a declinar”, decía Abd Allāh) cerrando 
o entornando de nuevo los ojos tras la toma de Berlín por los aliados. Los delirios 
imperiales alemanes y soviéticos, de muy distinto signo que los anglosajones, y 
la respuesta de estos últimos, menos alucinada pero igualmente beligerante, impidieron 
echar otra vez la capa sobre la caja de cristal. Todas las tendencias artísticas acentuaron
 el pathos, y creyeron compensarlo, acaso esconderlo con el uso (y abuso) del logos
La mayoría de ellas optaron entre lo patético y lo razonante, otras fueron sometidas 
a una latencia más o menos vigente. La abstracción se hizo expresionista, (que no 
al revés, como su nombre sugiere) el cubismo se tornó a ratos discursivo, el 
surrealismo quedó arrinconado, el dadaísmo abandonó la escena; sólo el realismo
 socialista se mantuvo en sus escuetas casillas; y antes de que pudieran llegar 
el refresco pop o la hamaca postmoderna, surgió el llamado arte conceptual.
 Nunca más los surrealistas, ni siquiera los que son tan incorregibles como Marga, 
pudieron trabajar al margen de semejante influjo. 

Y como desde entonces ya no vale cerrar tramposamente los ojos para espantar 
a la pertinaz vigilia, Marga sueña con los suyos abiertos. Su obra tiene una clara 
veta surrealista, pero dista mucho de limitarse a lo que retiene la almohada. 
Su discurso no es sólo formal, no sólo regala forma a sus ensoñaciones, sino 
que está atravesado por una línea conceptual, que, en algunos casos,
 llega incluso a remedar el horizonte. Es normal, o al menos comprensible: 
ningún gorrión puede vivir, como gorrión, mucho tiempo en un gallinero. 
¿Es Marga una artista puramente conceptual? No. ¿Es una artista puramente surrealista? Tampoco. Si el porquero de Agamenón preguntara por la génesis de la obra que ella estampó en
 el techo de la cabaña donde duerme, Marga le respondería: ―Es más que un sueño 
soplado y menos que un sueño razonado. No es gaseosa ni sólida… ¿Una invitación
 al juego…? No sé… ¿Y entonces?
                                                                               

                                                                                        

LA CORRIENTE LÍQUIDA EN EL CAUCE POSTMODERNO

Joaquín Esteban Ortega ha dicho: “la clave de este asunto [el carácter 
inaprensible del arte postmoderno-líquido] se encuentra en la desontologización de la
 obra a favor de su conceptuación.” O sea, la obra que renuncia a ser para representar 
un concepto, y se convierte en mera noticia del concepto representado. ¿Hay algo más 
impropio para la obra de arte que un concepto, ya no sólo presente en su fórmula genitora,
 sino también suplantando su fin? Pero, si el arte líquido (Bauman) surge de una 
transitoriedad determinante, de un substrato social también líquido, en continua 
mutación, opuesto al que permitía, o más aún, demandaba, la sociedad egipcia, 
¿qué tipo de concepto debe sustentarlo, si no ese que se derrame con igual laxitud, 
ese que, apenas haya alcanzado su aparente forma, sienta la urgencia de trans-formarse?    

Sometido a semejante sobrexcitación conceptual y formal, el hombre postmoderno no
 es capaz de imantar sus ripios. Se cargó de pasado, colocó la razón en el sitio
 inadecuado, delegó en la estética académica (los estetas) el arbitraje de su relación
 con la naturaleza, se puso en manos de la ciencia experimental y la tecnología; 
y ahora no parece merecer la belleza si no sometida a una liquidez simétrica a la suya 
propia. Porque, según Schiller, realmente “bella […] es aquella forma que no exige 
ninguna explicación, o bien aquella que se explica sin concepto.” Además, se pregunta 
y se responde el genio alemán: “¿Por qué cada uno de los griegos puede erigirse en 
representante de su tiempo, y no así el hombre moderno? Porque al primero le dio forma 
la naturaleza, que todo lo une, y al segundo el entendimiento, que todo lo divide.”

Así que tenemos un tiempo líquido (cuasi forme, por no decir informe), un arte también 
líquido, cuyo estado, unido a su extrema conceptuación, lo hace prácticamente 
inaprensible; y el artista postmoderno, hecho pedazos por “el entendimiento, que
 todo lo divide”, persiguiendo una belleza que se ajuste a circunstancias tan 
problemáticas… Y ahí aparece Marga con un surrealismo transido de postmodernidad,
 con esa tara conceptual inevitable, pero también con un salvavidas maravilloso: 
la locura y su consecuente duda sobre la Verdad. Marga se deja llevar por la Duda. 
Se monta un rollo cuántico que avala su relativismo y permite obrar a sus fantasmas.
 Según Corinne Enaudeau, “el hombre racionalista, con espíritu de sistema, que ve
 la unidad de las ideas incluso antes de que hayan nacido, nunca inventa nada. 
La flema del genio consiste en dejar hacer al extravío, dejar que se tejan las analogías,
 dejar que se multipliquen los espectros.” Eso hace Marga. La traza conceptual y
 sistémica logra atravesar e intoxicar su veta surrealista, pero no extinguir la locura 
que ventila su aparente irracionalidad.

¿Y la belleza? Como bien dijo Hume: “la belleza [por más que se piense] no es una 
cualidad del círculo. No reside en ninguna parte de la línea cuyos puntos son todos 
equidistantes de cualquier centro común. Es sólo el efecto que esa figura produce 
sobre una mente, cuya particular fábrica o estructura la vuelve susceptible de tales 
sentimientos.” El círculo parecerá bello a la mente aristotélica que se regocija con la 
Verdad-Una-Toda-Inmóvil-Imperecedera. La malla infinita y cuántica parecerá bella a
 quienes vean esa Verdad como una leyenda convenida, débilmente asida a sus 
mutantes nudos. Sobre todo para estos últimos, trabaja Marga: para los locos que 
mantengan muy activos los canales sensibles y desistan de buscar en sus obras, sólo,
 la quinta pata al gato: la discursiva… Si el porquero de Agamenón preguntara por la
 esencia de la obra que ella colgó en la cara interior de la puerta de su cabaña, 
Marga le respondería: ―Es más que mentira prescindible y menos que mentira 
imprescindible. No es gaseosa ni sólida… ¿Una invitación al juego…? No sé… 
¿Y entonces?  

   


CODA PARA LA RESIGNACIÓN Y EL DISFRUTE

¿Para qué tanta pregunta? “Por raro que sea el modo con que el mosto se agite, 
siempre acaba por contener más o menos vino.” (Goethe). Marga agita su mosto de 
manera que el vino resultante plazca a los locos de su tiempo. Y junto a ellos, 
mientras beben entretenidos, suelta a sus bestias polivalentes donde “todo el espacio 
juega con el grito ¡No sé!” (Mallarmé) Un grito femenino, sí, que en el caso de Marga 
es lanzado con una sobreabundancia que a veces abruma, por 
(y especialmente para) una omnipresente mujer… Me resigno. Sin que haga falta 
un saber demasiado, ya está: Marga puede engendrar las cosas que más disfruto, 
esas que gracias a Dios no sé, y que gracias a mis dioses, aunque a veces me 
ponga a manosearlas en voz alta, no tengo intención alguna de averiguar a fondo. 
Porque, como dijo Nietzsche, (madre mía, hoy tengo el estro polémicamente 
franco-germánico) “todo conocimiento profundo es una corriente fría.”

¿A que no debo terminar hablando de herramientas digitales, mecanismos 
del collage, psicología del color o leyes de la simetría? ¿A que no?


mUCHAS GRACIAS José M. Fernández Pequeño, Literatura Cubana

Un agradecido discípulo de José Soler Puig

En esta entrevista, José M. Fernández Pequeño habla sobre su más reciente colección de cuentos, que presentará hoy en el Centro Cultural Español de Miami
Dos años después de que diera a conocer El arma secreta, José M. Fernández Pequeño vuelve a comparecer ante los lectores con un nuevo libro de cuentos: Memorias del equilibrio (K Ediciones, Miami, 2016, 102 páginas). En el mismo, ha recopilado dieciséis textos que ponen de manifiesto, una vez más, sus magníficas dotes de narrador. La salida de su nuevo título coincide con la noticia del nuevo galardón que ha recibido: su novela Bredo, el pez ha sido galardonada con el Premio Nacional de Literatura Infanto-Juvenil Aurora Tavárez Belliard, que otorga el Ministerio de Cultura de la República Dominicana. En la entrevista que sigue a continuación, Fernández Pequeño habla del volumen de narraciones recién salido de la imprenta, que presentará esta noche a las 7pm en el Centro Cultural Español de Miami, 1490 Biscayne Boulevard.
Quiero comenzar preguntándote por qué el título de Memorias del equilibrio.
Me recuerdo ahora mismo en Bayamo. Es 1963, octubre para ser exactos, y estoy a punto de cumplir diez años. Al Círculo Social Vicente Quesada van trayendo a los rescatados del ciclón Flora, que cuentan sus historias como si les apremiara sacarse todo ese dolor de adentro. Con horrores y sobrevivencias como esas anduve después durante medio siglo (buena compañía, te lo aseguro)… hasta que llegó el momento de dejarlas salir. Siempre quise escribir los cuentos de este libro, pero siempre supe también que era cosa de maduración, de permitir que las voces dejaran de ser lo que habían sido para fermentar en el tiempo de la ficción. Hasta ahí cuanto corresponde a las memorias.
Entiendo el libro como un regreso literario a Cuba, un intento de acercarme al ámbito más golpeado por el último medio siglo de historia en la Isla: el del individuo. Cuando las causas políticas se vuelven contra quien debería ser su beneficiario (es decir, contra el ser humano), cada cual necesita a toda costa hallar un equilibrio para su vida. Las formas de lograrlo son infinitas, van desde las más nobles hasta las más ignominiosas. En el fondo, ese es el conflicto que enfrentan los personajes de estos cuentos, y claro, también el señor que los escribió. Así quedó, pues: Memorias del equilibrio.
A diferencia de El arma secreta, tu anterior colección de cuentos, donde había varias narraciones ambientadas en la República Dominicana, aquí todos los cuentos que tienen una ubicación geográfica específica ocurren en Cuba. ¿Tiene eso que ver con que fueron escritos cuando ya residías en Miami?
Sin duda. La zambullida en la cubanidad abierta y multicultural de Miami terminó de darme la distancia que necesitaba. Sin embargo, creo sano no perder de vista el peso que pudo tener sobre esa visual encontrada mi trato con la cultura dominicana. Sospecho que esa otredad inclusiva fue fundamental para determinar qué quería hacer con Memorias del equilibrio. Aunque a simple vista pudiera no parecerlo, quizás los cuentos del libro también hablen en dominicano. Sutilmente, como son casi todas las cosas que valen la pena… quizás, ya lo dije.
Cuando llegué a Miami, solo dos de esas historias estaban en borrador. Una es “Equilibrio”, la ficción breve que abre el libro. La otra es “Datos, revelaciones”, un relato que había reescrito como ocho veces, hasta que encontré el rejuego técnico que me permitió abordar su asunto de una manera menos frontal. Pero fue ya estando en Miami cuando tomé conciencia de la reflexión que se desarrollaba tras la imaginada enfermedad del personaje incapaz de evitar que su portañuela aparezca abierta en público. Entonces reescribí el relato por novena vez. Es el único entre los textos que no transcurre en Cuba, algo que cualquier persona familiarizada con Santo Domingo descubre enseguida.
En los cuentos recogidos en Memorias del equilibrio se advierte un notorio predominio del narrador en primera persona. ¿Por qué prefieres ese punto de vista a la hora de narrar?
No prefiero esa persona narrativa, los textos del libro la exigieron. Tal vez se deba a su condición dememorias porque incluso los narradores en tercera persona que aparecen en “El coro de los marranos” y en “Datos, revelaciones” se mantienen muy apegados a los personajes. En el primero, la voz del narrador y la de los distintos personajes se entrecruzan todo el tiempo para crear un entramado muy cinematográfico, a través del cual se desarrollan cuatro acciones paralelas. En el segundo, el narrador es un alter ego irónico de Carlos, mucho más cuando se cruza hacia la segunda persona y reelabora sus pensamientos.
Ahora, lo que sí podría ser común a todos los cuentos es la puesta en práctica de una narración alterada (casi diría que “dislocante”) provocada por la actuación de factores diversos. La búsqueda de narraciones que potencien una perspectiva a medio camino entre los puntos de vista tradicionales constituye un elemento tan consciente como cardinal en la propuesta estética del libro. En este punto, convendría recordar que soy un agradecido discípulo de José Soler Puig.
En las diez Estampas mongólicas confiesas que has querido “destilar los zumos de la memoria” y “proteger cierta época del olvido”. ¿Recreas en esos cuentos vivencias autobiográficas?
Una aclaración: yo no confieso nada. Eso lo confiesa “el autor”, que en el libro es un personaje como otro cualquiera. Y sí, las “Estampas mongólicas” están tramadas con vivencias, historias y rumores que escuché durante mi niñez y adolescencia en Bayamo. Solo que la perspectiva del narrador mongo les da otro color, otra consistencia. Observa que esas diez piezas breves podrían ser leídas como una sola historia dividida en episodios. Fueron escritas y publicadas en mi blog mes a mes. Cuando puse la primera (para fastidiar a los amigos y entretener un diciembre que en su huida nos robaba otro año), no tenía idea de lo que vendría después, pero el mongo impuso su voz, su disimulado sarcasmo, su ternura difícil. Cuando las leo ahora, siento que el verdadero protagonista es el ambiente, la atmósfera. Pero no me hagas caso, el autor es quien menos sabe acerca de lo que escribe.
El libro está encabezado con sendas citas de Lino Novás Calvo y Carlos Victoria. De la obra del primero tú te has ocupado como crítico e investigador. De esa lectura acuciosa de su obra narrativa, ¿sacaste alguna lección provechosa que te ha servido como cuentista?
Narro como una forma de investigación intuitiva acerca de la vida y del brevísimo lugar que se me ha concedido dentro de ella. Lino Novás Calvo está en la base de esa concepción. Igual que él, preciso de la realidad como punto de partida y de él recibí las primeras lecciones acerca de por dónde se puede mirar una historia. El autor de “La noche de Ramón Yendía” ha vivido conmigo, a mi lado, desde que yo era un adolescente y él un autor prohibido en mi (su) país, ni más ni menos que como un pariente inconforme o un amigo idóneo para discutir, cuanto más encarnizadamente, mejor. Solo que, puesto en la tarea de reescribir la vida, necesito todo el tiempo del absurdo, y por ahí pudiera colarse la sombra de un tal Virgilio Piñera.
Leí por primera vez “La montaña”, de Virgilio, en una terminal de ómnibus cubana. Te imaginarás el gentío, el escándalo mayúsculo que, sin embargo, para mí cesó por completo en ese momento y me dejó solo frente a aquellos cuatro escuetos párrafos. “Desde lo alto” tiene cuarenta cuartillas y sus personajes no se comen una montaña, más bien la siembran, pero quisiera pensar que la obstinada rebeldía es la misma en ambas ficciones. Seres diferentes y por diferentes segregados, expulsados de una historia ahíta de gloria y heroísmos vociferantes, muchos de los personajes en Memorias del equilibrio, cada cual, de manera diferente, escoge ser un mínimo líder. Y pocos mínimos líderes hay en la historia reciente de Cuba tan auténticos como Virgilio Piñera.
Por cierto, al inicio de “Desde lo alto”, se lee: “Con José Soler Puig”. Este año se celebra el centenario del nacimiento del escritor santiaguero. ¿Piensas que es un autor cuya obra narrativa vale la pena releer?
Esa es la tercera pata de la mesa: José Soler Puig. Nadie como él manejó entre nosotros los narradores ni experimentó tanto con los puntos de vista. Si a esas originalísimas formas suyas de mirar sumamos la fuerza de su prosa y su penetración emocional en los detalles, quizás logremos una resumida explicación para la contundencia que emana de su obra narrativa. La cercanía de Soler en un momento decisivo de mi formación me mostró el respeto y la dedicación que exige construir el singular oficio de un narrador profesional. En “Desde lo alto” intento recrear algunas maneras que Soler Puig empleó al narrar. Es un guiño agradecido para un escritor de raza que, además, tuvo siempre el raro coraje de la honestidad.
En mi modestísima opinión, El pan dormido es una de las mejores novelas escritas por un cubano, de la misma forma que la obra firmada por el santiaguero luego de Bertillón 166 constituye uno de los momentos más altos de la narrativa nacional en la segunda mitad del siglo pasado. Y sí, mucho bien haría en este tiempo de farándula desatada y comercialismo rampante la relectura de la obra escrita por Soler Puig.
Tu libro cuenta con una edición especialmente hermosa. ¿Cómo surgió la idea de ilustrarlo con los dibujos de Margarita García Alonso?
Soy un admirador entregado de Margo. De su obra contradictoria, aguda, inconforme, repleta de confrontaciones visuales y discursivas. Me encontré con ella un día en las redes sociales (tomen nota los detractores de Facebook) y a partir de ahí ha sido como si compartiéramos vecindario. ¡Somos tan distintos y tenemos tantas cosas en común! Cierta tarde estaba viendo unos trabajos nuevos en su página y me golpeó un detalle. Aquel gusano verde que caminaba por una correíta iba diciendo exactamente lo que yo quería decir en los cuentos de Memorias del equilibrio, que entonces era un proyecto en desarrollo. Le escribí y el gusano se encaramó en la portada del libro con el descaro de quien hubiera nacido para estar ahí.
Nunca hablamos de los restantes dibujos, los que aparecen en el interior del libro. Margarita los hizo porque se le ocurrió hacerlos; al fin, no tenía que pedir permiso. Y realizó el trabajo con una condición: no haber leído el libro antes para dejar que su imaginación adivinara lo que allí se contaba. El resultado está a la vista. En rigor, Margarita García Alonso no ilustró el libro, más bien me ayudó a soñarlo. ¿Explicación? No hace falta. Como tú, nací en el llano de Oriente, que es la capital del espiritismo de cordón cubano, y estoy seguro de que en algún sentido eso debe dotarnos de una cualidad especial para las comunicaciones subyacentes.
El cuidado de edición y diseño es de Karenia Guillarón, reina de K ediciones. Pero bueno, ¿qué cosa de mi vida no está bajo su cuidado?
Hasta ahora has escrito cuentos. ¿No piensas probar suerte en la novela?
En 2010 escribí el borrador de una novela para adultos, pero no acaba de convencerme y soy muy quisquilloso, para no decir que mortalmente obsesivo. Reescribo y reviso y reescribo y vuelvo a revisar un mismo texto durante años. Igual, a principios de 2015 escribí el borrador de una novela para niños que tiene por título “Bredo, el pez”. Se trata de un texto con el que mantengo conexiones personales muy intrincadas y, además, no soy un especialista en literatura para niños, así que ahora mismo no sé qué pensar de ese proyecto
En resumen, no soy dueño de mis proyectos narrativos. Solo respondo a estímulos y me dejo llevar, como si una voluntad escondida en algún sitio, dentro o fuera de mí, gobernara un plan que yo solo conoceré cuando el libro esté terminado. Por otro lado, me fascina el cuento como género, ese deslumbrante latigazo que se cierra sobre sí mismo (¿habré leído esta frase en algún lugar?).
Por último, quiero preguntarte cuándo comparecerás ante los lectores en tu otra faceta. ¿No tienes planeado un nuevo libro de crítica e investigación?
Tampoco lo sé. Algunos de los temas que abordé cuando fatigaba los caminos de la crítica y la investigación literaria me han estado rondando desde que llegué a Miami sin que yo los convoque. Me gustaría escribir sobre Lino Novás Calvo. Más que un libro, sería un abrazo literario… crudo y cuestionador en ciertos momentos, pero un abrazo al fin y al cabo. Quizás antes me haría feliz publicar otra vez sus cuentos policiales con un nuevo estudio introductorio. Igual me sería muy satisfactorio retomar mi libro En espíritu de las islas; los tiempos posibles de Max Henríquez Ureña, que fuera publicado por Taurus, y hacer una edición para el lector cubano, aunque ese sueño está más allá de mis deseos y decisiones... No sé, en serio. Creo que todo dependerá de muchas circunstancias, de un equilibrio que aún no forma parte de nuestras memorias, así que mejor se lo dejamos al tiempo.

mUCHAS GRACIAS PEQUE POR TANTO AMOR