lundi 12 décembre 2016

Saint Cecilia

Carlo Dolci, Saint Cecilia, c.1640

   Leonard Cohen.


TRES BUENAS NOCHES
De alguna parte simple de mí mismo 
que no consigo agotar 
       tomé una bendición para las flores 
que se crispaban en la noche 
como puños celosos de amor 
        como nudos 
que nadie puede deshacer sin destruirlos 
        La nueva mañana me arropó 
en una bruma azul 
        como el polvo bajo un traje de boda 
Después seguí al día 
como una nube de pesadas ovejas 
        detrás del judas 
ascendiendo por una rampa rodeada de sangre 
hasta el terror de cada edificio negro 

Diez años, viajes sellados sueños no ganados 
Risas que intentaban tentarme hacia la senectud 
         vertidas por amigos estrellas carne desconocida mulas Mar 
Instantáneo conocimiento de cuerpos material y espíritu 
         que aprendido lentamente hubiera hecho sonreír a la muerte 
Historias convirtiéndose en teorías 
         que tan sólo rogaban el ser expuestas una y otra vez 
Muchachas flotando sobre los capullos de mi boca 
         con un musculoso beso triangular 
         de boca ordinaria a boca secreta 
No obstante, mi homenaje a vosotras pegajosas flores 
          rabinos verdes y rojos sirviendo al sol como bandejas 
Al final me ofrecisteis el dogma que me enseñasteis 
          a desdeñar y yo como buen alumno lo desdeñé 
Caí bajo las diagramadas praderas como el fragmento 
         de una estatua perfecta con estratos de ciudades construidas sobre él 
Os vi poderosas y os vi felices 
         de que no pudiera vivir tan sólo para la siega 
de que fuera un verdadero ciudadano de la lenta tierra 
Luz y Esplendor 
en las huertas durmientes 
que penetran entre los árboles 
como la procesión de una boda en una película muda 
penetrando bajo los arcos de ramas 
sólo por amor 
Desde una colina observaba 
respirar a las flores de manzano 
que aspiraban la plata de la noche 
como peces comiendo las esferas 
de aire del agua del río 
Así la iluminada noche alimentaba 
las dormidas huertas 
penetrando en las bóvedas de ramas 
como una sagrada procesión 
Larga vida al poder de los ojos 
Larga vida a los escalones invisibles 
que los hombres pueden leer en una montaña 
Larga vida a la máquina desconocida 
o corazón 
que por deseo o accidente 
vierte con gracia de vencedor 
un clima interminablemente perfecto 
sobre las perfectas criaturas 
que amamanta el mundo 

Montreal 
Julio 1964

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