jeudi 1 décembre 2016

cuquita

Island of Dr. Moreau paper doll set.

EL EMPERADOR DE LOS HELADOS
LLAMA al que lía gruesos cigarrillos, 
Al forzudo, y ofrécele batir 
En tarros de cocina las concupiscentes cuajadas. 
Deja que las sirvientas huelguen con los mismos vestidos.

Que suelen llevar, y deja que sus galanes 
Lleven flores envueltas en periódicos del mes pasado. 
Deja que ser rime con parecer. 
El único emperador es el Emperador de los Helados.

Llévate algo del aparador 
Donde faltan tres borlas de cristal, aquella sábana 
Donde ella bordaba una vez fantasías 
Extendiéndola luego para ocultar su cara. 
Si sus callosos pies quedan fuera, llegan 
A mostrar qué fría y muda está ella. 
Deja fijar la lámpara a su viga 
El único emperador es el Emperador de los Helados.
SOLDADO HAY UNA GUERRA
Soldado, hay una guerra entre la mente 
y el cielo, entre el pensamiento y el día y la noche. 
Por eso el poeta está siempre al sol,

remienda la luna en su habitación y la cose 
a sus cadencias virgilianas, arriba abajo, 
arriba abajo. Es una guerra que nunca acaba.

Sin embargo depende de la tuya. Las dos son una. 
Son un plural, un derecha e izquierda, un par, 
dos paralelas que se encuentran aunque sea solamente en

el encuentro de sus sombras o que se encuentran 
en un libro en un cuartel, una carta de Malasia. 
Pero tu guerra acaba. Y después regresas

con seis carnes y doce vinos o bien sin ellos 
para andar por otra habitación... Monsieur y camarada, 
el soldado es pobre sin los versos del poeta,

sus compendios insignificantes, los sonidos que se clavan, 
inevitablemente modulantes, en la sangre. 
Y guerra por guerra, tiene cada una su clase de valentía.

Qué sencillamente el héroe ficticio se vuelve el real; 
qué alegremente con las palabras justas muere el soldado, 
si ha de morir, o vive del sustento del habla fiel.

Wallace Stevens.

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