vendredi 25 novembre 2016

Human Relations


Human Relations, 1932.

William Mortensen.

Por 
Rafael Piñeiro

El gran mérito de Carlos Alberto Montaner fue el de otorgarle al anticastrismo un discurso intelectual basado en el clasicismo de las ideas liberales. Nadie lo había hecho hasta ese entonces. La frescura con que Montaner estructuraba su discurso le granjeó, incluso, una reputación de hombre brillante y presidenciable entre los círculos de jóvenes universitarios en la isla, hacia la década de los noventa. Montaner representaba para muchos, la esperanza del triunfo de un anticastrismo ilustrado.¡Sería, en resumidas cuentas, nuestro Vaclav Habel criollo! Pero tanto alborozo se ha ido diluyendo con el paso del tiempo y ya hoy en día nadie recuerda al Montaner presidenciable y sagaz que alguna vez nos hizo pensar que un mejor futuro para Cuba era posible. El último clavo sobre el ataúd de su credibilidad ha sido la cobertura que ha hecho, como analista político, de las últimas elecciones en los Estados Unidos, no porque haya apostado casi con fiereza por la candidata derrotada, sino por la manera sesgada y deshonesta en que condujo sus opiniones, desvalorizando a quienes pensaban diferente y aupando aquellas ideas que poco o nada tienen que ver con el liberalismo verdadero. A estas alturas sólo nos queda entonar un réquiem por aquel intelectual que alguna vez nos dio esperanzas, casi como ningún otro, y que hoy sin embargo no es más que un hombre común de carne y hueso, con tantas falencias como virtudes.




Before you ask why someone hates you, ask yourself why you even care.


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