mercredi 13 juillet 2016

Rue Royale, Paris

Rue Royale, Paris by Louis Marie de Schryver, 1898.

Siempre supe hacerme compañía.
por Chinaski
Era la noche de un sábado del mes de junio. Yo estaba en mi habitación y había bebido mucho más de lo usual, encendiendo cigarrillo tras cigarrillo, pensando en chicas, en la ciudad y sus trabajos y en los años que tenía por delante. Al mirar el porvenir, me gustaba muy poco lo que veía. Yo no era un misántropo ni un misógino, pero prefería estar solo. Era agradable sentarse solo en un recinto pequeño y beber y fumar. Siempre supe hacerme compañía.
Entonces oí la radio de la habitación de al lado. El tipo la tenía puesta a todo volumen. Sonaba una mareante canción de amor.
—¡Oye, compadre! —aullé—, ¡apaga esa cosa!
No hubo respuesta.
Me acerqué a la pared y di varios golpes.
—¡HE DICHO QUE APAGUES ESE MALDITO APARATO!
El volumen permaneció inalterable.
Salí y me planté frente a su puerta. Yo estaba en calzoncillos. Alcé la pierna y di un patadón a la puerta. Se abrió de golpe. Había dos personas sobre el camastro, un cabrón viejo y gordo y una mujer flaca y vieja. Estaban follando. Una pequeña vela ardía en un rincón. El hombre estaba encima. Se detuvo y giró la cabeza para mirar. Ella miró desde su posición bajo él. La habitación estaba agradablemente decorada con cortinas y una pequeña alfombra.
—¡Oh! Perdonen...

Cerré la puerta y volví a mi habitación. Me sentí fatal. Los pobres tenían derecho a follar para abrirse camino entre sus pesadillas. Sexo y alcohol, quizás un poco de amor, era todo lo que tenían.
Me recosté y me serví un vaso de vino. Dejé abierta la puerta. La luz de la luna entró junto con los sonidos de la ciudad: juke boxes, automóviles, peleas, perros ladrando, radios... Estábamos todos metidos en lo mismo.

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