Decreto de junio, de su majestad la reina Margarita



Decreto de junio, de su majestad la reina Margarita

Desde hace dos días reflexiono. No hay que asustarse, poseo record en introspección, una de ellas me duró quince años y en ella trabajé hasta el absurdo poniendo capas, y decapando mi novela AMARAR. A cada Pc perdido, o viñadera el manuscrito se adentraba en otra, fenómeno a tener en cuenta por los novelistas en el futuro. Hay que poner punto final y pasar a otra cosa.

..”Ocurrió entonces la aparición del ángel. Fue en una taberna del puerto, estaba desesperado. Había matado en una riña, y buscaba papeles que le permitieran recomenzar. Le regalé los míos, hice don de certitudes, desvestido de toda identificación humana, arranqué mis huellas dactilares, las pegué en sus dedos; le autoricé a confundirse bajo mi nombre, a fecundar, robar, seguir camino, curado de cualquier cosa que pudiera autorizarme a ser un hombre.

El ángel se empeñaba en hacerme compañía, en aprender mis gestos y se amaneraba delante de los espejos, marcado por la ligereza de quien no ha pasado por las mismas. Yo huía, no tenía identidad a soportar.

…Cuando Matanzas se me hizo la destinación de regreso, abandoné al ángel. En el puerto vi que lloraba. Días después, en plena travesía, el capitán del barco me contó que el ángel se había arrojado en el metro de Madrid, perseguido por espantosas visiones. Mi ángel, con una cicatriz en el rostro, desintegrado en la estación del metro de Madrid, comprendió que me quería…ya no era un impostor, se había desnudado de mí. El ángel había adquirido sabiduría, hasta parecía inmenso en su luz de ángel muerto. Repleto de egolatría, yo esperaba que desplegara las alas. Más no tenía. Seco, pasmado en el ensueño de que se puede cambiar el destino, al adquirir la mole de mis conocimientos, estaba más desolado que un cántaro roto frente a la fuente de agua.

Al fraguar su forma de etéreo ser, supo que nada de lo que un hombre atesora a lo largo de su vida merece restituirse a la inmortalidad, y se fragmentó… Mientras, yo sigo igual, el mismo vagabundillo que huye…”



Reflexionar es una de las tareas más difíciles a que debe someterse quien decida escribir. Un poeta lo recordó y fue incisivo: tocó ejes astrales que me gobiernan y desgobiernan: el amor y la muerte, descarrilando emociones.

He tenido a bien esconderme, da mucho susto, y he comprendido, con humildad que es la única forma de entender, que será en lo adelante, uno de los ángeles que yo pensé que pintaba - muchos me han salido rebeldes y me fueron deshaciendo el pincel, la mano, el brazo, las entrañas-; otros, mas bien escasos pero de fuerte bondad, tienen una existencia tan luminosa que curan cuando hacen esfuerzos por componer las fibras , ocultas en los restos.

Espera, tú que me lees, en la estación o en el puerto, cuando llega EL , te deja esa impresión de que todo, por suerte, no está previsto y el riesgo, el mayor, es la vida. Gracias.

En este mes de junio, su Majestad la reina Margarita decreta “reflexión”, y nombra al Duque del Paradero de Camarones, príncipe de las carrileras de trenes del planeta, Caballero de Orden y memorias poéticas, por ser un terrible desbordador de emociones y por su sabiduría humana.

Agradecida pues del hilo a croché con que empató el fragmento y lo que palpita en mi corazón de reina.

Sírvase utilizar los cargos cuando se nombre;sin olvidar de hacer la reverencia a amigos de fino lustre que me honran con su querer.

Por el resto partiré a Irlanda, y a Escocia, regiones propicias a la reflexión que entamo en meses de veraneo y mucho cuchi cuchí planetario.

Su majestad la reina Margarita en junio del 2010.



Attempting the Impossible, 1928, óleo
RENE MAGRITTE
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